Melissa Salazar Echeagaray*

 

Tácticas de sumisión

En la configuración del proceso neocolonizador desatado en América Latina a partir de las últimas décadas del siglo XX; las modificaciones parten del modelo neoliberal y sus consecuencias en el consumo, el poder del Mercado y la reducción del Estado acrecentaron la adhesión de la cultura, los sistemas informativos y sus contenidos como áreas de preponderancia en la creación de las estrategias a implementar, incluido el retorno de la guerra; pero no con los frentes tradicionales, sino ceñida en el combate de lo simbólico, de las ideas, el pensamiento, la palabra y la alta participación de los agentes comunicacionales que surgieron en el periodo de posguerra junto al uso de la fuerza armada y policial.

Similar a décadas anteriores, las coordenadas de la guerra en nuestros días residen en el despojo, la homogeneidad y la supremacía política, militar y económica; pero debido a los resultados de la integración global a través de la tecnología y la espacialidad virtual, la vigilia y denuncia internacional entre grupos de simpatía ideológica, los cambios en los marcos de los derechos humanos, y las muestras de la desigualdad e inhumanidad centrales en el sistema hegemónico capitalista; la diferencia a las etapas de conflicto anteriores, permanece en la construcción del argumento justificante encargado de preservar la reproducción de la creencia y para ello, es necesario el control en los recursos comunicacionales.

La concentración geográfica y financiera de los grandes conglomerados son unos de los pasos del reacomodo estratégico, pues implican control y dominio en los contenidos por medio de un filtro instalado en relación con los intereses de las autoridades en gerencia, finanzas y política, propias y/o externas. Así, las cadenas trasnacionales de medios construyen la intencionalidad y el pregone informativo, con propia concepción de interés público; al seleccionar y visibilizar datos mientras omiten otros, si son de dominio comercial, de carácter ajeno y/o perjudicial a las tendencias del consumo y el empoderamiento del Mercado, es decir, otorgan un tratamiento parcial, en toda transmisión simultánea o diferida.

En el sentido geográfico, al estar enfocados a la cobertura máxima de usuarios, rasgo esencial de las ciudades; los conglomerados mediáticos aprovechan la migración sin importar el interés de los sectores por la subsistencia económica, educativa, entre otras. La intencionalidad básica del Mercado pasa a dedicarse a adentrar en los patrones del consumo perpetuo, efímero y agotador; principalmente por medio de tecnología, donde presiden los sistemas de información y sus espacios virtuales; caso tal de la radio, televisión e internet y el sustento de la certeza y dirección a una vida satisfactoria en la ciudad.

El financiero, enlaza con estos aspectos, al explotar la perspectiva del consumidor y la pertenencia de los espacios que adhieren o crean los emporios cuya inversión abarca desde la tecnología informativa –producción de insumos y contenidos para medios– hasta el área alimentaria, medicina, farmacéutica, transporte, energía, y armamento. Y fortalece con su capital la capacidad de influencia en el interior de los países, en la agenda política como la económica, a favor o en contra de algún proceso según cada escenario.

De esta manera, el reflejo ideológico y la parcialidad selecta dentro de los procesos comunicacionales en la información, sostiene la continuidad del modelo neocolonizador, al establecer las bases de ataque conforme a la dimensión simbólica de lucha a fin de aprovechar la necesidad humana de conocimiento, diversión, entretener y saber en contra de la incertidumbre, y produce el desgarre las raíces de la reflexión, la crítica y cualquier otra línea que conlleve a la insurrección hacia el modelo del capital, el pensamiento autónomo latinoamericano[1] con nexos estrechos en la historia, deshabilitar el interés y la capacidad de los individuos por la historicidad; y somete en cambio al pensamiento único[2], válido por las autoridades del mercado occidental.

La acción de informar entendida bajo estos términos, enfrenta su principal problema encaminado al manejo de contenidos y la concepción de entretenimiento, de la puesta en común de datos en ocasiones gustosos y reconfortantes; más si involucra violencia, crimen, o muerte, explota el miedo y recurre al formato dramático de impacto espectacular, distractor y eje conductor del sentido. Menester sencillo de obtener con auxilio persuasivo de la imagen y sonido, propósito simpático para según sea el caso debatir o fortalecer la firmeza en instituciones conductoras de la sociedad, situación actual del Estado con relación al tema de seguridad.

Las herramientas comunicacionales, discurso, capacidad transmisora y alcance del acceso; del aparato transmisor multimedial en segmento financiero, sitúan a la sociedad en medio de un campo de batalla simbólico y crean la mística visión imparcial del contenido y argumentos, imponen la extravagancia actoral, el aumento extremo en representar los hechos y configuran una realidad perpleja de saberes segmentarios y hábilmente manipulados.

Cualquier detalle motivo de conflicto es imprescindible, en particular a favorecer la oferta escénica elaborada en hechos y opiniones. Conforma así el fundamento lúdico relacionado a los espectadores, afianzado en la acostumbrada defensa de la llamada libertad de expresión y el ejercicio, en apariencia, objetivo de brindar información predominante actual.

De ubicar en un modelo estructural, en los medios comerciales, la práctica periodística base de la producción informativa, los productos de las guías de estilo en la mayoría de casos mantienen alta similitud y características con los métodos empresariales de control de calidad, productividad e inmediatez, es decir, convalidan un esquema común del tratamiento noticioso revestido de los intereses de poder en política, economía y cultura entre los actores en rivalidad.

Aunque la audiencia adopta su lugar de oyente, tampoco indica la total subestimación y condicionamiento pavloviano de estímulo-respuesta propuesto en los obsoletos paradigmas de los efectos de los medios inmediatos en los espectadores. Comprobado en la profundización en materia de psicología social, neurología y el control individual en línea a los recursos farmacobiológicos[3]. La capacidad reflexiva persiste en minorías individuales y/o grupales defensoras de pluralidad en la opinión pública, de no hacerlo no funcionaría con semejante agresión la codicia mediática por imponer la uniformidad de contenidos.

El contexto dibujado en este sentido, indica una lucha adecuada a la complejidad que compone la región; donde los elementos partícipes yacen en la lógica de utilizar la naturaleza diversa a favor de la hegemonía y la búsqueda de escapes a la realidad. Aprovechar las nociones de diversidad que dirigen al conflicto; sean los rasgos, intereses y participaciones en la política de los sujetos, y reinventar la guerra neocolonizadora en Guerra de Baja Intensidad (GBI), senderos a la intervención bélica a través de mecanismos sublimes, indirectos al objetivo. Tácticas de sumisión inmersas en el ataque subjetivo, instituidas en las normas de la cotidianeidad, donde dados los sucesos a partir del inicio del siglo XXI, la securitización funge de eje.

En la naturaleza del capital y los marcos del consumo, la satisfacción de necesidades humanas es vital. En caso de no ser requerida, busca llegar a instalar en el pensamiento y someter a los individuos a cumplir sus deseos en relación con los productos de oferta. Sin embargo, ante el escenario vigente de invasiones, exterminio y catástrofe debido al cambio climático, la necesidad básica de la seguridad ha pasado a ocupar el eje mental, discursivo, político, económico y cultural no por ser un hecho casual, sino por la tendencia del mercado a consolidar la cosificación de la sociedad y apelar a la percepción subjetiva principalmente al miedo.

De esta manera, cuando aludimos a la secutirización, el término parte del lenguaje económico incluye aplicaciones de la defensa, seguridad e incertidumbre de un objeto o bien que tiene un valor asignado dentro de la sociedad[4] que varía desde las propiedades materiales hasta lo recursos intangibles y subjetivos; incluso considera, dentro de los aspectos socioculturales, a la vida misma como objeto de protección tal caso de los seguros de vida, médico y gastos en salud, entre otros; pero en los intereses mercantiles del sistema ejecutados por el modelo neoliberal, pasa a convertirse en una base de la estrategia; pues el giro a nivel político de reducir las funciones del Estado a posteriori de la ola de privatizaciones, también afecto su posición de garante de la seguridad de estos bienes y servicios.

Por una parte, la siembra de duda e incertidumbre en la institución y figura principal de las garantías sociales en materia de cobertura de necesidades; entre ellas la de seguridad, conlleva a afectar a las prácticas de los colectivos, y por otra, empodera la presencia de las organizaciones privadas encargadas de prestar servicios seguritarios –vigilantes, policías privadas, seguros de bienes–; y todas las involucradas en una gama industrial propagada por el consumo que junta las necesidades cosificadas restantes –salud, cuidado de la apariencia física, higiene, alimentación, relaciones de amistad, pareja, tecnología e informática, servicios de agua, electricidad, gas, entre otras–, lo cual resignifica el concepto de seguridad y por ende, las prácticas en la vida cotidiana, una táctica esencial de la desimbolización[5] en manos de la nueva derecha o derecha empresarial.

La manera de mezclar; en los últimos años, la intervención de la seguridad en dimensiones mentales, simbólicas y discursivas; junto a las materiales y el recurso de la guerra, estableció la función utilitaria de la seguridad en el sustento de la hegemonía capitalista y la gama de productos en el mercado; imprescindible en la batalla mental de la GBI, por lo cual, al referirnos a la secutirización, implica la construcción de una estrategia con bases en la dualidad de la intervención material y mental. Misma que podemos observar en las Doctrinas de Seguridad Nacional (DSN), planes de cooperación bilateral y los sucesos de la región: la salida y policialización de las fuerzas armadas, como sucede en forma más explícita en Colombia y México; también presente en otros países mediante la ampliación de efectivos en las fuerzas policiales, cambios en marcos legales que habilitan el allanamiento ante sospechas de acciones delictivas, ejercicios de limpieza social, entre otros; pero siempre con la asesoría y/o entrenamiento de los integrantes por parte de organismos internacionales de seguridad, FBI, CIA, Interpol, entre otros.

Destaca de igual manera, la construcción de enemigos, mediante el manejo simbólico e identificados por la oposición de sus concepciones ideológicas, lo cual aunado a los componentes de las DSN; descubre el manejo en la percepción del conflicto hacia la sensación de asedio, miedo, pánico y desconfianza no solo entre los grupos enfrentados; pues al recurrir a procesos comunicacionales, sus agentes y los sistemas de la información, logra compartir el estadio con otros sectores sociales, incluso en el imaginario global y fortalecer la necesidad de mantenerse seguro solo al consumir los productos garantes por el mercado.

Para el caso latinoamericano, la GBI escuda la estrategia de la secutirización precursorada por los Estados Unidos de Norteamérica a partir de la caída de las torres en el World Trade Center en el 2001, el combate contra el terrorismo, crimen organizado y el populismo radical. La parte material de las tácticas presidieron en el aumento de presencia militar en las fronteras con México, el remplazó de las bases militares tradicionales fijas y altamente costosas, por la diseminación de móviles u obtenidas en acuerdos, en lo ancho y largo del continente americano, albergues a la Estrategia del Comando Sur (SOUTHCOM); enclaves de nuevo tipo serviles para la lucha de contrainsurgencia y contención de demandas ciudadanas[6].

El conjunto de guirnaldas militares de la última década ha conformado el modelo denominado Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), avalado por el sector profundamente conservador a cargo del Pentágono y la Central de Inteligencia[7]; camuflado en el perfil de la cruzada simbólica noticiosa de los medios locales, y elemento riguroso en las casas editoriales de vínculo transnacional.

Las metas de hegemonía informativa producto de la ASPAN y las DSN actúan de otra manera más oculta, sutil y subversiva en los media de nuestras naciones, a tono con las tácticas de la Guerra de Baja Intensidad. En ningún momento aparece la coincidencia al tratar la temática de inseguridad y violencia, la presencia de la policía y la fuerza sostiene solo dos propuestas: a favor y en contra, crítica o alabanza, denuncia de las carencias y las faltas del gobierno en turno para degradar la figura de salvaguarda del Estado, o a favor si el gobierno obedece las normas del sistema capitalista.

Las palabras, imágenes y sonidos, la entera elaboración recupera y reordena los elementos de la farsa, el drama teatral y la ficción, calibrados por la línea editorial en cada medio, en un lenguaje atractivo y disimulado de los intereses relativos a la opinión pública; los indicios de uso de la articulación mediática hacia el sentido emocional en el imaginario colectivo.

manipulacion

El imaginario del miedo

El miedo es una estrategia que construye escenarios de riesgo posible, insertados en la subjetividad de los colectivos humanos. El objetivo es alterar los estados de ánimo en las personas y conducir a desordenar las coordenadas de estabilidad a la vida cotidiana; pues la ansiedad, el temor y la sensación de peligro desembocan a estados depresivos y de angustia. Posicionado en el colectivo como ambiente y escenario futuro; inmoviliza la acción colectiva, priva al individuo de su necesidad de asociarse, de buscar en el otro convalidar la información percibida, porque el riesgo avizorado construye el temor, la incertidumbre y la desconfianza, de tal manera que aíslan a los hombres e invisibilizan el factor originario del miedo.

Es un miedo paralizante, conspiratorio, manipulante y fragmentador dentro de la sociedad. Estas características emergentes de lo social sometido al miedo mediático provocan dentro de los núcleos humanos una acción restrictiva de lazo social, enmudecimiento colectivo o autismo social, dado que el ver al otro como potencial agresor no lo habilita como depositario de confianza mediante la relación intersubjetiva, se abstiene de opinar y permite a los medios armar y divulgar la opinión callada por el resto[8]

Al analizar el material audiovisual de las señales privadas y comerciales, en Argentina y otros países del territorio latinoamericano como México, Colombia y Perú, denota el aumento del material violento y la composición del discurso mediático del miedo en sincronía con las políticas antiterroristas iniciadas en los Estados Unidos de Norteamérica a partir del 2001. Fecha emblemática impuesta con sus variantes en la mayor cantidad de titulares posible en los boletines informativos y telediarios, y más repetición para los casos de las señales con cobertura diaria completa.

Podemos elaborar un mapa del terror con la información alarmista mundial de la última década, con base en nombres de países y rostros humanos del rol calificado de enemigo del imperio norteamericano; desde el oriente y la representación del musulmán conspirador e incivilizado hasta el antagonismo en nuestra área latinoamericana; consubstancialmente en los peligros de la conducción popular presidencial, la figura de las masas de pobreza con demanda por la igualdad de condiciones, redistribución de la riqueza, defensa contra la explotación de recursos estratégicos y validez al resto de sus derechos ciudadanos fuera de cualquier tipo de norma discriminatoria, desciudadanización característica de fragmentar la percepción de individuos cuyo accionar pasa a considerarse en cauces anti-institucionales.

La intencionalidad prevaleciente tras del mapa informativo, es el miedo que explota el límite de la capacidad humana por la total certeza, activa los dispositivos de autodefensa, desconfigura los rostros con temor perpetuo, y lleva a un estado caótico capaz de impedir la comprensión y explicar acontecimientos a nuestro alrededor. La misma narrativa invade respecto a los destrozos con origen por las fuerzas incontrolables de la naturaleza. Aun con la tecnología y ciencia, los eventos de carácter climático o catástrofes con repercusiones en la salud, plagas y pandemias de enfermedades son notas perfectas para sembrar masivamente el miedo y colocar a la sociedad en situación vulnerable, en posición de dominio absoluto y desarrollo del capitalismo del desastre[9].

El ejemplo mexicano con los hechos del virus de Influenza, el abandono de las fuerzas militares de los cuarteles, y la guerra contra el narcotráfico edifican parte del uso mediático del miedo. Es conocida la inestabilidad gubernamental circunscripta en brotes de rechazo y movimientos sociales a causa del escrutinio en el último período (2006) de elección presidencial. La duda fija en los resultados, la validez del sistema electoral y la legitimidad cuestionada del ciudadano a cargo del ejecutivo, prevalecen en el ambiente político y muchas veces están presente en las calles.

Justo ahí es donde entra el rol de la ASPAN y la estrategia de secutirización, con la Iniciativa Mérida, política de cooperación binacional investida del patrocinio económico en adiestramiento y ampliación de la cantidad, calidad y poder destructivo de las armas para el sistema policial y el ejército. La propuesta añade fiscalización a todos los niveles de gobierno, aplicable en especial a los departamentos de justicia legal del país latinoamericano justificada en el combate a elevados índices de corrupción en funcionarios. No obstante, esconde la intencionalidad de contener los brotes de indisciplina social, movimientos sociales antisistémicos, detener las nuevas demandas de ciudadanías emergentes, desanudar las redes gremialistas con el objeto de fragmentar a la sociedad, y concretar las redes de tráfico de armas y estupefacientes.

Ante la cercanía a la celebración internacional del trabajo, el anuncio del brote de una nueva cepa de Influenza hizo en sentido traductor del lenguaje mediático, el caso México o México convertido en caso. La alarma en la capital de la nación recorrió las pantallas a nivel mundial seguida de cantidades inciertas y de poca solidez en la confirmación de infectados, así como de medidas de extrema prevención con la rapidez, agradecida por los multimedios, a la globalización y el llamado del ejecutivo nacional a suspender toda actividad colectiva y permanecer en el encierro de los hogares, situación propia al pánico de esperarse en un área habitada por alrededor de 23 millones de individuos.

La decisión gubernamental de frenar actividades realizadas en grupo en respuesta a la epidemia viral, enlaza la visión del nuevo tipo de contención social, con pleno apoyo de todas las señales en la industria media. Previsibilidad transfiere su significado al de confinamiento y el nuevo término de «sociedad de control»[10]. Cualquier ciudadano entra en riesgo de contagio y por ende, de convertirse en un peligro al resto, adquiere el rango de agente contaminante que guarda las características de delincuente y terrorista de la salud urbana. Prudente es permanecer en casa, desconfiar de todos los elementos del afuera, confinarse en el espacio privado, atender las recomendaciones televisivas, someterse a la tortura y vejaciones de un lenguaje terrorífico que simula un Estado de Sitio en época de dictadura militar.

Escuelas en los diversos niveles educativos, oficinas gubernamentales, restaurantes y transporte público, ejes del movimiento diario en todo el país, en obediencia a las precauciones clausuraron sus jornadas de trabajo. El mismo escenario pasó a repetirse en otros países aunado al consumo inmediato de productos de higiene y protección como barbijos, alcohol en gel, desinfección de las áreas comunes y de alta concurrencia, y clausura inmediata de reuniones colectivas. Las imágenes de las metrópolis asoladas por la amenaza biológica en el ambiente y en Estado de Sitio con la aprobación estatal a la fuerza de reprender los aglomerados –en el caso mexicano- comprueban la escalada de control y terror impreso en el alcance espacial de los medios alargadores de la estrategia.

La táctica, por otra parte, funcional a la protección del sistema capitalista atrajo en el mandato discursivo noticioso el traslado del estallido de la profunda crisis financiera internacional, aun inmersa en la economía global, el aumento del desempleo y los índices de pobreza y marginalidad, del cierre temporal en las fábricas de producción automovilística, los crímenes en impunidad, iniciativas legales aprobadas por la legislatura nacional y de la falta de legitimidad en el caso de los gobiernos en vilo como México; hacia el miedo colectivo de una pandemia espectacularizada que en su momento no tenía una cantidad exorbitante de contagios en la población mundial, y que en algunos casos demostró no ser fatal a menos de una complicación con otro virus.

Ante acontecimientos de índole dramática que afectan lo común, en este caso la salud global, la táctica del miedo biológico impuso normativas y estado de paranoia general; incluso adyacente a la discriminación. Antes de finalizar la fama de la pandemia de un virus emergente la guerra recupero espacios de controversia por las miles de muertes con sospecha de ligue a la delincuencia y narcotráfico que hoy ascienden a una cifra superior a los 34.000.

El panorama global noticioso y audiovisual prosigue el mismo esquema adjudicado a las situaciones propias en cada región, aun con las fuertes discordancias en las cifras oficiales de víctimas y afectados, un detalle particular de los presuntos vínculos en transmisión inmediata y certera que pregonan los sistemas informativos y resulta perjudicial en la credibilidad del medio.

La Influenza A fue en el 2009, el ejemplo de la ocasión concreta de distraer la tensión colectiva en momentos de desajuste económico mundial, y probar la dimensión mental de la GBI a través de la secutirización material implícita al encajar nuevas medidas de control y seguridad, en las ciudades y en áreas de tránsito de importancia como son los aeropuertos; de engrosar el Estado de Sitio y confinamiento, y, con el pánico social, paralizar el libre tránsito humano y situar en el imaginario, el miedo con relación al riesgo de perder el control en la dimensión colectiva de la enfermedad, llegar al estallido violento debido a la desigualdad de recursos para enfrentarlo, y las carencias del Estado garante de la cobertura de salud pública, reemplazado por el mercado que para los sectores de menor poder adquisitivo resulta un reto.

Es de interés el manejo de la información en oficio «preventivo»; pero sin abandonar en ningún instante la espectacularidad indispensable a la norma de diseminación mediática. Violencia simulada, policialización de las fuerzas militares disfrazada de modelo de seguridad comunitaria. El caso de la pandemia de Influenza A del 2009, los terremotos en el océano índico (26 de diciembre 2004), Haití (12 de enero 2010), Chile (27 de febrero 2010), Japón (11 de marzo 2011), entre otros eventos de naturaleza catastrófica; demuestran la habilidad táctica de disgregar los colectivos y secutirizar a fin de evitar convergencia y posibilidades de estallido social al instaurar el temor local a través de adaptar en el imaginario mediático la transmisión de los sucesos en cada país.

Ahora bien, el resultado de la mixtura de los elementos miedo, pánico y terror ante las amenazas de carácter biológico, representaciones de segmentos poblacionales asociados a la maldad, y la violencia incontrolable e irracional en las comunidades, forman desde una perspectiva de los géneros periodísticos e informativos, las notas de la sección policíaca o roja. Con significados de variante diseño acorde a la representación social y el estigma buscado, pasan a ocupar un nuevo género: el melodrama[11] que hace ajeno el contenido a la certeza de la información.

La capacidad de convencimiento del género teatral a la cual alude Monsivais posee suficiente éxito. Cada día en las transmisiones, es común encontrar contenidos circulantes en los sistemas de información reportajes, entrevistas a sujetos de la política, investigadores y especialistas de los temas abordados con expresiones sobredimensionadas, así como artículos de opinión con elaboración centrada a género documental o cortometraje, música, ambientación, posición de cámara; incluso tonalidad en las voces, a fin de apelar al lado emocional del ser humano, y con persuasión e impacto, capturar su atención y convencerle de asimilar el escenario proyectado bajo el término de la realidad; lo cual cierne a sustentar por una parte, la validez de la opinión de los representantes de la ciencia hegemónica, y por otro contribuye a la percepción subjetiva a través de las emociones que despiertan las composiciones multimediales.

A través del melodrama compuesto en la nota roja, exigir el derecho a la seguridad adquiere un sentido complejo de control social con secutirizacion material; el incremento en la presencia policial, estrictas condenas a los delincuentes; en síntesis, justicia bajo la normativa legal en defensa humana y la posibilidad de vigilancia perpetua en la mayoría de los espacios. Imposición de límites a la violencia urbana comprendida en el «amplio espectro de situaciones delincuenciales, desprecio de los derechos humanos, anarquía salvaje y desconocimiento de la norma legalmente instituida»[12]. El lente del panóptico en los espacios públicos, virtuales e incluso privados si son sistemas de vigilancia en hogares, para acallar las voces de demanda movilizadas en marchas por protección y cuidado en el tránsito cotidiano.

En las tácticas discursivas que van desde los riesgos biológicos hasta las complejas invasiones militares y en los últimos años los intentos o golpes de Estado fraguados, caso de Venezuela (2002), Honduras (2009) y Ecuador (2010), develan la problemática de encontrar en América Latina la inseguridad absorta en ciudades sitiadas por el mismo temor instalado en la transmisión global de los ataques terroristas en suelo norteamericano.

La respuesta en la consciencia social evoca la demanda a lo público, al uso de calles invadidas de peligro; pero lugares únicos de expresión ciudadana, por lo cual entra en contradicción con las percepciones que las tácticas de miedo y secutirización apelan en discursos como el siguiente: «sobre el relato de un pasado seguro en el que los espacios eran compartidos sin temor. Algunos de sus tópicos más repetidos son que los chicos podían jugar en la calle, que uno podía regresar a cualquier hora a su casa y que en algunos barrios hasta se dejaban puertas y ventanas de las casas abiertas sin temor»[13]; al parecer con omisión de antecedentes en las grandes guerras y abismos de terror producto de las dictaduras militares y la inequidad del neoliberalismo.

El tratamiento de los antagonismos

La principal contradicción en el campo de la política opera con base al conflicto y la paz, la seguridad, en este sentido, es atribuida al orden y la operatoria de la convivencia en paz retomada desde las teorías liberales. Sin embargo, en las construcciones discursivas del neoliberalismo y los procesos de desimbolización, elaborados por las tácticas de los grupos de poder político y económico, la significación de los conceptos, y principalmente de la paz, se ha adentrado en la tendencia de cosificación; pero asentada en los engranajes del consumo.
El desenvolvimiento de sujetos antagónicos y el conflicto son permitidos siempre en aras de los intereses del mercado, y en casos donde los gobiernos en turno de los países convergen a los ideales del mismo; mas si la posición es contraria, invita al uso de las tácticas del miedo a través de los procesos comunicacionales y el imaginario de la inseguridad. Mientras que desde una perspectiva interna acerca de los nexos sociales, los rasgos de segmentación producidos por la concentración introducen una nueva mirada acerca de quienes entran o no en la lógica de la ciudadanía. De ahí la importancia, en el manejo de las representaciones sectoriales en los discursos mediáticos, bajo la identificación de la solvencia y por ende, la capacidad de acceso y cercanía a los sistemas informativos.

La inseguridad, en las tácticas de los contenidos durante los últimos años, muestra la mixtura. La representación en las imágenes y sonidos develan la notoria presencia y organización, en caso de eventos de demanda por mayor control policial o en repudio a la delincuencia, por parte de las clases medias y altas; principalmente con uso de las tecnologías y los espacios virtuales, sin olvidar el método de respaldo propagandístico al incluir figuras estelares del entretenimiento, estudiosos y personajes de la política y/o influencia en los ámbitos económicos intra y extranacionales.

El rasgo semejante por lo general, en las situaciones con nexo a la delincuencia, marca retratos de la tradicional propuesta eclesiástica de lucha entre el bien y el mal; pero que a diferencia de los seres oscuros y diabólicos, pacta nuevos estigmas en los rasgos de la pobreza o más bien de la población sobrante, considerada así por la imposibilidad de integrarse en los engranajes del sistema económico y criminalizada.

El escenario ideal permanece entonces, con el extermino del mal atado a la eliminación e invisibilización de los desposeídos, indigentes, y cualquier otro habitante precarizado, sin acceso ni conocimiento en las tecnologías. Para en cambio, declarar en la bondad, el bien y lo merecido en los sectores que participan de los procesos productivos, en posición de quienes merecen protegerse y permanecer con libre acceso a los espacios de convivencia, aun cuando estos posean limitaciones físicas y mecanismos de autovigilancia.

Es el accionar de las ciudadanías del miedo y su lógica de legitimidad «bajo la apariencia de derechos universales pero con bandera de la inseguridad urbana, colaboración en la estructura de comportamientos proclives a que importe la supervivencia sólo de algunos, propiciadores del encierro en guetos seguros y de la delación»[14], también conocidos bajo los esquemas de barrios privados, miniciudades, edificios departamentales sitiados, paraísos del capitalismo moderno y limitantes por naturaleza.

El mensaje dentro del contenido en cualquier telediario especifica siempre el sentido de ubicar el peligro afuera, en las calles, los indigentes, los pobres, el sucio, desclasado, en los rostros desconocidos de los transeúntes, en barrios ajenos a la estabilidad financiera, impenetrables por la instalación de ideología incriminatoria de la pobreza como símbolo mismo de la barbarie antigua entre conquistadores y nativos americanos; y en diferencia, en nuestra época el brutal exterminio y reducción operan en el sigilo de la investidura de la Guerra de Baja Intensidad, renuente a aparecer en la cotidianeidad a menos de que sea un tema imprescindible y recurra a los tratamientos mediáticos.

A raíz de la voracidad mercantil en la industria mediática y la construcción de la farsa comunicacional y el melodrama discursivo, información oportunista, vemos el rango de función conveniente en la visibilidad territorial de la pobreza y la violencia, por momentos víctimas si es el caso de evidenciar contra las políticas del Estado pero en gran cantidad victimarios, terroristas de la vía pública, del orden y la seguridad social, desagradables a la vista para una sociedad funcional y hedónica del sistema de capitales, cada día más enfrascada en la muerte y no en la solidaridad y el sentir colectivo.

En las tácticas participa la secutirización a cargo de separar, dividir, demarcar, segmentar en el territorio aprobado con el silencio y diseño de las normas mercantiles de los productos aseguradores, y los códigos de asentamiento urbano acentúan a manera radical la disparidad. En los últimos años la estrategia se encuentra reflejada en la emergencia de límites representados con muros, vallas y barreras de acero u hormigón, y el resguardo de fragmentos de vidrio, alambre con púas o electricidad en las partes de mayor altitud. El propósito es mantener a los habitantes de las quintas, countries y zonas residenciales privadas, reclusos «en un oasis de calma y seguridad»[15], lejos de la barbarie, la violencia y la delincuencia que caracterizan a los sectores populares y sobrantes.

Escenarios de abundancia y control, en completa oposición a las áreas de caos donde la pobreza es el eje para Robert Castel al catalogar en «barrios sensibles»[16], espacios que «acumulan los principales factores causantes de inseguridad: fuertes tasas de desempleo, de empleos precarios y de actividades marginales, hábitat degradado, urbanismo sin alma, promiscuidad entre grupos de origen étnico diferente, presencia permanente de jóvenes inactivos que parecen exhibir su inutilidad social, visibilidad de prácticas delictivas ligadas al tráfico de drogas, frecuencia de las incivilidades, de momentos de tensión y de agitación, y de conflictos con las fuerzas del orden, etc.»[17]. Factores básicos en la confección de representaciones dentro del material melodramático a explotar por el discurso mediático.

La capacidad de otorgar transversalidad al tema de la inseguridad, ocupa gran parte del interés al identificar lo bueno y malo y con ello, establecer bandos de victimas y atacantes. Ejemplos en las señales colman la programación diaria en todo el continente, la consulta al segundo informe de 2009 del Observatorio de Medios sobre la nota roja, en varios casos de cobertura en territorio nicaragüense contribuye a esclarecer el manejo de la relación entre la violencia y la pobreza al igual de afirmar atracos en la identidad y comportamiento individual de los sujetos, la señalización de la refutable y perversa infamia realizada.

En las conclusiones del análisis coincide al mencionar «una de las características más sobresalientes de la nota roja no fue sólo la forma en que dimensionaron los acontecimientos, sino en la manera en que violaron los derechos humanos de las personas», al exponer nombres y datos personales. De igual manera agrega «la televisión, prensa escrita y la radio, cayeron en un maniqueísmo en proyectar ante la opinión pública que la delincuencia, el dolor y desgracia, tiene rostro de pobreza»[18], estigma frecuente y fundamental del melodrama informativo tanto en las transnacionales de la información como en los conglomerados de cada país.

En América Latina, la coincidencia entre los grupos de todo tamaño y extensión retoma la contradicción del campo político al tratar los conflictos y los sujetos antagónicos (líderes políticos, movimientos sociales de pensamiento crítico a las iniciativas hegemónicas o sujetos de disputa en peor situación si provienen de barrios en condiciones de precariedad), bajo la parcialidad editorial de sus intereses particulares. La constante crítica y opinión mal infundada durante las entrevistas personales o vía telefónica, exponen la búsqueda de la objetividad y verdad recortada sin importar cuanta certeza posea y el riesgo a comprobar el error informativo del cual omiten posterior reconocimiento.

El discurso de la inseguridad y la pobreza aplica cuando el interés editorial de las industrias media, ya sea Grupo Clarín en Argentina, Grupo Televisa en México, Casa Editorial El Tiempo de Colombia o RCTV en Venezuela; encuentra la manera de causar controversia al rol gubernamental y la mejor forma de lograrlo es aprovechar el estilo de los boletines y su «oculto proceso de selección en la información»[19].

Acrecentar el robo, asalto, asesinato, o cualquier otro tipo de violencia física no sólo contribuye a estigmatizar al sector y restar validez a la participación de las políticas públicas. El malestar enaltece los vestigios de la barbarie, el temor convierte al desconocido en enemigo de naturaleza antagónica también precarizado, en agente sustancial de potencial actividad ilícita y al indigente en agresor con desequilibrio emocional, repulsivo invasor del espacio.

El uso de la nota roja en el sentido de la apropiación del género hacia el resto de los contenidos, incluye el juego del sufrimiento interno en asentamientos de condiciones precarias y reserva la culpa a la conducción gubernamental en todos sus niveles, la división poblacional en honradez y delito. En las villas miseria, favelas y asentamientos de sobrantes en cualquier otra región del mundo, evidenciar la diferencia entre pobreza y criminalidad resta presencia. No por la ausencia del mostrar a los habitantes víctimas de otros miembros de su propia comunidad, si no por la trayectoria en la construcción del imaginario, la etiqueta y estigma perfectamente brindado y aceptado por la melodramática nota roja y la creencia en el fatalismo «unos nacen para ser asaltados y otros para delinquir»[20].

Al reconocer el estado de continuo cambio social, acarreado por las preferencias en los sistemas del propio capitalismo, priorizan de flexibilizar los modelos de dominación. Actualmente, mantener el control hegemónico y prevalecer en el poder depende de adaptar esquemas a la desinstitucionalización producto del ultraliberalismo, una fase más profunda y compleja posterior a los aprendizajes del neoliberalismo pues agrega la dimensión de la guerra. Reprimir y forzar a los sujetos, con toda la imperativa institucional, ha dejado de ser una opción viable en los intereses del mercado si requiere menor costo y esfuerzo, desgajar las fuentes organizacionales colectivas, fomentar la individualidad y transformar a los sujetos en clientes segmentados[21].

Compatible con el proceso converso del significado de palabras coadyuvantes a la mentalidad institucional y unidad colectiva, la desciudadanización simboliza el resumen de las intenciones en reemplazo de elementos instituidos por las prácticas sociales y reivindicaciones políticas. La desinstitucionalización permanente es el propósito de la nueva derecha y su arsenal bélico-mediático, enfocados a desmontar el vocabulario con significado en vínculo a apropiación, gremialismo o vindicación; y ser remplazado de la siguiente manera: Trabajo/empleo, filosofía/superación personal, escuela/auto aprendizaje, fabrica/oficina, salario/sueldo, gremialismo/equipo, político/proactivo, Estado/mercado, represión/control delincuencial, hasta someter paulatinamente al ciudadano al uso del lenguaje único, límpido, desclasado y proclive a intereses empresariales.

Otro caso figura en el maniqueo dentro del imaginario estatal, al instaurar los modelos internacionales y estandarizados de certificación y eficacia empresarial en las dependencias, y ejercer métodos de comunicación organizacional a fin de degradar la ciudadanía e intuir a los habitantes como precisos instrumentos clientelares de consumo de servicios y bienes públicos.

Obtener la respuesta afirmativa del trueque conceptual requiere explotar las capacidades de la transmisión del lenguaje. Adherido al inicio del contacto humano y acompañándole durante el resto de su vida, condiciona sus modos de relación en base a lo ya institucionalizado, actúa como herramienta efectiva del significado de lo general, y por ende, es instrumento de dominio distribuido en los procesos comunicacionales y los contenidos de la industria media.

La principal secuela de las tácticas reductoras del mercado, pertenece a millones de habitantes menospreciados llamados sobrantes, restringidos de la tecnología, excluidos del sistema económico, mendigos sin mérito a las políticas y el reparto público de riqueza, una carga creciente e innecesaria a los Estados y la población económicamente activa, quien argumenta sostenerlos y ser víctimas del padecimiento crónico violencia-pobreza; esbozo del tejido discursivo de la no-ciudadanía fundamental del melodrama y la formula en casos de violencia reducida en: mayor estatus económico, mayor atención informativa.

El asesinato de un ciudadano clase media es convertido en caso especial durante días, armonizado con la nota roja y adjetivos «pavoroso asalto, crimen monstruoso, delincuente satánico, horripilante encuentro macabro», agrega Monsivais «los delitos son terribles en sí mismos, pero el poderío de la adjetivación no radica en su eficacia descriptiva sino es el gusto por los gritos y temblores del alma»[22]. Si el tema involucra mortandad por falta de alimentación y abandono de zonas rurales, o no poseen riesgo potencial como por ejemplo un brote epidemiológico en las dimensiones de la cepa de Influenza A en el entorno mundial o la reproducción no prevista del Dengue, movimientos telúricos catastróficos, o inundaciones en consecuencia del drástico cambio climático, o que puedan suceden en áreas de menor interés en la industria capitalista quedan fuera de la agenda informativa.

La mentalidad de la desciudadanización, añade justicia en concentrar la atención pública y las maniobras del Estado a las zonas de bien, no a los nidos de la delincuencia marginal y con toda la población residual. Howard Glennester, investigador y especialista británico en políticas sociales, lo comprobó en un estudio realizado en ambientes ingleses con pésimas condiciones de vida. Los habitantes entrevistados eran víctimas de vecinos en la comunidad, de la falta de vigilancia policíaca y atención a las denuncias; ignorados por el estado de insolvencia económica satisfactoria en las normas del consumo mercantil, invisibles por ser sujetos antagónicos al sistema.

Maniobrar la visibilidad de estas situaciones es la norma del espectáculo. La dimensión de lucha psicológica entre ciudadanos dignos y sobrantes franquea el espacio audiovisual, la industria media, favorecida en poder persuasivo, desvirtúa la credibilidad de las instituciones y acelera el estado de angustia social, instaura el miedo, el terror de ignorar el estado anímico y portación de armas del extraño con el signo de la violencia latente, en peor caso si combina los rasgos de extranjero residual de su espacio originario.

La soledad en las calles alberga el fatalismo y la calamidad propia de las películas de horror, donde algún monstruo terrible aguarda en las sombras, solamente corresponde a la presencia heroica policial la capacidad de intervenir y eliminar. La pena de muerte surge en sinónimo de solución y justicia en la voz de personajes de la farándula, líderes del entretenimiento audiovisual y la función de convencer corona la escena de héroes y villanos. Responder con violencia a la violencia, amenazar y aterrorizar a los posibles delincuentes etiquetados sólo por habitar en ciertas áreas, usar el corte de cabello o la indumentaria particular a sus gustos y/o ser inmigrante.

Alcanzar el mundo pacífico y la seguridad utópica de los teóricos liberales, retomados por el accionar del neo y ultraliberalismo en el marco de la secutirización y la GBI, ordena eliminar las masas sobrantes e implantar la respuesta sumisa a la conducción policial sobre nuestra cotidianeidad. La construcción del discurso excluyente, las imágenes manipuladas del melodrama noticioso son la traducción del miedo en los medios de comunicación y de la desvaloración de la vida humana como una mercancía más del intrigante, teatral capitalismo selectivo y limitante de la información.

Empujar la verdadera práctica periodística en el camino cubierto de espinas de la industria audiovisual es un reto de inimaginable magnitud, una lucha recaída en el cambio de la mentalidad sedienta del regocijo, morbo y otros sentidos vacíos producto del deseo de exterminio a la incertidumbre. Debate entre el individualismo y lo colectivo, la propiedad privada y el dominio público y el derecho a saber el significado real de estar seguros y estar informados lejos de explicar, con uso de un disfraz correcto impulsado por los medios comerciales. Significa recuperar el aliento al pensamiento reflexivo sobre la información, descontextualizar la idea perpetua de permanecer a la expectativa del conocimiento puro y certero de la industria media y la producción de todo el sistema hegemónico, que incluye otros ámbitos principalmente si se recupera a la comunicación como el diálogo, la puesta en común y su nexo profundo con los intereses comunes, el trastoque de la política en la cultura y la educación.

Asistimos a la mayor confrontación que puede revelarse en corto tiempo, el miedo mediático con naturaleza falsa vs el terror provocante de los pobres y desclasados, con momentos de objetivación del núcleo del poder y asedio estrategico de lucha en algunos lugares de América Latina. La crudeza de la secutirización y las tácticas inmersas en la Guerra de Baja Intensidad, apuntadas a la eliminación del pensamiento contrahegemónico, síntoma de la creación de sujetos políticos en antagonía para llegar a someter en las construcciones discursivas de la paz y la tolerancia, pueblos sumisos al despojo, la precariedad y el apetito voraz de los grandes capitales.


[*] Doctorante en Comunicación, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata. Becaria del Programa de Formación de Recursos Humanos en Áreas Estratégicas sección Jóvenes Doctores, Universidad Autónoma de Sinaloa, México. Investigadora en Formación de la Red de Investigadores Latinoamericanos por la Democracia y la Paz www.insumisos.com

[1] Alcira Argumedo. Los silencios y las voces en América Latina. Notas sobre el pensamiento nacional y popular. 1ª Edición, 6ª Reimpresión, Ediciones del Pensamiento Nacional, Ediciones Colihue. Buenos Aires, 1993.

[2] Ignacio Ramonet «Introducción en Pensamiento crítico vs. Pensamiento único». Le Monde Diplomatique Edición Española. Temas de Debate. Colección dirigida por José Manuel Sánchez Ron. Madrid, 1998.

[3] Paula Sibilia. El Hombre Postorgánico. Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires. 2005

[4] Robinson Salazar, et al. «La trama mediática de la guerra y el terror», en Revista El Cotidiano, Año. 25, No. 161, mayo-junio 2010. Universidad Autónoma Metropolitana, México. 2010. Disponible en: http://www.elcotidianoenlinea.com.mx/numeros.asp?edi=161.

[5] Ídem.

[6] Tribunal Dignidad, Soberanía, Paz contra la guerra. «El dominio militar del imperio en América Latina», CEPRID. Quito, Ecuador. 2007. Obtenido de http://www.purochile.rrojasdatabank.info /imperio.htm. (Pág. consultada el 25-VI-2009).

[7] Ronbinson Salazar. «América Latina: Securitización de la política y guerra contra la ciudadanía y los movimientos populares», en Revista de Filosofía, Vol. 62, No. 2, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad de Zulia, Venezuela. 2009. Obtenido en: http://www.revistas.luz.edu.ve /index.php/rf/article/viewFile/3524/3429. (Pág. consultada el 25-VI-2009)

[8] Salazar Robinson, 2010. op. cit.

[9] Naomi Klein. La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, 1era. Edición, Argentina, Paidós, 2008.

[10] Ignacio Ramonet. «Control social total». Le Monde Diplomatique, 2009. Obenido de: http://www.rebelion.org/ noticia.php?id=84748. (Pág. consultada el 25-VI-2009).

[11] Carlos Monsiváis «De no ser por el pavor que tengo, jamás tomaría precauciones (Notas sobre la violencia urbana)», en Horst Kurnitzky (comp.) Globalización de la violencia. , México. Colibri-Instituto Goethe. 2000.

[12] Íbidem.

[13] Julia Zullo. «Estar atentos y caminar con cuidado. Algunas estrategias de construcción de la inseguridad y el delito en Clarín y La Nación», en Raiter, A. y Zullo, J. (comp.), La caja de Pandora. La representación del mundo en los medios. Argentina. Primera Edición, La Crujía, 2008.

[14] Alicia Ente. La ciudad y los medios. La pasión restauradora. Buenos Aires. 1er. Edición, La Crujía. 2007. p. 110.

[15] Zygmunt Bauman. Confianza y temor en la ciudad. Vivir con extranjeros. Barcelona. Editorial Arcadia. 2006. p. 29.

[16] Robert Castel, La Inseguridad Social. ¿Qué es estar protegido? Buenos Aires. Editorial Manantial. 2006. p. 70.

[17] Ibídem.

[18] Centro de Investigación de la Comunicación (CINCO). «2do Informe: La nota roja en los medios», , Centro de Investigación de la Comunicación. Nicaragua. 2008. Obenido de: http://www.cinco.org.ni/archive/77.pdf (Pág. consultada el 26-VI-2009).

[19] Vicente Romano. La formación de la mentalidad sumisa. 2da. Edición. España, El Viejo Topo. 2004.

[20] Carlos Monsivais. op. cit.

[21] Dany-Robert Dufour «La responsabilidad del sujeto en los tiempos del ultraliberalismo», Desde el jardín de Freud. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. 2005.

[22] Carlos Monsiváis. op. cit.