Ismael Cejas Armas*

 

En un reciente artículo ([1]), reflexionábamos sobre el poder blando ([2]) de China y su impacto real sobre nuestro agitado planeta de comienzos del siglo XXI. Sosteníamos, entonces, que la dinámica de la política exterior de la República Popular de China fijaba como objetivos principales para los próximos decenios, el acercamiento hacia América Latina y África. Objetivos que tenían varios trasfondos, a saber: la búsqueda de fuentes energéticas seguras, minerales preciosos para los sofisticados equipos de informática y telecomunicaciones actuales, materias primas para el funcionamiento del sector industrial básico, recursos alimentarios que apuntalaran la soberanía alimentaria china, mercados para la agresiva industria exportadora china y, tan importante como todo lo anterior, aliados en el reordenamiento del equilibrio de poder mundial.

Una rápida mirada a los acontecimientos internacionales de los últimos cinco años nos alerta sobre sinuosos movimientos de los Estados Unidos y sus aliados europeos en la búsqueda de una mayor definición de sus simpatizantes y proveedores. El fomento, cuando no manipulación, de la primavera árabe en el Norte de África y el Medio Oriente, la presión permanente sobre el programa nuclear iraní (con un ojo puesto sobre el Golfo Pérsico y su inmensa reserva petrolera) y las diferentes declaraciones oficiales que muestran la inconformidad de las potencias occidentales ante la agresiva diplomacia china, son reflejo de un sentimiento de alarma y desconfianza de esta parte del mundo hacía los propósitos chinos.

El presente trabajo se enfoca en la relación que aceleradamente se construye en este siglo XXI entre el África Subsahariana y China. Se observarán los elementos que han estructurado la misma, el impacto que sobre ambos actores tiene y de qué manera África, apoyada en China, prepara su entrada formal y definitiva en el concierto internacional de naciones, aspiración tan largamente añorada y tan repetitivamente demorada.

La construcción de una relación

El acercamiento chino al continente subsahariano africano ha ido de la mano del Foro de Cooperación China-África (FOCSA) en el año 2000. La Conferencia de Etiopía en el 2003 (segunda edición del foro); el lanzamiento del Libro Blanco en el 2006 (declaración de principios oficial china sobre sus relaciones con África) y el lanzamiento en la Reunión Ministerial del Foro, de ese mismo año, de un Plan Conjunto para la Nueva Sociedad y el Desarrollo de África, muestran la manera como se han ido construyendo unos vínculos que apuntan más allá de la simple relación económica.

Decíamos en algunos escritos anteriores, que existe una afinidad de interrelacionamiento entre ambas partes subestimado por el ordenamiento internacional vigente post segunda guerra mundial y post Muro de Berlín. En efecto, la Conferencia de Bandung (1955) en el período maoísta fue un claro designio de comunión de intereses que han crecido con el tiempo. El discurso antiimperialista de aquel momento, ha sido moderado por los cinco principios de coexistencia pacífica sobre los que descansa la doctrina de desarrollo pacífico o heping fazhang, pero su significado poco varía en el escenario de desconfianza hacia Occidente, profundamente arraigado en el África Subsahariana. Los siglos de dominación, indirecta (1400-1884) o directa (1885-1970), sumados a los vientos de Guerra Fría que se extendieron hasta 1989 y el período post muro de Berlín, no han significado cambios visibles de las relaciones entre África Subsahariana y Occidente. Desinterés, apatía o simple explotación de recursos marca sus permanentes contactos con los dueños del orden internacional. Acusaciones de subdesarrollo institucional, precariedad política, incivilidad societaria, subsumen a esta África, negra y empobrecida, en una especie de marginalización, cuando no de olvido, ante la irrupción de la humanidad en el siglo de las telecomunicaciones y la aldeanización global.

En ese trasfondo se construye una relación fundamentalmente distinta y, que a diferencia de lo expresado por algunos autores, tiene raíces históricas. La Conferencia de Bandung, en 1955, fue el resultado de Conferencias Sino-africanas previas, en el más puro internacionalismo proletario del maoísmo chino. Durante décadas, dichas relaciones se mantendrían supeditadas a las propias convulsiones del proceso chino.

Con el ascenso al poder de Deng Xiaoping a finales de los setenta, el milagro económico chino comenzó a gestarse y durante veinte años se sentaron bases del despegue industrial. Ya para el siglo XXI era obvio que el crecimiento hacia adentro había dejado de ser una solución y la economía asiática debía iniciar un acercamiento táctico a otras economías, capaces de proveerla de materias primas y eventuales mercados para sus productos.

La China del 2012 es el mayor exportador mundial de productos manufacturados, el segundo receptor de Inversiones y la segunda economía del planeta. Paralelamente es el sexto mayor inversor a nivel mundial ([3]). En este último renglón, es donde África Subsahariana ha comenzado a jugar un papel de relevancia como destino de los capitales chinos.

La inversión China en países fuera de la OECD se incrementó de 1.47 billones de dólares en el 2003 a 49.42 billones $ en el 2008([4]). A partir de los primeros esfuerzos de comienzo de siglo, se disparó el comercio entre ambos subcontinentes. En recientes palabras del expremier Hu Jintao, fue el Fondo de Cooperación lo que permitió estructurar una relación más sólida entre las partes:

En octubre del 2002 el FOCSA fue creado para responder a los nuevos tiempos. Esta iniciativa demostró el deseo compartido de los pueblos chino y africano por alcanzar la paz, la cooperación y el desarrollo en un mundo cambiante. En los doce años que han transcurrido desde su fundación los estados miembros del FOCSA, manteniendo la unidad y trabajando en conjunto, han hecho progresos importantes para fortalecer los mecanismos de cooperación. El tema de la actual Conferencia Ministerial es “construir sobre los logros alcanzados y abrir nuevas oportunidades para el nuevo tipo de Asociación Estratégica Sino- Africana. China y África deberían, teniendo presente las actuales y futuras necesidades, redoblar esfuerzos para trazar un rumbo para promover nuestra cooperación hacia un próximo estadio y crear sólidas bases para profundizar aún más en las relaciones sino-africanas en los años venideros([5]).

Para finales del 2006, las inversiones chinas en África alcanzaban los 11.700 millones de dólares en un amplio abanico de sectores que incluían: la industria, el comercio, el transporte y la agricultura ([6]). El comercio bilateral se elevó a 55.000 millones de dólares en 2006, cuatro veces más que en 2000, aun cuando ya Beijing afirmaba que pretendía aumentar el volumen comercial a 100.000 millones de dólares para 2020 ([7]).

Era evidente que los acuerdos bilaterales comenzaban a diversificar el intercambio económico y a pasar de una primera fase extractiva, a una segunda de reorientación de la actividad productiva. Especialmente en el área relacionada con la política alimentaria china, pronto fue evidente el giro que tomaron los cultivos tradicionales, ya que los agricultores africanos comenzaron a interesarse en aquellos rubros que satisfacían la gastronomía china (soja, leguminosas, etc). Las reservas de madera fueron también un mercado que se empezó a explorar a mediados de la década y pronto entró en una especie de boom ante la creciente demanda china.

Entre el 2004 y el 2007, asistimos a un vertiginoso aumento del intercambio económico, lo que permitió duplicar las cifras en apenas tres años. Un nuevo ciclo de la relación comenzó a avizorarse y pronto se haría necesaria una redefinición del acuerdo de cooperación.

INCREMENTO DEL COMERCIO 2000-2007

(MILES DE MILLONES DE DÓLARES US)

de Áfricaa China 2000  2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007
ONU 6.2 5.4 6.0 9.0 16.4 21.8 29.4 36.3
China Customs Statics 5.6 4.8 5.4 8.4 15.6 21.1 28.8

 

s/d
de China a África
ONU 6.4 7.1 7.7 10.9 14.5 19.0 26.8 37.1
China CustomsStatistics 5.0 6.0 7.0 10.2 13.8 18.7 26.7 s/d
ComercioTotal
ONU 12.8 12.5 13.7 19.9 30.9 40.8 56.0 73.4
China CustomsStatistics 10.6 10.8 12.4 18.6 29.3 39.8

 

55.5 s/d

Fuente: UNCOMTARDE www.comtrade.un.org en A. Huitrón Morales, 2009:14 ([8]).

Dicho proceso de intercambio no ha dejado de crecer. Para el período 2005-2010, el África Subsahariana recibió el 15% de todas las inversiones chinas en el extranjero y para el 2011, la relación comercial en ambos sentidos alcanzó los 166,3 billones de dólares (tres veces el monto del 2006), proyectando las inversiones acumuladas chinas en 50 países africanos sobre los 15 billones de dólares ([9]).

En el 2008, los valores del intercambio subieron hasta los 107.000 millones de dólares en valores absolutos, una cifra que queda lejos todavía del comercio de China con la Unión Europea (425.000 millones de dólares), y con Estados Unidos (334.000 millones) ([10]).

Variados mecanismos soportan esta política de intercambio y crecimiento económico, además del capítulo referido a la ayuda, hay cooperación internacional sobre la que descansa el FOCSA. Según reportes de Deborah Bräutigam, China se ha embarcado en la construcción de 15 zonas industriales exportadoras (ZEE) en ultramar. Con una inversión cercana a los 2 billones de dólares, un grupo de pequeñas y medianas empresas en un número aproximado a las 500 compañías participaran en este proyecto. De las ZEE anunciadas, seis estarán en África y no cuenta en las estadísticas como ayuda al extranjero porque el financiamiento lo reciben compañías chinas, lo que sugiere que la inversión directa y hasta “indirecta” crecerá mucho más allá de las declaraciones oficiales ([11]).

Otro mecanismo que deriva del anteriormente mencionado, es el de la utilización de líneas financieras directas para proyectos en África a través del sector bancario chino. El caso más conocido corresponde al Banco de Comercio Exterior de China o Exim Bank, el cual funge de intermediario único entre gobiernos africanos y Beijing. Creado en los años noventa, su misión es apoyar al sector empresarial chino en su expansión internacional, a través de un programa de créditos en moneda internacional. Actualmente tiene una cartera de 15.000 millones de dólares para proyectos chinos en África ([12]).

La construcción de una red ferroviaria y autopistas interconectoras estatales son la base de muchos proyectos e inversiones chinas en el área. La necesidad de acercar hacia el Océano Índico la producción africana, no solo permite mejorar la infraestructura de comunicación hacia los puertos, sino además abre posibilidades de intercambio bilateral dentro de África, antes insospechado o de difícil concreción.

Los temores internacionales ante el acercamiento chino

No deja de ser en extremo llamativa y curiosa la reacción internacional ante este despliegue económico de superpotencia realizado por China. Curiosa, por la aparente sorpresa que causa en los círculos de poder internacional, por la reacción latinoamericana a la misma y por la reacción endógena en el propio subcontinente africano.

Declaraciones tan altisonantes como las de la Canciller de Alemania, Angela Merckel, cuando posterior a la celebración de la Tercera Reunión Ministerial del 2006, declaraba que “los europeos no tenemos que dejar el destino de África en manos de China […] Debemos mantenernos firmes en África” ([13]). Dichas palabras fueron solo el preludio de muchas más en el mismo orden de ideas. Afirmaciones que luego serían ratificadas por Hilary Clinton en el 2011, en su rol de Secretaria de Estado de los Estados Unidos, cuando alertaba a los amigos africanos de los peligros de un nuevo colonialismo (el chino), en una visita a Zambia ([14]).

El Exembajador español en China, Eugenio Bregolat, advierte que aunque buena parte de las críticas en Europa y EE.UU. se vierten como consecuencia de la actual penetración de Beijing en el continente africano, acusando a China de colonialismo, poca atención al medio ambiente o a la lucha contra la corrupción, vago interés por la situación de los derechos humanos, etc., son razonables “[…] en el fondo lo que domina es una parte elevada de hipocresía y otra parte también elevada de envidia” ([15]).

Estas declaraciones de Bregolat reflejan el meollo del asunto chino en África. Occidente permanentemente ha disimulado sus ambiciones neoimperiales sobre el África, cubriéndolas como preocupaciones sobre temas como el de los derechos humanos ([16]), las prácticas democráticas y los beneficios del liberalismo económico, entre otros, para finalmente presentar en la mesa de acuerdos económicos y políticos una relación suma cero a través de los famosos paquetes económicos neoliberales.  Es decir, una relación donde gana Occidente y África no obtiene nada.

Una relación como la ofertada por China, donde bajo el escudo de la no injerencia, China obvia las preocupaciones occidentales (véase el caso de Sudán ([17])), tiende a ser una relación de suma uno en progreso hacia un estadio de suma suma. El desplazamiento de la influencia occidental en África Subsahariana tiende a ser obvia, para no referirnos a ella como necesaria.

No menos sorpresa causa las reacciones desde el lado latinoamericano, aunque vistas a la luz de lo anterior, toman significados más obvios. La mayoría de las posiciones de desconfianza hacia China provienen de intereses económicos creados y relacionados con los grupos de poder de Estados Unidos, aunque disfrazan sus preocupaciones con el argumento de que la relación con el gigante asiático debe ser puesta bajo observación estricta para ver si responde a una alianza estratégica, una interdependencia asimétrica o una simple re­lación centro-periferia ([18]).

El caso africano luce más complicado. Destacados analistas apuntan con bastante sentido que África se acerca a China, fundamentado en la no injerencia de la política exterior china (lo que despierta los temores occidentales de que la redemocratización del área sea obstaculizada). Muchos líderes africanos temen que el excesivo número de trabajadores chinos en el continente africano terminen desplazando la mano de obra local o provocando el surgimiento de sentimientos xenófobos debido a las profundas diferencias culturales. Lo que si resulta del todo cierta, es la afirmación que refiere a China para África como un amplio abanico de posibilidades, a saber:

  1. Promueve una política de inserción económica en países que no clasifican como seguros para las inversiones extranjeras (Sudán, Zimbabue, etc), según los estándares de las agencias internacionales.
  2. Adelanta una política de inserción económica en países que no son vistos como atractivos para las inversiones, caso Madagascar, Etiopía o Kenia, pero con potencialidad agrícola y geoestratégica a mediano plazo.
  3. Estimula una política de inserción cultural (a través de los Institutos de Confucio mayormente) a diferencia de los países occidentales que permanentemente han intentado, conscientemente o no, de transculturizar a los pueblos africanos.
  4. Sostiene una política de triple contacto que se traduce en soporte para la integración regional, ya que mantiene relaciones bilaterales con estados africanos, con organizaciones africanas y con empresas africanas simultáneamente.
  5. Apoya la integración física de las subregiones africanas a través del financiamiento de obras de infraestructura vial (p. e. la autopista de 2.000 km a través de nueve estados del África Occidental), ferroviaria y portuarias (Mauricio y Schielleles).
  6. Genera confianza al África Subsahariana como respaldo en el concierto de naciones, por utilizar un lenguaje Sur-Sur.
  7. Representa un modelo de éxito económico y político diferenciado del recetario neoliberal occidental que tanto trauma genera en el mundo africano y subdesarrollado en general.

Es justamente este último ítem el que genera más controversia dentro y fuera de África, con las obvias similitudes en el caso de los países latinoamericanos que han estrechado también sus vínculos con el gigante chino.

Siguiendo los planteamientos esbozados por Iraxis Bello ([19]), el África negra, empobrecida y albergadora de dos tercios de los países más desfavorecidos del planeta, se ha visto obligada (en el maremagnun de la imposición globalizadora) a aceptar el Nuevo Paternariado para el Desarrollo de África (NEPAD), el cual no supera la causa de su origen. Es decir, que aun cuando reconoce los errores de las políticas neoliberales anteriores, insiste en mantener los elementos básicos del ajuste macroeconómico como esqueleto de los programas de modernización. Sólo se diferencia en el llamado a seguir de cerca la evolución de los programas por parte de las potencias e instituciones occidentales mentoras. No en balde, China se presenta como alternativa de modelo de desarrollo para esta África marginalizada y arrinconada.

China se presenta como solución cuando es vista desde su propia condición: una nación con más de la mitad de su población en pobreza extrema para 1970, pasando a ser la segunda economía planetaria en el siglo XXI; un país que adopta políticas económicas neoliberales y las endogeniza para su propio beneficio y; un país que fue sometido al abuso colonial en su pasado reciente y hoy comanda y exige en el entorno internacional

 

La V Conferencia Ministerial del Foro de Cooperación China-África en Beijing (2012) y el compromiso chino de incorporar a África al concierto internacional

Del 19 al 20 de julio del 2012 se celebró esta V Conferencia en la capital china para redefinir las bases del Foro de Cooperación y sentar las metas para los próximos años. En su intervención, el saliente Primer Ministro Chino, Hu Jintao, realizó un breve recuento de las actividades del Foro para concluir en la necesidad de considerar el desarrollo del África como parte fundamental del ordenamiento fundamental. En sus palabras aseguraba que “la comunidad internacional debería mantener como máxima prioridad la paz y el desarrollo en África y aumentar su ayuda. Debería (la comunidad internacional) respetar los deseos de África, atender sus puntos de vista, hacer caso de sus preocupaciones y ayudarlos a alcanzar las metas de desarrollo del Milenio lo más pronto posible” ([20]).

Asimismo, aseguró que independientemente de la situación internacional, China mantendría su misma actitud de cooperación, amistad y no injerencia en asuntos internos con respecto a los pueblos africanos. En especial, fue enfático en señalar que China apoyaría a mantener la paz y la unidad en dicho continente, además de jugar un rol positivo y constructivo en los asuntos africanos ([21]).

Anunció que se lanzaría un Plan Especial de Tres Años a partir del 2013, donde China invertiría 20 billones de dólares en líneas de crédito para asistir a sus pares africanos en proyectos de infraestructura, agricultura, manufactura y promoción de la pequeña y mediana industria. Todo esto con la finalidad de evitar, en lo posible, el uso del modelo chino como ejemplo único de desarrollo. En varios pasajes de su discurso mencionó la necesidad de que África encuentre su propio camino de desarrollo, eso sí, contando con la cooperación irrestricta de China.

Mención especial fue el tiempo dedicado a la cooperación entre las partes con respecto al orden internacional. Hasta nueve ítems señalan la ruta de la nueva concertación. Destacando los referidos al esfuerzo conjunto por fortalecer el papel de la ONU, la democracia y el multilateralismo en las relaciones internacionales.

Ese multilateralismo funcionaría en dos vías no necesariamente explicitadas en el documento. Por un lado, proporcionaría una acción conjunta con mayor peso en las decisiones de la Asamblea y el Consejo de Seguridad (más o menos sobreentendido en el documento final de la V FOCSA). Por la otra, al aumentar la representación de los países africanos en los órganos de decisión, también aumentaría la ya importante influencia de China en las decisiones planetarias. En contraparte, China se compromete a usar su influencia para aumentar la representación africana en las instituciones rectoras de la política y la economía mundial, manteniendo la promesa de una relación suma suma entre ambas partes.

No deja de llamar la atención lo concerniente a la declaración conjunta sobre los derechos humanos. Una de las acusaciones formales contra la cooperación china es su poco interés en los principios democráticos occidentales, en especial los derechos humanos. China ha sido particularmente constante en separar los temas políticos de los económicos y por ello, blanco de la opinión pública internacional. Por eso, la declaración conjunta es particularmente interesante al reafirmar los principios universales sobre los derechos humanos, pero (un gran pero) respetando las condiciones nacionales propias y la prioridad que implica el desarrollo económico. Soberanía económica y política sobre derechos humanos parecieran leerse en el trasfondo de la declaración conjunta.

El ascenso de Xi Jinping, después del Congreso del PCCH en octubre de este año, no parece representar ningún cambio en esta política exterior china con respecto a África. La impronta familiar maoísta en todo caso asegura la continuidad del apoyo solidario y militante de la causa tercermundista y su reconocido pragmatismo económico asegurará el flujo de inversiones en el África Subsahariana.

La sociedad chino-africana en el concierto internacional: ¿Qué esperar de ella?

Las cosas parecieran estar bastantes claras en las intenciones de los protagonistas con respecto a sus contrapartes. Para África Subsahariana es fundamental contar con el apoyo de China para hacerse sentir en el entorno internacional. Cansada y humillada, al acudir permanentemente a las instituciones financieras en busca de recursos para su íngrima infraestructura y planes de desarrollo, o solicitar apoyo político para su maduración político institucional (frecuentemente evaluada según estándares eurocéntricos), ha encontrado en China, una aliado ideal. Un aliado que claramente define su ambición por recursos minerales, alimentarios o energéticos, pero no supedita el financiamiento a la permisividad traducida en injerencia en su quehacer político-económico doméstico.

Otro elemento importante para África en lo que concierne a esta relación está en el reconocimiento permanente que hace China a los organismos subregionales. Un seguimiento a las declaraciones del Foro de Cooperación muestra la disposición china a reconocer como interlocutor de la relación a organismos como el Parlamento Panafricano de la Unión Africana ([22]) y otros organismos económicos subregionales que agrupan estados. Al reforzar la importancia de esta organización, China promueva las decisiones en bloque, lo que a su vez se traduce en acciones conjuntas a nivel internacional y más presencia de África en la toma de decisiones.

China utiliza su presencia en el desarrollo africano fundamentalmente para exigir el reconocimiento de una sola China. Política cónsona con su posicionamiento internacional desde la diplomacia del ping pong ([23]) con Nixon. Y, por supuesto, los cinco países africanos que mantienen relación con Taiwán observan el despliegue de inversiones de Chian Popular en los estados vecinos con cierta sensación de pérdida.

Aquí es fundamental acotar algo que la mayoría de los analistas de la realidad china parecen obviar. Las secuelas de la crisis asiática de 1997, condicionaron grandemente la política exterior chinas desde entonces. Y es lo único que ayuda a explicar como China ha vadeado, sin mayores inconvenientes, la actual crisis mundial.

Dichos cambios se pueden resumir en una acción más decidida hacia la cooperación con el Sur, no solo considerándolos como fuente de materias primas, sino que en un eventual mejoramiento de sus perfiles macroeconómicos, pasarían en una segunda fase a convertirse en mercados de productos con mayor valor agregado y de consumo masivo. Es decir, China ha diversificado sus intercambios económicos para protegerse de la excesiva dependencia de los mercados desarrollados. Se siente cómoda, aupando bloques regionales aún semicomerciales en Asia, América Latina y África a intercambiar y crecer económicamente, a cambio de apoyo en los organismos internacionales que por su condición de recién llegado podrían dificultar su accionar.

África ha comenzado a utilizar esta condición de aliada especial de la China superpotencia para reinsertarse en el movimiento internacional. Su crecimiento en líneas generales muestra tasas positivas desde el 2002 y su capacidad energética y de producción de minerales raros invita a voltear la mirada hacía ellos (India ha iniciado desde el 2011 una política de inversiones en la zona alrededor de los 5 billones de dólares, en un plazo de cinco años).

Occidente, preso de su propia condición histórica, se encuentra sin respuestas ante el avance de la diplomacia china en el vecino continente. China ha comenzado a reclamar los espacios que por su condición de potencia (a diferencia de Japón en su debido momento) siente que le corresponden. Para ello, entra de la mano de nuevos socios, como África, que respaldan la legitimidad de sus aspiraciones. El gran reto para África será el de aprovechar la protección de este socio, evitar ser engullida por la tentación de la eternización de la economía extractiva primaria y sentar las bases para el día en que reclame su posicionamiento internacional por derecho propio. Los que desde este lado del mundo vemos al subcontinente negro como parte de nuestra herencia mestiza esperamos que sea una pronta realidad.


*Historiador. Doctor en Ciencias Políticas. Profesor Titular de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela. Director del Postgrado en Historia de Venezuela de dicha Universidad. Miembro fundador del Centro de Estudios de África y Asia “José Manuel Briceño Monzillo” y Editor Asociado de la Revista Humania del Sur. icejas@ula.ve

([1]) Ismael Cejas (2011). El poder blando de China en el 2011. Humania del Sur. Nº 11, Año 6, Julio-Diciembre 2011.

([2]) Concepto desarrollado por Joseph Nye para explicar que las potencias pueden alcanzar sus metas en el escenario internacional sin el uso del poder militar o la intimidación económica. Justo el camino seguido por China para alcanzar su estatus actual.

([3]) Deborah Bräutigam (2012). Using official development aid to support. East Asia Forum Quartely,Vol. 4, Nº 2.April-June 2012, pp. 26-28.

([4])) Shiro Armstrong (2012). Benchmarking performance: how large is large? East Asia Forum Quartely, Vol. 4, Nº 2.April-June 2012 pp. 22-24.

([5]) Hu Jintao (2012). Speech “Open a new prospects for a new type of China-Africa strategic partnership”, http://www.focac.org/eng/ltda/dwjbzjjhys/t953172.htm

([6]) Antoaneta Bezlova (2007). Modelo para África, Desarrollo-China, 17 de mayo de 2007. htpp:// www.ispnoticias.net.

([7]) Serge Michel y Michel Beuret (2009). África y el Far West Chino, El País, 26 de abril del 2009. htpp://www.el país.com

([8]) Analilia Huitron Morales (2011). Desarrollo en los países africanos a partir de la relación con China, ¿es posible? en China en África: Alternativa a 50 años de descolonización. Revista África-América Latina. Cuaderno Nº 48, Madrid: SODePAZ, 2011:14.

([9]) Hu Jintao, op cit.

([10]) Francesc Relea (2010). Los nuevos amos de África. El País 9 mayo 2010, htpp://www.el país.com

([11]) D. Bräutigam, op cit: 27.

([12]) B. Schiller (2005). The Chinese model of development, Open Democracyhttp://www.opendemocracy.-net/democracy-china/china_development_3136.jsp.

([13]) J. Odoy (2006). China Swaggers into Europe´s Backyard, Asia Times, París, 17 de noviembre de 2006:36. http://www.atimes.com/atimes/China_Business/HK17Cb03.html

([14]) Reuters, 2011/06/11.

([15]) E. Bregolat (2008). La Nueva China. El reposicionamiento geopolítico chino en el contexto internacional, en Martínez, G y Burke, C. África; la nueva frontera china. Casa Asia-Casa África. Barcelona, 2008:18-19,

http://www.casaasia.es/governansia/boletin6/pdf/africa_nueva_frontera_china.pdf

([16]) La fragilidad de las acusaciones occidentales sobre los inconvenientes de la ayuda China, por su poco respeto a las políticas de derechos humanos, se demuestra cuando observamos la cercanía de los vínculos entre el gobierno del Presidente Obama y Guinea Ecuatorial,http://www.bbc.co.uk/news/world-africa-13317174

([17]) Sin duda una de las relaciones más incómodas en el África es la que mantiene China y el régimen de Bashir en Sudán. No solo por el pobre historial del dictador, sino también por la posición china en la ONU para impedir sanciones en su contra. Además se habla que China mantiene contactos con las fuerzas rebeldes a dicho régimen, lo que para algunos analistas demuestra el descarnado pragmatismo de la diplomacia china.

([18]) www.redlat.com, 2010

([19]) Iraxis Bello (2009). La política china en África Subsahariana: Causas e impacto. Relaciones Internacionales. Nº 11, Junio 2009. Geri-UAM.

([20]) Hu Jintao, op cit.

([21]) Ídem.

([22]) Entre las medidas acordadas en esta Conferencia, China se compromete a fortalecer la relación con la Unión Africana, construir la sede de la misma y proveer en asistencia a la Unión por un monto de 600 millones de yuanes a partir del 2012 hasta el 2015, http://www.focac.org/eng/ltda/dwjbzjjhys/hywj/t954620.htm

([23]) La diplomacia del ping pong (llamada así por el acercamiento que produjo un intercambio en dicha disciplina deportiva) le permitió a Estados Unidos en los años setentas desintegrar el bloque socialista que unía a la URSS y China en el lado asiático. Para China, por su parte, significaba quitarse de encima la cada vez más oprobiosa compañía de los soviéticos, quienes interferían en cada una de las actividades de política exterior que emprendían, especialmente aquellas relacionadas con la reabsorción de Taiwán dentro de China Continental.