Robinson Salazar P.*

 

Resumen

Los acontecimientos que registra el Siglo XXI revelan la destrucción de la política, el diálogo, la convivencia con el otro y el desvanecimiento de la idea de un mundo donde entre distintos y diferentes se pudiese construir la circunstancia de lo posible: un nuevo mundo.

La catástrofe provocada por iniciativa de los Estados Unidos en Irak y Libia; la masacre contra la población civil en la Franja de Gaza por la incursión criminal del ejercito israelí, el saldo de muertes que superan los 100 mil en México por la fatídica guerra contra las drogas, las fosas comunes que guardan miles de muertos en Colombia, el desenfreno criminal de la oposición venezolana y la persecución contra los migrantes de Centroamérica, sin olvidar los feminicidios con tendencia creciente en toda América latina, nos dan pauta para escribir sobre la crueldad, el odio, la venganza y el enseñoramiento de la nueva política: la muerte

Contexto

El cierre del Siglo XX fue una etapa de desencanto e incertidumbre, la diversidad ideológica estuvo replegada, la oferta fue homologada, los canales difusores unificaron criterios, la política tuvo distorsiones significativas y cedió su lugar a la espectacularidad mediática, la imagen tomo posesión del espacio que ocupaba el discurso y el principio de autoridad tuvo su preámbulo vertiginoso al precipicio de la decadencia.

Sobre algunos de estos tópicos se ha escrito suficiente, sin embargo quisiera puntualizar en el último punto, la crisis de autoridad como antesala para arribar a un estado de guerra permanente.

La autoridad en términos discursivos corre el riesgo de confundirse con autoritarismo, aun cuando esta última acepción explica que la noción de autoritarismo está asociada al ejercicio excesivo o injustificado de la autoridad y, en algunos casos, un uso irracional o ilegítimo de la fuerza para imponer la voluntad.

En cambio la autoridad es construida  como virtud individual privada, tiene el  fin  de cultivar  la adquisición desinteresada  de saberes, conocimiento, experiencias que avalan la autorrealización humana, donde el objetivo no es enteramente personal, sino que trasciende a la virtud ciudadana Maquiaveliana, donde  esta es relacionada  con la voluntad y la inteligencia, la acción y la destreza; es conocimiento y sagacidad, pero no presunción, y es arrojo y competencia, pero no temeridad. Posiblemente, por sí sola no basta para acometer grandes acciones, pero sin ella no somos nada ni capaces para servir a otros,  La virtud es necesaria para la consecución de la felicidad y para el interés general de la sociedad, donde es nido e incubadora de la autoridad.

Si tomamos el pasaje de Maquiavelo donde afirma … porque caminando los hombres casi siempre por vías ya batidas por otros, y procediendo en sus acciones por imitación (aunque a menudo no es posible seguir del todo los caminos de los demás, ni llegar a alcanzar la virtud de aquellos a quienes imitas), el hombre prudente debe intentar siempre seguir los caminos recorridos antes por los grandes hombres; e imitar a aquellos que han sobresalido de manera extraordinaria sobre los demás, para cuando aun cuando su virtud no alcance la de éstos, se impregne, al menos un poco, en ella; y debe hacer como los arqueros prudentes, que cuando el lugar que quieren alcanzar les parece demasiado alejado, conociendo además hasta dónde llega la potencia de su arco, ponen el punto de mira muy por encima del lugar de destino, no para alcanzar con su flecha tanta altura, sino para poder, con la ayuda de tan alta mira, llegar al lugar que se hayan propuesto[1].

Hay una importancia develada en el reconocimiento de la autoridad en el otro, las enseñanzas almacenadas, el donde enseñar-aprender y con base en esos conocimientos entregar a la sociedad lo mejor adquirido y hacer honor a todos aquellos que han entregado un atributo loable a la comunidad.

Ahora bien, esa autoridad que dota de sentido a las colectividades humanas, poseedora de conocimiento y destrezas suficientes para hacer el bien, administradora escrupulosa de lo público, alejada de las practicas de despojo y la simulación, pétrea ante la impunidad y enemiga de la corrupción, fue socavada minuciosamente por las estrategias instrumentadas desde los núcleos del poder con la creación de la  célebre Comisión Trilateral  en 1973, que centró sus embates en tres puntos neurálgicos: Destrucción de las comunidades y remplazarlas por el individualismo competitivo y consumidor; Extinción del Estado de Bienestar y remplazarlo por el Estado Policial y Demoler la idea de Estado-Nación   para   propagar la idea de Globalización cuyo fundamento principal fue  crear un mercado global capaz de  infringir las disposiciones jurídicas nacionales y disciplinar a todos los países y gobiernos bajo un reglamentarismo jurídico internacional oficiado por los organismos multilaterales que el capital financiero y la plutocracia controlan.

En este escenario lo que vislumbro de manera nítida es la modificación substancial del territorio, que si bien le fueron levantadas ciertas barreras restrictivas para su acceso, caso de la información, también fue blindado en otros aspectos que imposibilitan controlar procesos locales, limitan la influencia exógena en dinámicas particulares, obstruyen los desplazamientos de manera libre e incluso son manipulados de manera instrumental que abren el abanico de las espacialidades en diversas connotaciones y una de ellas es asignar y  quitar poder al territorio, asimismo modificarlo como ha sucedido con la geoingeniería ligada a los conflictos bélicos y el proyecto  Advanced Auroral Research Project-HAARP[2], en la guerra silenciosa.

La alteración del territorio modificó ciudades, mapas, imaginarios urbanos y sociales, la idea de casa habitación, barrios y condados, confiscó la esencia de todo valor asignado a lo público y le dio el sello de privado, de ahí que una vivienda, tomando el mejor ejemplo cotidiano, en sus inicios fue determinada por el valor de uso, sin embargo hoy todo está supeditado al valor de cambio, al valor futuro que puedes obtener si la vendes, la plusvalía de la inversión y la autonomía de escoger donde vivir, con quien compartir y la privacidad absoluta, negando todo principio  comunitario[3] y de espalda a lo público.

El acceso a lo privado está determinado por la capacidad de ingreso/pago del consumidor, la exclusividad lo resguarda de contingencias, asegura lo imprevisible, evita las irregularidades y le garantiza tranquilidad; lo público desdeñado está expuesto a riesgos, miedos, alteraciones del orden y ante todo a la intranquilidad para actuar y desplazarse.

Se construyó un mundo de los de “adentro” y los de “afuera”, todo lo que resida afuera de los contornos de la exclusividad es insignificante, peligroso, estigmatizado e incluso criminalizado, desatándose una guerra entre los consumidores de exclusividad y los impotentes desdeñados de “afuera”.

Indudablemente que al remarcar la diferencia limítrofe entre los de “adentro” y los de “afuera” la ciudad y los barrios adoptaron la característica de espacios de guerra y confrontación, negadores absolutos de diálogos, opiniones, foros y debates públicos, los nutrientes de lo público fueron trasladados paulatinamente a los medios de comunicación, a las reuniones camarales, foros televisivos de elección racional y cada día fue desnaturalizado del conjunto denominado pueblo, arribando así  a la etapa de comunidades mudas y guerra permanente.

Es tan significativo el despojo hecho al discurso político que la voz y voluntad  de los votantes no tiene peso alguno en las decisiones gubernamentales, ejemplos grotescos tenemos a “Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, la patronal mexicana, asegura que “97 lobbies empresariales se unificaron para presionar a los legisladores y que 59 de las 95 medidas del Pacto por México son iniciativas suyas-y afirma que el futuro de México está en que se aprueben las reformas previstas porque el gran reto es que las reformas no se queden cortas”[4]. Otro caso insólito para la cordura fue lo acontecido con los  Senadores norteamericanos que autorizaron ataque contra Siria recibieron 728.497 dólares de la industria militar para autorizar la guerra en ese país[5] y así sucesivamente podríamos mencionar múltiples casos de divorcio entre gobiernos y sociedad.

El ágora de los nuevos “líderes” está en la televisión, ahí concurren empresarios, artistas, congresistas y académicos rentistas que supeditados a los designios del gran capital y  legionarios de la congregación de los organismos internacionales increpan discursivamente a las protestas sociales, los movimientos populares reclamantes de derechos y a los jóvenes que exigen educación y empleo; con frases  y “argumentos” desideologizados  disparan para deslegitimar toda acción política,  colocar el sello del descrédito a la democracia plural, tolerante y popular, esconden la corrupción y lidian los conflictos con un manto de impunidad.

La autoridad con sapiencia y  saberes, con vocación de guiar y enseñar porque posee los conocimientos necesarios y la virtu pública para actuar y atender las demandas ciudadanas es opacada por la caterva de adláteres que  los oficiosos de la guerra han contratado para instaurar la represión, la guerra y el exterminio.

Siempre que observamos el desprecio a la política, las piezas de retóricas cargadas de emoción para desprestigiar lo público y el rechazo a todo ejercicio ideológico, se dan visos de un escenario de confrontación, donde la razón instrumental prevalece, las inversiones foráneas, las concesiones de recursos naturales estratégicos y privatizaciones sin límite son parte esencial de la ecuación algebraica y no hay cabida a una discusión de intereses distintos, tampoco de proyecto alterno o reafirmación de una idea de nación.

En caso de que las desavenencias arriben a espacios de confrontación los instrumentos de guerra afloran como rosedal en primavera, los hemos contemplado en la matanza de Aguas Blancas, México 1995, Curuguaty,Paraguay en 2012, en  San Pedro Ayampuc, Guatemala 2013, los desalojos de docentes en la ciudad de México, 2013, la atención que el gobierno colombiano dio al paro agrario en 2013, y las represalias contra pueblos Mapuches y estudiantes en Chile 2012-2013,  donde el arsenal esgrimido por las fuerzas públicas, en algunos casos con asistencia técnica de asesores extranjeros caso de Colombia y Chile, son pertrechos de guerra, uso de aviones Drones, infiltración, uso de químicos, torturas, desapariciones, hostigamiento político, persecuciones, disparos de arma de grueso calibre y número de muertos en cada evento confrontativo. Hay otros casos de guerra que no hemos dilucidado por el poco peso que tienen los escritos de  contenidos políticos en la opinión pública y el enjambre de palabras necias que insisten en el fin de las ideologías, cuyo fin es  detener las ideas y argumentaciones críticas, las reivindicaciones populares y la posibilidad de cambio con un modelo de sociedad distinto.

Nos quitaron la coordenada de enemigo natural al difundir la idea de el ” Fin de las ideologías”  a través del libro “El fin de la historia” de Francis Fukuyama, que avivó   el debate con “La gran ruptura” y más tarde cerró capitulo de debates con “La construcción del Estado”, cuya intencionalidad fue precisamente crear confusión ideológica, romper el dique entre izquierda y derecha y las aguas se unieran en un metabolismo  que metaforizaba el vector orientador de todo pensamiento político. Gran parte de esta dislocación fue canalizada por el mercado que vendió ilusiones  y otro segmento significativo fue arrollado ideológicamente por la derecha que lo posicionó en una plataforma con simulacros y señuelos para que construyeran social e  imaginariamente el nuevo enemigo: El Terrorista.

Guerra contra el terrorismo en nuestro patio

El uso del terrorismo como un enemigo impredecible, invisible, poderoso y súbito lo posicionan en el subconsciente colectivo como algo que desconocemos,  que jamás lo vamos a controlar de manera individual, que está siempre presente en nuestras vidas y en cada espacio que nos desplazamos, por la misma razón provoca un estado persecutorio inalterable , paranoia perenne,  en nuestras vidas, incapacidad para controlar los espacios  privados, indefensión absoluta y posible ataque vertiginoso que nos abruma y paraliza, por lo anterior es imprescindible   contar con  protección de un aliado, un guerrero o un soldado  que tenga la  fuerza suficiente o superior para eliminarlo, la autoridad y los recursos necesarios para exterminar al enemigo imaginario y obtener la tranquilidad aun a  costa de perder y  permitir la invasión en nuestra vida privada.

Dado que el miedo es fomento de la inseguridad, los dos combinados son factores de temor, riesgo y muerte, porque no contar con seguridad es negar la evolución o desempeño de todo proceso o vida humana. Entonces colocar el miedo y la inseguridad en la ruta de la guerra es justificar las acciones bélicas para brindar protección y bienestar, aunque es sorprendente la aceptación que muchas personas dan a esta ecuación, en verdad ninguna guerra proporciona seguridad, porque los saldos que arroja dejan pendientes revanchismos, odios, rencores y pérdidas de valores y vulneración de intereses.

La inseguridad es percibida como ausencia de protección, certidumbre precaria y ramillete de miedos, cuyo sendero a transitar está colmado de fragilidad  perdurable que paralizada en el tiempo sustrae todo pensamiento de su cofre gris y lo encapsula en una angustia de pánico agónico que consume la vida y lleva a arenas  movedizas los pasos que pretenda dar quien lapadece.

Las evidencias reveladas en quienes viven el cuadro de inseguridad son la inexistencia de un gobierno capaz de brindarle cordura, la inexistencia de herramientas para confrontar al enemigo, la imperiosa voluntad de aceptar  ayuda venga de donde proceda, aun cuando los saldos de la asistencia no tienen importancia a cambio de que le devuelvan la certeza de seguir vivo aun con las pérdidas de sus bienes materiales. Este signo de perder todo a cambio de la vida es la mejor descripción de una aval a la guerra, al exterminio o conflagración a escala más allá de lo local.

En la sociedad contemporánea, la ideología dominante ha irradiado  la imagen de terrorista en  todas las actividades, espacios de transito y segmentos sociales por sexo y edad, sin menospreciar a nadie, bajo la consigna de el enemigo está en casa y hay que derrotarlo; vivimos un estado de alerta permanente, guerra continua, la disyuntiva es vivir en la inseguridad u optar por el encierro aburrido y vestido de tedio porque afuera el olor a muerte es intenso, tanto que al salir de la burbuja del espacio privado quedamos sumergidos en otra de pavor y  sospechas.

La seguridad provista por los administradores del gobierno es insuficiente, cámaras de vídeo, custodios privados, operativos súbitos, patrullaje en carros blindados, policías y soldados en traje de fajina y cara pintada, enmascarados y hasta ejercicios para detectar explosivos, son dispositivos que funcionan de manera inversa, no proporcionan seguridad, sino que expulsan un hálito de malos presagios o síntoma de que ocurrió algo grave que afectará el estilo de vida que hasta ahora llevamos. No sabemos en estos casos si andar o desandar lo recorrido, correr o gritar, cual es la vía segura o soy víctima en ese momento.

Bien anota Bauman al afirmar que estamos en un espectro social urbano donde nuestras compañías son la mixofobia y la proteofobia, que nos hacen  zombis de las ciudades que perdieron el sentido de la vida y buscan el redentor que los salve de la hecatombe que está en varios países de América Latina, siendo uno de ellos México que lleva cerca de 200 mil muertos en la guerra contra el narcotráfico -1996-2013, donde la mayoría de las víctimas son de la sociedad civil. Honduras es otro país con alto índice de homicidios más de 25 mil desde 2006 a la fecha, El Salvador arrojó 2.600 víctimas en 2012 y Colombia revela un promedio de 7000 asesinatos por año en los últimos 5 lustros, sin contar los asesinatos en zonas rurales donde la guerra contra los insurgentes es cruenta.

Si las cifras no son significativas, comparémosla entonces  con las victimas en Irak, país que fue invadido en 2003 por las fuerzas norteamericanas y aliados, con un saldo de 100 mil muertos; en Libia, Estados Unidos y la OTAN irrumpieron en su  territorio  y  llevaron a cabo 30.000 misiones de las cuales 10.000 eran ataques ofensivos de aire, con más de 40.000 bombas y misiles, con un resultado de 120 mil muertos.

Si relacionamos lo que acontece en países con guerra convencional y los eventos en nuestros pueblos latinoamericanos, la diferencia en los resultados existe, en algunos los superamos y nos dicen que la guerra nos alcanzó.

¿Quiénes son Terroristas?

Ante el vacío de autoridad, todo aquel que ofrezca protección es sinónimo de custodio legitimado por contar con los recursos técnicos, humanos y pertrechos militares para asegurar el orden de manera perentoria o sembrar el silencio de la muerte en un momento determinado. Narcotraficantes, sicarios, militares, carteles de la droga, pandillas, secuestradores y red de delincuentes son invitados a ocupar la silla de la legitimación si ofertan y garantizan la seguridad a individuos, grupos o comunidades en su totalidad: indudablemente que toda seguridad otorgada tiene un valor de cambio que puede ser guardar la secritud del delincuente o contribuir con un estipendio para que le garanticen el amparo dentro de su demarcación.

Si el vacío de autoridad lo llena la garantía de las armas y la fuerza, es claro que no estamos describiendo un  escenario de paz, sino de guerra, cuya manifestación es la compra de la seguridad sin importar el actor que la asuma; son diversos los casos que descubren la ilegalidad  ejercida como ente protector en situaciones de incertidumbre e inseguridad, uno de ellos es lo acontecido en Medellín, Colombia con el jefe paramilitar y narcotraficante Don Mario quien asesinó a 3000 personas, brindó protección a gobernantes, empresarios, barrios y a su vez llevo a cabo limpieza social a gobiernos locales a través de su organización “Los Urabeños”, de igual manera tuvo su modus operandi en Envigado, cerca de la capital antioqueña bajo el amparo de los alcaldes que le guardaron secritud en sus desplazamientos.

En México existen bastas zonas donde los sicarios y bandas delictivas ofertan seguridad a cambio de una cifra determinada de dinero, en Tamaulipas, Nuevo león, Durango, Sinaloa, Chihuahua, Región Lagunera,  Michoacán, Guerrero y Estado de México se caracterizan por contar con grupos delictivos que son guardianes de la seguridad ciudadana.

Son muchos los cotos de influencia de la “nueva autoridad” ilícita vestida de licitud en una mundo caótico, cargado de incertidumbre, que transpira miedo por toda la densa capilaridad y cada día nota que su territorio se convierte en arena movediza que lo conduce al túnel de la muerte. No hay opción a corto plazo, los días y las horas transcurren pero el tiempo no tiene significado, de nada sirve pensar en mañana si la historia se repite y la celda de lo privado crece, entonces nos asomamos por la ventana y rumiamos unas palabras: La guerra nos alcanzó.

La maldad política y el vaciamiento del reservorio moral

El mal y la política forman una mezcla tóxica, comenta Alan Wolfe, y tal parece que tamaña toxicidad es de gran magnitud  que arriba a distintas esferas de la vida social y pública,  abruma y cancela toda la porosidad por donde pueda transitar la conciencia humana, hasta agotarla y dejarla a merced de la maldad política.

Entonces la maldad se viste de odio, violencia, discriminación, estigmatizaciones y deseos de exterminar a todo aquel que no piensa o acepta la verdad de los que portadores psicóticos y sociópatas que sufren de delirio de autoridad infinita.

Los dispositivos de la maldad están en los miedos, los odios exacerbados, el linchamiento, el encono y rencor contra sus semejantes,que están incubados en sectores sociales que fueron colonizados por la cultura del “nuevo orden” del consumo, el hedonismo, la belleza estética, el individualismo, la competitividad, la calidad y la moda, cuyo sendero para alcanzarlos es el dinero.

El fin de la maldad no siempre se manifiesta con la muerte, sino que tiene diferentes facetas para propagarse, en la segunda década del Siglo XXI afloran expresiones de despojo de derechos y propiedades en grupos y segmentos vulnerables, revanchismo étnico, desplazamientos humanos por conflictos de carácter  económico, desastres naturales, guerras e invasiones, cuna de larvas de la maldad y el odio. Entonces la maldad política envuelve en un solo objetivo el mal y al enemigo, cuya finalidad es exterminar el mal a través de la muerte.

Es interesante observar detenidamente la manera en que la maldad política desplaza paulatina y cautelosamente la amistad del sendero de las relaciones humanas y políticas, dado que en Aristóteles el sustrato  último de la relación política es la “amistad” al defender este vínculo de reciprocidad afectiva y valórica en momentos apremiantes de la vida, especialmente en épocas de riqueza, porque es inadmisible aprovechar y disfrutar de los bienes si no se pueden compartir con quienes se aman y/o siente que son cercanos a su círculo social, que a su vez son los vecinos más indicados para ayudarnos a mantenerlos y a administrarlos.

Ahora bien, amistad está asociada a estima, respeto, comunicación, reciprocidades, estimación, confianza, benevolencia y afecto, por tal razón es una virtud en los hombres buenos e iguales que quieren el bien el uno en otro en cuanto son buenos; el compartir y desear lo bueno en el otro es un acto altruista y lejano del egoísmo.

Indudablemente, la amistad como virtud se ha diluido en el mundo de la individualidad y la competitividad, se fue consumiendo en la carrera por ser mejor al otro y superar al semejante en todos los ámbitos hasta convertirse en un emblema “el ganador”. La sociedad del mejor, la moda y el consumo ahogó la amistad y cedió su lugar a la intensidad del conflicto donde todo antagonismo u oposición religiosa, moral, económica, étnica o de cualquier clase se transforma en oposición política en cuanto gana fuerza suficiente como para agrupar de un modo efectivo a los hombres en amigos y enemigos[6].

En la semántica schmittiana la distancia y cercanía entre lo político y la política revela la esencia de la enemistad, contrario a la defensa que hacía Aristóteles de la virtud relacional básica en la sociedad. Para Schmitt lo esencial de la enemistad es que su fin es la eliminación del enemigo por la vía de la marginación o la destrucción. También, indica un conjunto de prácticas administrativas y de control poblacional preventivo y punitivo referido a asuntos económicos, asistenciales, reglamentarios, culturales y sujetos a la variabilidad histórica en los que amistad y enemistad son elementos contingentes.

Por tal razón, el enemigo es cualquier competidor o adversario; es un conjunto de hombres que, siquiera eventualmente, se opone combativamente a otro conjunto de hombres. Entonces, sólo es enemigo el enemigo público y éste se constituye como tal en la lucha, entendida ésta en el sentido de posibilidad real de matar físicamente[7].

Si bien en Schmitt lo que encierra lo político no deviene de enconos personales o subjetivos, sino un  principios de intensificación de las acciones y un criterio para tomar ciertas decisiones, en el uso de la maldad política se retoma la idea schimittiana y la acoplan a las necesidades de las autoridades autoritarias y los deseos sin fin y voracidad capitalista.

No existe hoy un refugio para la amistad, la solidaridad y las reciprocidades, la oquedad es inmensa, los vientos secos asfixian cada voz de esperanza y la otrora que prestaba esas coberturas fue destruida por los alisios del neoliberalismo que  ha provocado en su paso un  absurdo crecimiento de la insolidaridad y la falta de ética. afirma Bauman que “El Estado democrático durante años se ajustó a su promesa y a su responsabilidad de proteger y dar bienestar a cualquier colectivo en contra de la desgracia individual. La gente tenía sentido de pertenencia y solidaridad. Hoy todo eso ha cambiado y, cuando llegan los problemas comunales y compartidos, el Estado dice: ‘Es asunto vuestro; resolvedlo vosotros’ .”De ahí que la confianza que se tenía en las instituciones esté decayendo. La gente sabe que del Estado no va a obtener nada y sabe que las instituciones democráticas y políticas no llevan a cabo sus promesas[8].

La maldad política vuela  y como sombra persigue a los sin derechos, contrario a lo que plantea Alan Wolfe, quien afirma de forma  categórica que la acción de la maldad tiene como objetivo a todo el mudo, no a los elegidos para sufrir un daño inmediato…actualmente ( va deslizando su discurso hacia una plataforma de recursos que son parte del arsenal argumentativo de los países injerencistas) poseen armas nucleares Estados que o bien son incapaces de contener las furias sectarias en su seno, o bien están comprometidos en guerras santas en el exterior[9].

La asociación de la maldad política con los actos de limpieza social, genocidios masivos, torturas, miedos difundidos y anclados en la sociedad, despojos de propiedades a segmentos vulnerables, apropiación de bienes y recursos públicos y administración utilitarista de la cosa pública es aceptable para construir una lógica discursiva, pero no es posible dejar de lado la ideología, los intereses, la intencionalidad y fin de cada acto barbárico, porque de hacerlo sin el sustrato de apropiación y ganancia sería inútil y poco aleccionador para la sociedad.

Toda acción de maldad política tiene atrás una intención estratégica que deviene de un interés económico o político, cuya validez es aplicar el terror, miedo o violencia para obtener un recurso que lo perpetué en el poder, de ahí que Maldad Política es el vehículo de la nueva política agresiva de un sistema depredador con la naturaleza y la humanidad.

En la administración de la  maldad política cabe destacar la disputa que se dio y aun sigue dándose por la apropiación y uso del concepto “terrorista”, cuyos inicios mostró casi siempre un vínculo entre la actividad ejecutora del terror con el Estado, de ahí el terrorismo de Estado, que tuvo auge en la construcción social del enemigo que hizo EE.UU después de la Segunda Guerra Mundial con el célebre “Eje del mal” contrarrestado por la alianza Euro-Norteamericana bajo el “Eje del Bien” para defender la “civilización occidental cristiana” del capitalismo de las malévolas intenciones del bloque socialista.

El ejercicio que realizó el “Eje del bien” fue bajo terrorismo de Estado que fue conocida como Doctrina de Seguridad Nacional, cuyo propósito fue el uso de la fuerza, la violencia, el terror, los miedos y el exterminio para el mantenimiento de la hegemonía nacional e internacional del capitalismo. La estrategia terrorista dentro del Estado fue militarizar sin imponer una dictadura, controlar con estrategias de baja intensidad, esto es, destruir entramados subjetivos, construir socialmente un enemigo de la patria, la nación y el bien común y demoler las redes de solidaridades de todo foco opositor y exterminar al peligro ya sea  humano o material.

Frente a este espectro de violencia, persecución y crímenes masivos, la maldad política tuvo su máxima expresión, las dictaduras en el cono sur y gobiernos de “reconciliación nacional” en el eje andino que  dejaron aproximadamente 30 mil desaparecidos en Argentina, Chile con el golpe militar de Pinochet arrojó una cifra de más de 30 mil desaparecidos y 20 mil exiliados, Uruguay fue menos exterminadora, 200 desaparecidos pero 15 mil prisioneros políticos, Colombia revela 6 millones de víctimas desde 1984 a 2014, sólo para mostrar un botón del terrorismo de Estado.

El dilema entonces era como atraer el concepto “Terrorismo” hacia un campo de manejo ideológico-militar, esto es, disputarle al enemigo el uso del concepto y colocarlo en una plataforma donde el “efecto boomerang” diera en el justo blanco y eliminara a los que habían utilizado el discurso de terrorismo de Estado.

El acertijo intelectual fue instalado en centros universitarios, círculos de intelectuales, artistas, cineastas y grupos de “think Tank” o tanque de pensamiento que fabrican ideas en  una institución en el ámbito de las ciencias sociales para ofrecerlas a gobiernos y ejecutores de política injerencista, de ahí salió el fin de las ideologías, el triunfo inevitable de la democracia liberal,  la clausura del socialismo real, el arribo del mundo global, la eliminación de las fronteras y la libertad del mercado sobre la libertad social, toda vez que la primera obedece a la voluntad de quien toma la decisión de actuar y consumir y la segunda del consenso y los acuerdos, lo cual es lento y difícil de concretar.

Indudablemente que a este nuevo escenario de “nueva realidad social” había que instalarle la maldad política como eje básico de dominación y control social, de ahí que imaginaron y consumaron el ataque a las Torres Gemelas como la opción rápida, eficaz, empírica y elocuente para endilgar a un sector opositor la autoría del acto y de esta manera maniobraban una apropiación del concepto terrorista y lo aplicaban a los opositores del “Nuevo Mundo Global”.

Terroristas, pasaron del campo de la derecha hacia la izquierda, modificaron su posición en la geometría política, fue situado en el rango más alto de la maldad,  le asignaron rostro, lugar,  rol, estatus y condena que finalizaba con la muerte. Colonizaron el pensamiento de la izquierda y le fueron sustrayendo el eje básico de su lucha, los conceptos de libertad social la mutaron por libertad individual, la solidaridad fue remplazada por competitividad, la ideología trasmutó en moda y esnobismo, el prestigio social que daba la inteligencia fue vestido por el dinero, el revolucionario fue disfrazado de terrorista, el socialismo lo sepultaron con posmodernidad y hedonismo, la equidad fue eliminada al igual que la pluralidad porque eran piezas que no guardaban armonía en el nuevo diseño de sociedad.

Pensamiento único, negación de la multipolaridad, intolerancia ante el opositor, ideología mediática y educación de calidad fue el vehículo demoledor para colonizar cada escaque de la cultura libertaria, tocaba el turno de colocar el rótulo de terrorista a Estados, gobiernos y grupos opositores y desencadenó la aplicación del concepto terrorista  desde la perspectiva del neoliberalismo y el mundo global.

Ya situado en el nuevo campo de la geometría política, el terrorismo cumplió una función vital de maldad política, la invasión a Afganistán (2001), Pakistán, Yemen, Somalia (2002),Irak, 2003, Libia 2011, al igual la etiquetación de terrorista a grupos armados de corte popular en Colombia y gobiernos del mismo perfil en Venezuela y Honduras.

Esta mutación de lugar del terrorismo y maldad política agitó las aguas de la reflexión, las nuevas definiciones afloraron, algunas con vocación injerencista que promulgaban el empleo extensional y arbitrario de la fuerza hacia países que por intereses imperialistas les urgía estigmatizarlos como terroristas, provocando guerras, actos de violencia, caos y venganzas desproporcionadas que salen del marco jurídico del derecho internacional.

La maldad política se cobijó en la moral deteriorada de los gobernantes adláteres del imperio, hubo un vaciamiento de la virtud de gobernar, el discurso político tomo fuerza  en los medios de comunicación con una esencia falsa y cargado de mentiras, la distancia entre las promesas de campaña y la administración de gobierno fue creciendo, los fraudes, corrupción tomó desproporcionadas dimensiones, la desfachatez y el cinismo es de uso cotidiano, la amoralidad pasea por los espacios de los edificios públicos, la indiferencia poco a poco ganó terreno en la conciencia de los hombres, la indolencia es el antifaz del rostro de la sociedad, los discapacitados, los adultos, los indígenas, el pobre, el desempleado, el buhonero, el obrero o empleado de bajo rango es un objeto, mucha veces percibido como  estorbo que debe ser removido sin su consentimiento y hasta pensar en exterminarlo porque no hay lugar para él en esta nueva sociedad.

No necesitamos las guerras convencionales y de confrontación entre ejércitos armados posicionados cada uno en su territorio. El escenario cambió, hoy vivimos la maldad política, el vaciamiento moral, que son formas concomitantes  de la guerra antigua, solamente que en la actualidad se mueve bajo otros medios tecnológicos, con retórica distinta, comportamientos que Bauman describe de manera atinada al  decir que… “Somos indiferentes a los pobres porque hemos ahogado el impulso natural a ayudar al otro, las normas éticas están en crisis total porque lo que prima ahora es la competencia”… Desde 1970 se ha liberalizado el trabajo, las ventajas de los convenios colectivos desaparecieron y también la solidaridad entre los trabajadores. Ahora solo hay competencia: el compañero es el enemigo en potencia ante el riesgo de un despido”…y ante la soledad que nos depara la fragmentación social, el  “Facebook es esa red donde puedes tener 100.000 amigos, cuando yo en 88 años no he tenido más de 500. Pero triunfa porque la gente se siente sola, abandonada, y porque no son proletariado, sino precariado. Y las redes dan la sensación de no estar tan solo, de formar parte de algo”[10]. (Bauman, 2013.B).

El efecto de los desajustes en la sociedad, estimulados por el mercado, los medios de comunicación y la colonización cultural, lo vemos reflejado en el descrédito de la democracia, el desinterés de los jóvenes en la participación política, la indiferencia, desprecio e indolencia como anteojos en los habitantes, el odio y la venganza como medio político de competencia, la violencia desbocada por las inaplicabilidad del  estado de derecho y el enraizamiento de la cultura del despojo y la arbitrariedad, el miedo al otro y a los espacios públicos de convivencia, el temor a perder su empleo, sufrir una enfermedad crónico degenerativa o a morir.

La maldad política carcomió el sistema óseo de la conciencia, debilitó su sistema nervioso y lo puso en estado de alerta, activó los dispositivos de los  miedos y cercenó la red de reciprocidades, abandonando a la sociedad del Siglo XXI en un rincón de los desechos y objetos intercambiables bajo la lógica de “Rational choice theory” o “Elección Racional” donde los seres humanos  o agente tiende a maximizar su utilidad – beneficio y tiende a reducir los costos o riesgos en un mundo de odio, violencia e incertidumbre.


*Investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa/México (UAS). Coordinador del programa de doctorado en Ciencias Políticas, bajo convenio CIDHEM/UAS 1999-2003. Articulista de revistas científicas entre las que destacan Espiral de la Universidad de Guadalajara, México, Reflexión política de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Colombia, y editor de las revistas electrónicas theorethikos, Societatis, Mar y Arena. También coordina la Red de Investigadores por la democracia http://www.ufg.edu.sv/red. Es coordinador de los libros Sujetos y alternativas contra hegemónicas en el espacio andino amazónico,Comportamiento de la sociedad civil latinoamericana, y Conflicto y violencia en la postmodernidad latinoamericana.

[1]Maquiavelo, Nicolás, 1985, El Príncipe,  Edit. Cádetra, España.

[2]TousBorrás,José,2013El proyecto HAARP: Máquinas para modificar y controlar el tiempo.enhttp://www.tiempo.com/ram/913/el-proyecto-haarp-mquinas-para-modificar-y-controlar-el-tiempo/, leído 16 de septiembre de 2013.

[3]HarveyDavid, 2013, David Harvey interview: The importance of postcapitalist imagination, en /http://www.redpepper.org.uk/david-harvey-interview-the-importance-of-postcapitalist-imagination/leído 12 de septiembre de 2013.

[4]El País, 2013, “México no puede permitirse ya reformas descafeinadas”. Luis Prados México 6 SEP 2013 leido.

http://economia.elpais.com/economia/2013/09/06/actualidad/1378437169_353201.html

[5]Librered, 2013, EEUU: Senadores que autorizaron ataque contra Siria recibieron 728.497 dólares de la industria militar, leído 16 de septiembrehttp://www.librered.net/?p=29326&utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+librered+%28LibreRed+Not%C3%ADcias%29

[6]Schmitt Carl, 1991, El concepto de lo político, Madrid, Alianza

[7]Vilas, Carlos, 2013, El contrapunto entre razón y pasión, Edit. Biblos/Politeia, Argentina

[8]BaumanZygmunt, 2013 B, El mundo líquido nos ahoga, leído el 26 de febrero de 2013, en, http://ssociologos.com/2014/02/18/conferencia-zygmunt-bauman-el-mundo-liquido-nos-ahoga/

[9]Wolfe Alan, 2013, La maldad política. Qué es y cómo combatirla. Edit. Gutenberg, España,

[10]BaumanZygmunt, 2013 B, El mundo líquido nos ahoga, leído el 26 de febrero de 2013, en, http://ssociologos.com/2014/02/18/conferencia-zygmunt-bauman-el-mundo-liquido-nos-ahoga/