Por: Claudia Serrano Solares*

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, trajo una serie de cuestionamientos que se han mantenido conforme avanza su administración. Algunos señalaron que se trataba de una ruptura sistemática con su antecesor, Barack Obama, tras echar atrás varias de las políticas internas y externas que se habían adoptado en los distintos ámbitos gubernamentales, en los sectores tales como: salud, medio ambiente, migración, comercio, entre otros, o que, en su defecto, se trataba de una fractura con el establishment. Lo cierto es que las formas no trastocaron el fondo ideológico que sustenta la hegemonía de ese país y que hace irremediable confirmar que algunas de las decisiones adoptadas por el gabinete de seguridad de Trump, sean un signo inequívoco de la esperada continuidad para hacer frente a la gran disputa geopolítica que se encuentra en marcha con la Federación Rusa, particularmente en términos nucleares y con la República Popular de China, en el sector comercial.

Bajo ese contexto, América Latina y el Caribe se revisten de gran importancia para el hegemón, sobre todo por el marcado incremento de capitales rusos y chinos en varios países de la región, los cuales estaban desplazando hasta cierto punto el dominio absoluto que tenía Estados Unidos en esas zonas geográficas, aunado a que el denominado ciclo “progresista” intentó establecer foros de concertación política y económica sin su participación. Dicha situación, hizo que resurgieran viejas prácticas, aquellas que pese a ser utilizadas en el período de la Guerra Fría, siguen siendo tan funcionales en la actualidad y que a través de las cuales,combinadas con nuevos instrumentos y recursos para colocar una contraofensiva, tratan de imponerse en su denominada área de influencia natural.

Actualmente tres países de esta región concentran la atención del gobierno estadounidense, ya que su proyecto político, económico, social y cultural, se aleja del modelo “democrático”, exportado por Estados Unidos hacia el resto del mundo, a través de su poderío militar o influencia cultural, y el cual, desde la caída del Muro de Berlín, ha sido considerado por muchos como el modelo triunfante de la Guerra Fría y el único a seguir en el camino hacia el desarrollo.

Así, Venezuela, Nicaragua y Cuba, se han convertido en los tres países incomodos por estar dando puerta abierta a las inversiones de Rusia y China, esto aunado a que incluyen una visión contra – hegemónica, anti– imperialista y socialista en sus proyectos nacionales. Cada uno de estos países tiene un escenario aparentemente común, pero con sus grandes particularidades.

A grandes rasgos, Venezuela, tiene encima el asedio políticoa través del Grupo de Lima y el hostigamiento mediático ymilitar –que lo han cercado geográficamente desde el Gran Caribe hasta el Cono Sur-, así como el bloqueo financieroque pretende por todos los medios la deposición del actual Presidente, Nicolás Maduro.

Se ha exigido en reiteradas ocasiones que se convoque a elecciones anticipadas, desconociendo el proceso electoral de 2018, ante la negativa por parte de Maduro, la estrategia de derrocamiento se intensificó mediante la autoproclamación de un presidente provisional, Juan Guaidó,supuesto líder de la oposición, respaldado por el reconocimiento de Estados Unidos y algunos otros países pero que no constituyen la mayoría en la Asamblea Generalde la ONU. Rusia y China, por ejemplo, le negaron su reconocimiento, así como otros países de la Unión Europea, lo que evidenció falta de unanimidad ante la situación por parte del bloque europeo.

Guaidó, por su parte, apoyó el discurso de la crisis humanitaria, lo cual se contradice con su reciente solicitud de elevar las sanciones económicas y financieras a fin de concretar el derrocamiento. La lógica injerencista surgió a raíz de que comenzó la Revolución Bolivariana, la cual privilegió que el Estado tuviera más presencia en laadministración de los recursos, lo que trastoca los intereses de Estados Unidos sobre los recursos geoestratégicos de ese país.

En cuanto a Nicaragua, las cosas no han sido tan diferentes, muchos elementos que se presentaron en el proceso de desestabilización en Venezuela se repitieron en este país. Laconvulsión política inició en abril de 2018, a través de diversas manifestaciones en contra del gobierno en turno, que le valieron una serie de críticas, se acusa a Daniel Ortega de represión y violación a los derechos humanos, paso de presidente a dictador, y se le exige convocar a elecciones anticipadas. De igual manera, los medios de comunicación volvieron a jugar un papel relevante, como en el caso venezolano, para “informar” sobre los abusos y atropellos del gobierno, asediando mediáticamente pero omitenmencionar que el gobierno accedió a establecer el diálogo con la oposición, el cual fue retomado el pasado 27 de febrero, acompañado de la liberación de varios manifestantes que se encarcelaron, inclinándose por un proceso pacífico para la resolución del conflicto.

La situación es que el gobierno de Ortega, además de incluir un agenda social en su gestión gubernamental,  abrió la posibilidad para la construcción de un canal interoceánico con capital ruso, lo que generaría una fuerte competencia con el canal de Panamá, –país que sea de paso seindependizó de Colombia a consecuencia de la injerencia estadounidense-, un factor clave que explica la razón por la que se retoma la intervención histórica que ha tenido Estados Unidos en Centroamérica y particularmente en Nicaragua.

Recientemente John Bolton, Asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, matizó el escenario político señalando su desacuerdo a través de su cuenta de twitter sobre la sentencia que dictó un Tribunal nicaragüense a tres implicados en las protestas del año pasado, en aquel país. No obstante, el diálogo entre el gobierno y la oposición sigue su curso y ya se tiene aprobada una hoja de ruta. El principio sigue siendo el mismo, intervención estadounidense en asuntos de política interna de países soberanos.

Ahora bien, el caso de Cuba, tiene una gran relevancia al ser el país que ha estado bajo más ofensivas estadounidenses a lo largo de su historia y que hoy en día prevalecen. Es un pivote geopolítico, una entrada marítima fronteriza con Estados Unidos, y por el hecho mismo, implica que enmarcaron esta prioridad al nivel de Seguridad Nacional con el objetivo de resguardar su integridad territorial, razón por la cual, durante un tiempo fue un protectorado de ese país hasta el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. Lo que conllevó a una relación bilateral caracterizada por la constante confrontación: ruptura de relaciones diplomáticas en 1961, luego la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) para fincar el aislamiento político y con la aprobación en Estados Unidos de la Cuban Assets Control Regulations de 1963, la asfixia económica.

Ese capítulo persiste pese a que parecía que la relaciónbilateral entrarían a una nueva fase a propósito de la visita que realizó Barack Obama a Cuba en 2016, en la que se dio nuevamente el recibimiento del cuerpo diplomático en la Isla, en realidad quedó de lado cuando el ganador republicano de las elecciones inició su administración, endureciendo nuevamente la relación. Algunas de la políticas nunca se fueron, como el caso del Bloqueo Comercial y Financiero, y otras se recrudecieron cuando elSecretario de Estado, Mike Pompeo, anunció el pasado 16 de enero de 2019, que se suspendía por un período de 45 días, a partir del 1 de febrero de este mismo año, la aplicación de la Ley Helms-Burton, en lo referente a su Título III. Una ley que socava la soberanía nacional de Cuba y además, limita las posibilidades de inversión e intercambio comercial, se intensifica la asfixia financiera como una forma de sancionar por el apoyo otorgado a Venezuela y Nicaragua. Además, se pretende sea un vehículo para dar cabida a impulsar una transición en el plano político. Pero pese a estas acciones resulta que el Nuevo Proyecto de Constitución que se sometió a Referéndum el pasado 24 de febrero, después de incluir los comentarios y/u observaciones realizadas en la Consulta Popular, obtuvo el 86.85% a favor frente a un 9% en contra, lo que sin duda da muestras de una amplia participación del pueblo cubano, que de este manera legítima la continuidad del proyecto que se empezó a edificar desde 1959.

Por lo que, ante esas cifras se disipan aquellas hipótesis que aseguraban que a partir de la modernización del sistema económico cubano y con la llegada de Miguel Díaz-Canel como presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros se iniciaba un proceso de transición política y lo único que reflejan es estar frente a un terreno estéril, ya que no se enmarcan grandes manifestaciones políticas que auguren algún fenómeno de esa índole. Por el contrario, evidencian que la resistencia por mantener ese proyecto político se mantiene palpable y al mismo tiempo no importael grado de presión que genere Estados Unidos, la Isla semantiene en disposición para el diálogo siempre y cuando exista el debido respeto por la autodeterminación de su pueblo y su soberanía.

En suma, cada uno de esos países en distintas tónicas y bajo diversas estrategias, se encuentran lidiando con la presión de Estados Unidos en sus asuntos domésticos, debido enormemente porque cada uno de ellos representa la posibilidad, quizá inacabada o en modo piloto, de un proyecto diferente que no puede permitirse su réplica y expansión por el continente, por encontrarse dentro de suanillo de seguridad estratégica. Es por ello que, para Estados Unidos, es una prioridad extinguir estos modelos que retan frontalmente su hegemonía continental. Lo cual no tendría la misma fuerza sin el apoyo de los demás gobiernos latinoamericanos, que a raíz del cambio de correlación de fuerzas, han mostrado una gran disposición para reforzar las acciones estadounidenses en la región.

 

 

 

*Experta en temas de América LatinaCandidata a Doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Tiene una Maestría en Estudios en Relaciones Internacionales y es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Facultad de Aragón-UNAM.