Jonathan Paredes Cruz

La Revolución Bolchevique o Revolución de Octubre de 1917, referente histórico de un
movimiento social del proletariado que tendría su culminación en el surgimiento de la
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1922, cumplió cien años; esta revuelta fue
el punto de partida del experimento socialista más importante del siglo XX, puesto que
entre la teorización de los postulados de Marx y lo sucedido hay una brecha importante,
el encono y la desconfianza dentro de los grupos que conformaron el partido, distorsionó
el ideal de la Revolución y su búsqueda de una sociedad igualitaria.

El fin de la dinastía Romanov y el zarismo, consecuencias inmediatas de esta revolución,
cambiaron radicalmente la historia de Rusia en el siglo XX, representó un ejemplo de una
oportunidad real en otros países para hacerse del poder por parte de las clases más
desfavorecidas y sin derechos de su tiempo; por otro lado, los grupos de poder
capitalista en todo el orbe, cayeron en cuenta de la fuerza y peso que tenía la clase
trabajadora y campesina, traduciéndose esto en beneficios como reducción de las
jornadas de trabajo, días de descanso y derechos para los trabajadores.

El día 7 de noviembre de este año, el actual Partido Comunista Ruso junto a su líder,
Guenadi Ziuganov y algunos simpatizantes de esta ideología, salieron a recordarlo; pero
contrario a lo que muchos podrían suponer fuera de Rusia, este centenario ha pasado
sin mayor resonancia en Moscú y quizá en todo el país; no hubo celebraciones oficiales,
ni existe un ánimo festivo en la población; al parecer, es algo que genera sentimientos
encontrados en la mayoría de rusos, quienes por lo regular comentan que es un tema
difícil de explicar, aceptando lo positivo que se suscitó durante ese periodo histórico, pero
rechazando la idea de un posible regreso del modelo soviético.

El gobierno ruso ha tenido una postura distante respecto al centenario revolucionario, los
cual es producto de la división de opinión en la población entre críticos opositores y
algunos que recuerdan con respeto este periodo histórico; por otra parte, la Revolución
de Octubre dificulta la versión triunfalista y orgullosa sobre la historia rusa que el
gobierno busca promover, en particular respecto al final que tuvo la Unión Soviética en
1991, lo que denota que un siglo no ha sido suficiente para ponerse de acuerdo con la
herencia de este acontecimiento.

Rusia en lo sucesivo, está encaminándose a definir el concepto de su propia identidad
respecto a su pasado soviético, para ello, tendrá que reconciliarse con éste, lo cual no
debería ser necesariamente conflictivo, es decir, dar vuelta a la página como lo han
hecho en buena medida, las demás ex repúblicas, ya que no tiene sentido y es hasta
negativo, seguirse lamentando por lo sucedido en 1991; de ese modo, asumiendo más
su papel como un Estado protagónico y necesario en el mundo actual y no un recuerdo
de lo que fue, le dará justo valor que representó esta revolución para los cambios del
siglo XX y para la formación de la Rusia del siglo XXI.