Por: Gilles Lalu*

La inteligencia de una ciudad está dada por su capacidad de crear infraestructuras que fomenten el desarrollo económico, que aseguren la inclusión social y protejan el medio ambiente con una visión a futuro. El concepto de Ciudad Inteligente o Smart City en inglés cimenta el desarrollo de la sociedad en el uso de las nuevas tecnologías, desde el manejo de información, la conectividad, la inteligencia artificial, entre otras. El concepto se volvió parte del cotidiano en el siglo XXI, principalmente en países con ingresos medios a altos o en los cuales el sector de las TI guarda una importancia preponderante (India, Singapur…). Una Smart City tiene como misión intrínseca el fortalecer la eficiencia en el uso de sus infraestructuras, asegurar un vínculo más estrecho entre la ciudadanía y el gobierno, así como generar una mayor capacidad para reaccionar ante cambios abruptos desde lo local a lo global, ya sea en la índole social, y sin lugar a dudas, ambiental.

La tecnología se convierte en un facilitador para satisfacer las necesidades futuras de las ciudades. Pero se convierte al mismo tiempo en un parámetro para evaluar el desarrollo del ser humano o al menos la capacidad de su gobierno para proveerle los satisfactores más básicos, pese a que estos evolucionen con la digitalización (de los medios de producción-IOT, de información-Big Data y Open Data y comunicación-Fibra óptica y acceso a la 4G).  A medida que la urbanización avanza y con ella el uso de las nuevas tecnologías (en una especie de circulo virtuoso) el empoderamiento de los ciudadanos se hace más notorio, principalmente en aquellos ciudadanos con mayores niveles de educación, con acceso a teléfonos inteligentes y redes sociales.

El empoderamiento de una nueva sociedad no sólo ha generado un mayor conocimiento de su entorno (en su ciudad pero también en la periferia) sino que ha propiciado una mayor presión sobre los gobiernos, aquellos gobernantes que no podrán  solucionar los problemas de la nueva sociedad, satisfacer las necesidades más básicas y las que son menos básicas, serán fuertemente criticados y asilados por una nueva realidad que busca propiciar las condiciones para exponenciar el crecimiento, tener mayor acceso y más rápido a la información, producir más rápido, comunicar mejor. La sociedad se ha digitalizado y sus entornos se transforman, las Smart Cities se convertirán en un estándar de la sociedad moderna y de las democracias digitalizadas. Nunca los parámetros y métricas de calidad de vida habían sido tan fácilmente cuantificables, verificables, evaluadas: PIB, tasas de criminalidad, la movilidad, la calidad del aire, el costo de vida. Y con ello la evidencia de una polarización cada vez más marcada en aquellos asentamientos urbanos en donde la tecnología nunca inicio la fase de digitalización.

* Economista especializado en temas de energía y desarrollo sustentable, agregado Comercial en la Embajada de Francia en México.