Por: Rafael Nava Kopp

INSTITUTO DE POLÍTICA INTERNACIONAL

La vieja tradición desde hace dos décadas era que cada vez que hubiera un problema político entre Venezuela y Washington, al poco tiempo Corea del Norte iniciaría sus amenazas contra Washington a través de pruebas balísticas en el pacífico. Así Washington tenía que malabarear la situación entre dos aliados chinos en diferentes océanos, desgastándose gradual e inevitablemente hasta verse obligado a claudicar en Venezuela. Esta era la manera en que China protegía sus intereses en Venezuela sin agredir a Washington y sin afectar su comercio transpacífico.

Esta vez la administración de Donald Trump, ha prevenido esta jugada, gracias a que desde hace unos meses Washington ha mejorado notoriamente sus relaciones con Kim Jong Un y ha traído paz en las Coreas, un evento tan trascendente que incluso Donald Trump ha sido nominado al premio Nobel de la paz. Parece que el muy lucrativo trato al que llegaron logró que en lugar de que Corea del Norte saliera a la defensa de Venezuela, saliera a recibir a Trump en Hanói, Vietnam, para cerrar el trato. Se dice que en dicho evento, le dio rienda suelta a los ambiciosos proyectos nucleares, cosa que no se había hecho antes con Corea del Norte pues resultaba demasiado amenazador a largo plazo, tan amenazador que en unos 10 años o menos, Corea del Norte podría estar lista para causar un holocausto nuclear en alguna zona aliada estadounidense del pacífico, sin embargo parece que Washington está más preocupado por el presente y ha accedido a las demandas norcoreanas como resultado de una urgente preocupación; la preocupación de no tener la confianza ni petróleo suficiente para cerrar este año sin que se desplome el dólar, pues desde que inició el año se ha venido presenciando un alza en el precio del crudo con la participación de Venezuela y el resto de los exportadores de petróleo.

Desde hace un año, tras la silenciada derrota de la OTAN en Siria, la OPEP, sus aliados y Rusia, han acordado alzar el precio del crudo para este año (2019), por otro lado, las reservas petroleras estratégicas de Washington parecen estarse agotando y pronto ya no podrán manipular el mercado como lo hicieron en el 2015. Estas son pésimas noticias para Washington y los países importadores de petróleo como los de Europa Occidental y muy buenas noticias para los exportadores de petróleo como Rusia, Venezuela y el resto de la OPEP (y por supuesto México).

Washington sabe que, si el petróleo sigue subiendo, su dólar colapsaría, devastando su economía permanentemente. Negociar como solía hacer con Arabia Saudita, el máximo representante de la OPEP, no es viable pues parece que el príncipe Muhammad Bin de Arabia Saudita entre más influencia tiene más ambición muestra su reino y no parece tener interés en ceder ante los caprichos comerciales de un occidente tambaleante, que además sólo le ha traído problemas con sus vecinos en Medio Oriente, tras la captura de soldados Saudíes durante la derrota de la OTAN en Siria.

Ante la retirada de las tropas de Siria, Trump decidió cerrar su gobierno con la justificación de una división interna y así dar la apariencia de que su retirada total en Siria es por problemas internos, más que por inferioridad militar y política.

La derrota militar, política y económica de la OTAN, deja a Washington muy desesperado y por esto recurrió a una medida desesperada: ceder en negociaciones con Corea del Norte para al menos arrebatarle a China su pieza más amenazadora temporalmente para poder agredir a Venezuela sin represalia alguna, así darle victorias a su desmoralizado ejército y apropiarse de algo de petróleo para revivir su economía.

Con el retiro de Corea del Norte del juego parecería que Venezuela queda como una pieza desprotegida y completamente rodeada por un occidente sediento de petróleo. Sin embargo, esto ya se había previsto por sus aliados, entre ellos Rusia que le ha provisto de las armas e inteligencia suficientes para defenderse de una situación así. Para esto Washington necesita urgentemente introducir armas en Venezuela y así poder darles a sus aliados desde adentro algo con que combatir el aventajamiento ruso. Todo a través de un sofisticado caballo de Troya: la ayuda humanitaria.

El conjunto de precedentes que rodea este conflicto y el dinero ya invertido por ambos bandos vuelve al escenario. Una situación en la que nadie se quedará con los brazos cruzados y por todo esto resulta muy probable que la crisis de Venezuela escale a una intervención militar disfrazada de guerra civil con la intención de un golpe de estado que derrocaría a Maduro.

Sin embargo, con el antecedente sirio, ya no podemos apostar a la prepotencia ni al despotismo, pues hemos visto que perdió una vez, y por la situación económica tan aventajada por el gigante chino y sus aliados, podemos apostar a que sucederá lo mismo que en Siria, dañando con más fuerza a aquellos que más quieran dañar a Venezuela.