G. Ballesteros

 

En 2018, gane quien gane la Presidencia de la República, se debe ser conciente que para la cartera de Exteriores se tendrá que colocar una persona de larga carrera profecional, con la experiencia en la materia y que demuestre los conocimientos necesarios para la política exterior, dilapidada por más de 30 años.

La figura de Canciller ha sido olvidada por estos gobiernos, en otros países éste puesto es pieza clave en relación a la pretensiones de proyección internacional y la búsqueda de mejores condiciones de vida para sus habitantes, y es quizá por lo anterior, que los últimos sexenios han colocado en la Secretaría de Relaciones Exteriores personalidades con pocos o nulos conocimientos en la materia o sujetos que han vendido el país a los intereses extranjeros porque simplemente no les interesa la nación. Aquel que llegue a la silla presidencial debe de entender que hay una deuda histórica y que ya no se pueden colocar sólo personas de confianza, sino gente del gremio con estudios en la política internacional.

Lamentablemente en México se ha tomado a la ligera a los buenos cuadros formados en las Relaciones Internacionales, principalmente emanados de instituciones educativas públicas, quienes cuentan con las herramientas apropiadas y las habilidades de la diplomacia, los idiomas y los conocimientos de la geopolítica; la economía global y los conflictos internacionales; el derecho internacional entre muchas otras cualidades que no desarrollan otras disciplinas, esto conlleva a colocar personas no especializadas que quizá en su experiencia política abordaron algunos temas internacionales pero que no garantiza las capacidades y facultades idóneas y necesarias para la titánica tarea de las política exterior, más con un país al que le urge la diversificación de las relaciones y tratar a su vez con el vecino del norte.

Pero no sólo deberá ser la cartera de Relaciones Exteriores a la que se le respete su profesión sino todos sus componentes como el Servicio Exterior Mexicano; nuestro representante en Washington; la formación de cuadros en el Matías Romero y el trabajo consular en los que se necesita gente especializada. Las y los embajadores ya no podrán ser designados, si no es más, que por su alta capacidad y conocimiento de los lugares donde sean sus misiones y su completa lealtad al país y al proyecto de nación.

No obstante, puedo decir que lo anterior pasa a segundo plano, ya que en realidad la prioridad será el cabal desarrollo del proceso de la política exterior con una visión altamente estratégica que vaya en plena consonancia con los objetivos de la política exterior y el Interés Nacional, más la planeación y las estrategias que deberán ser creadas por los perfiles más capaces de las Relaciones Internacionales. Ya no se puede tolerar una política exterior que no sea estratégica, que no analice el ambiente internacional, sus variables, las capacidades y los grandes procesos geopolíticos.

Pondré un par ejemplos, ¿No es acaso, que Cuba ha podido sostener su gobierno, siempre bajo amenaza de los Estados Unidos, gracias a su política exterior y su diplomacia? En efecto, se sabe que hoy en día una de las mejores escuelas de diplomacia es la cubana, que su política exterior siempre ha respondido al Interés Nacional y esto ha hecho no doblegarse ante las peores intimidaciones. Cuba ha podido contra Goliat y en gran medida se debe a su proyección internacional que muchos otros países ya quisieran tener. Recordemos que el año pasado la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que solicitaba el levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba, el documento obtuvo el apoyo de 191 de los 193 Estados miembros. En los 25 años consecutivos en los que se ha hecho esa petición, la Asamblea presenció por primera vez la abstención de Estados Unidos e Israel. Esto es muestra clara de un uso estratégico de la política exterior. O pensemos en un caso histórico propio, uno de los momentos donde mejor se ha hecho valer los intereses mexicanos frente al vecino del norte fue el trabajo coordinado entre el experimentado diplomático Ignacio Mariscal y su mancuerna Matías Romero, el primero como canciller y el segundo como ministro en Washington a finales del Siglo XVIIII.

Actualmente hay cientos de mexicanos en otros países especializándose día con día esperando a ser incorporados y poner en práctica habilidades que son necesarias para desempeñar una política exterior que nos merecemos las y los mexicanos. En nuestro país hay muchos más cuadros preparados de lo que se imagina, tan solo las facultades que imparten Relaciones Internacionales en la UNAM han formado especialistas altamente calificados para plantear una Nueva Política Exterior que ayude a sacar al país de este episodio oscuro; que diversifique las relaciones siempre pensando a nivel geoestratégico; que construya una política bilateral con los Estados Unidos en un auténtico esquema de respeto y cooperación; que defienda efectivamente los Derechos Plenos de nuestros connacionales y que coloque el nombre de México a nivel global como una nación que busca y lucha por la un mejor mundo.

Al final se debe de entender que las relaciones exteriores de cada país son un pilar imprescindible, y que México no es una isla que se pueda retraer como si nada pasara afuera de la casa. Es momento de regenerar la política exterior.