Por: Saúl Hernández Rosales

Hugo Chávez se juramenta como presidente de Venezuela en 1999, su discurso no era socialista, al contrario, declaraba abierta y públicamente que Cuba era una dictadura y que creía firmemente en la tercera vía de los laboristas británicos. El verdadero enemigo genético de la agenda bolivariana era el neoliberalismo. Por esa razón, creo que la mejor manera para construir un esquema de análisis regional es hablar de una ola anti-neoliberal que recorrió el continente entero. En lo único en que coincide el Frente Amplio Uruguayo, Rafael Correa, los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Lula y Dilma en Brasil, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador, el sandinismo en Nicaragua, Fernando Lugo en Paraguay y Mel Zelaya en Honduras, es en el desprecio por el consenso de Washington y en la condena a las políticas de ajuste estructural impuestas por el Fondo Monetario Internacional. Luego, los matices entre cada uno de los liderazgos (uno más democráticos que otros) y las condiciones materiales particulares de cada país, complejizarían la diagramación del continente. Nos obligarían a crear ejes (el bolivariano, el nacional-popular, etc.) que dispersarían el registro de análisis que estoy planteando.

Nadie puede negar los avances en materia social que se dieron en muchos de estos países: disminución de la pobreza, aumento de la tasa de alfabetización, amplios programas de inclusión en el sistema educativo, sanitario, construcción de viviendas populares, planes de subvención y créditos a microempresas, creación de nuevas universidades públicas y aumento de la participación en los procesos electorales. Sin excepción, todos los países de la ola anti-neoliberal, consiguieron ampliar derechos sociales. Sin embargo, en todos y cada uno de los casos, ocurrió una radical reprimarización de la economía, es decir, todos estos programas fueron posibles aumentando la dependencia de las economías nacionales a los commodities, gracias a que el crecimiento económico de China e India y las sanciones a Irán, dispararon los precios de la agroindustria, de la Soja y por supuesto de los precios del petróleo y el gas. Paradójicamente, la mayor debilidad de las economías latinoamericanas (la dependencia) se convirtió en la fortaleza que generaron las condiciones de posibilidad para aumentar los derechos sociales. Al enfriarse el crecimiento de la economía China e India y eliminarse las sanciones a Irán, los precios de los commodities se fueron al suelo y con ello entro en crisis el Estado benefactor que permitía los programas de inclusión social en el continente más desigual del mundo. La consecuencia inmediata se hizo evidente cuando en el 2015, Mauricio Macri le gana en noviembre las elecciones al candidato Daniel Scioli del Frente para la Victoria y semanas después, la oposición venezolana adquiere 112 escaños en el parlamento frente a apenas 54 del chavismo.

Otra paradoja fundamental de estos procesos, ha sido la tensión entre derechos sociales y derechos civiles. Así como ha habido un énfasis en las políticas sociales, casi proporcionalmente ha surgido un desprecio absoluto por los derechos civiles. En algunos de estos gobiernos de forma totalmente perniciosa, se ha asociado el respeto al derecho de las minorías electorales o sexuales, la independencia de los poderes públicos, la alternabilidad del poder, la igualdad ante la ley y la libertad de expresión, a estratagemas burguesas u oligárquicas. Esto ha engendrado en el seno de los propios proceso políticos, deficiencias en la sucesión de los liderazgos (Dilma, Maduro, Scioli o Lenin Moreno) que no han podido darle continuidad a la estabilidad lograda durante años. Al mismo tiempo, los movimientos sociales y los liderazgos de base, han ido desertando por la burocratización de estos procesos y la ausencia de democracia interna de los partidos oficialistas.

Aún es temprano para pensar en el balance de este ciclo, sobre todo, quedan 3 elecciones presidenciales (Argentina, Bolivia y Uruguay) y el desenlace de la terrible tragedia que vive el pueblo venezolano. Por el momento, el triunfo de Nayib Bukele viene a acompañar el “efecto dominó” que se originó contra la ola anti-neoliberal en la región con el triunfo de Macri en Argentina, Piñera en Chile, Bolsonaro en Brasil y Duque en Colombia. Los pronósticos parecen dejar a López Obrador en una situación complicada a nivel geopolítico. Desde el Sur esperamos que supere la “paradoja dependentista” y que entienda que el dilema entre derechos sociales y derechos civiles, es falso.