Javier Sacristán de Alva

Hace dos meses comenzó el proceso electoral en Kenia, el cual llamó la atención de la sociedad internacional debido a la violencia ocasionada tras las elecciones de 2007, la cual causó una gran cantidad de desplazados y muertos en el país. El conflicto post electoral, que estuvo a punto de convertirse en guerra civil, se activó cuando el 30 de diciembre de 2007 la Comisión Electoral de Kenia (ECK, por sus siglas en inglés) declaró a Kibaki presidente del país. Posteriormente, las propiedades de los gikuyu, previamente marcadas, fueron atacadas por otros grupos étnicos; hubo enfrentamientos entre simpatizantes de distintos políticos; así como robos, saqueos y asesinatos generalizados. Para febrero de 2008, ya había más de mil muertos y 350 mil desplazados, los cuales, hasta la actualidad, representan un problema económico fuerte para Kenia.[1]

A lo largo del conflicto quedó claro que el Estado había perdido el monopolio del uso de la fuerza y que otros sectores estaban financiando a los criminales de las zonas urbanas, los cuales llegaron incluso a las zonas rurales para extorsionar a los campesinos. El conflicto terminó, oficialmente, el 28 de febrero de 2008, con el establecimiento de un gobierno interino.[2] A partir de este conflicto, las elecciones en Kenia siempre han sido sumamente tensas, debido a que se considera que la probabilidad de que estalle nuevamente la violencia  es alta.

Este año, los dos contrincantes principales que se enfrentaron en el proceso electoral fueron: Raila Odinga y Uhuru Kenyatta. Estos dos hombres se conocen debido a que han competido en elecciones pasadas. Uhuru Kenyatta, hijo del ya fallecido Jomo Kenyatta, ha sido presidente desde el año 2013. Raila Odinga, en cambio, es el hijo de Oginga Odinga, quien, con sus ideas socialistas, fue uno de los principales opositores de Jomo Kenyatta.

En Kenia, para que los candidatos eviten la segunda ronda deben de contar con más del 50 % de los votos y mínimo 25% de los votos en 25 de los 47 condados. En caso de no ser así se pasa a la segunda ronda 30 días después de haberse realizado la primera. La razón por la cual estas elecciones estaban inquietando a la sociedad internacional fue que durante este año, antes de las elecciones, hubo dos casos de violencia que aumentaron la tensión en el país durante el proceso electoral.

Uno de ellos fue el asesinato de William Ruto, quien tenía vínculos cercanos con el gobierno de Kenyatta, por un hombre armado con un machete que se enfrentó al cuerpo élite de la policía durante 18 horas. Ruto había sido declarado culpable por la CPI de organizar ataques durante los enfrentamientos de 2007 y había sido presidente suplente de Kenyatta en 2014.  El segundo fue el asesinato de Cristopher Msando, quien era el encargado de comunicación, información, y tecnología de la Comisión Independiente Electoral y de Límites (IEBC, por sus siglas en inglés). Sin embargo, parece que este último fue más bien un asesinato de estado.

El 8 de agosto de este año, Kenia tuvo elecciones bajo la inspección de la sociedad internacional. Los resultados de estos comicios declararon ganador a Uhuru Kenyatta con el 54% de los votos. No obstante, a pesar de que la sociedad internacional declaró las elecciones libres y limpias, Raila Odinga, el líder de la oposición, las desconoció y llevó su caso a la Suprema Corte.[3]

En una decisión que nadie esperaba, la Suprema Corte anuló las elecciones y dijo que se tenían que volver a llevar a cabo el 17 de octubre de este mismo año. Es importante mencionar que esta decisión ha demostrado que, finalmente, el poder judicial se ha comenzado a separar del ejecutivo, ya que los primeros dos presidentes de Kenia tenían control absoluto sobre este tipo de decisiones y algo así nunca hubiera podido ocurrir bajo su mandato.

Odinga declaró que él no se presentaría a las nuevas elecciones, debido a que no se garantizaba que hubiera cambios significativos. En respuesta, la Suprema Corte pospuso las elecciones hasta el 26 de octubre para que la IEBC tuviera tiempo de reformar el sistema de votos y evitar fraudes. El argumento de Odinga era que el sistema de voto electrónico había sido infiltrado por especialistas en sistemas y por eso la IEBC debía de hacer cambios.

Al final, Odinga se presentó a las elecciones del 26 de octubre y volvió a perder. Odinga presentó una nueva demanda que fue rechazada, ya que para la Suprema Corte, la IEBC pudo demostrar que las elecciones habían sido limpias. Sin embargo, la Suprema Corte no se preocupaba por el resultado de las elecciones sino porque la IEBC pudiera demostrar que el proceso electoral no fuera dudoso.

Actualmente, Odinga ha tomado diferentes medidas para demostrar su descontento con la elección de Uhuru Kenyatta como presidente. Entre estas medidas se encuentra el boicot a empresas nacionales que participaron, según él, en el fraude electoral.  No obstante, varios integrantes de la sociedad keniana han expresado su desacuerdo con el boicot de Odinga, entre ellos está Francis Atwoli, secretario general de la Organización Central de Sindicatos (COTU), quien afirmó que el boicot solamente dañará a los trabajadores.[4]

Por otro lado, Odinga ha propuesto un gobierno interino de seis meses donde ni Uhuru Kenyatta ni él tengan un cargo para poder llevar a cabo negociaciones y que las dos partes estén satisfechas con los resultados. Mientras tanto, las manifestaciones en las calles continúan y el gobierno sigue reprimiéndolas brutalmente, lo cual ha provocado que la tensión aumente.

Fuera de como resulte la negociación con Odinga, es importante resaltar que las instituciones en Kenia han comenzado el proceso de separación del poder ejecutivo. Lo anterior es indispensable para que las tensiones provocadas por los distintos enfrentamientos que han acontecido a lo largo de la historia del país comiencen a solucionarse y, de esta manera, se elimine cualquier  posibilidad de violencia electoral.

Sobre el proceso electoral, es necesario mencionar que los problemas no se encuentran en la participación de la sociedad; la cantidad de gente que sale a votar siempre ha sido enorme, a pesar de que a veces las elecciones no se desarrollen en paz. Sin embargo, cuando las instituciones deben de dar un resultado, es cuando han comenzado los verdaderos problemas.

[1]Gabrielle Lynch, “Durable Solution, Help or Hindrance? The Failings and Unintended Implications of Reliefand Recovery Efforts for Kenya’s Post-Election IDPs”, Review of African Political Economy, Vol. 36, No. 122, Against One-Dimensional Africa Diciembre, 2009, p.  605 en http://www.jstor.org/stable/27756314

[2] Pascaline Dupas y Jonathan Robinson, “Coping with Political Instability: Micro Evidence from Kenya’s 2007 Election Crisis”, The American Economic Review, Vol. 100, No. 2, PAPERS AND PROCEEDINGS OFTHE One Hundred Twenty Second Annual Meeting OF THE AMERICAN ECONOMICASSOCIATION. Mayo 2010, p. 120 en http://www.jstor.org/stable/27804975

[3] https://www.hrw.org/africa/kenya

[4] Linda Shiundu, “Do not be selfish, think about workers in your boycott- Atwoli tells Raila” en https://www.tuko.co.ke/257133-do-selfish-workers-boycott-atwoli-tells-raila.html#257133