Por: Felix Syrovatka

Traducción: Timo Dorsch

Los partidos establecidos en Europa han declarado que las próximas elecciones para el Parlamento Europeo (PE) marcarán el destino y futuro de toda Europa. El acenso del populismo en muchos países sacude el proyecto europeo y amenaza los valores liberales europeos. Así, las elecciones en mayo 2019 representan algo como la última batalla por la libertad e igualdad. Tal lo expresó el presidente de la socialdemocraica europea Sergei Stanishev:

“In such turbulent times, when nationalists and the far right in many European countries are considered as potential partners by the conservatives, when the traditional right is close to using the far right rhetoric to stay in power, we – the social democrats – are the only alternative, we will protect the European values of equality, human right and solidarity”[1]

Al final esta imagen de la lucha final europea entre liberalismo y autoritarismo hay que ver como un intento de movilización por parte de los partidos establecidos. La imagen es errónea, además, en dos sentidos:

  • Primero, porque a pesar del pesimismo, no es factible una mayoría de la derecha populista y radical en el PE. Las encuestas actuales siguen prediciendo mayorías estables para los partidos establecidos del centro. Sumándolas, las fracciones de los Conservadores (EPP), Socialdemócratas (S&D), Liberales (ALDE junto con La Republique En Marche) y también los Verdes (EG) alcanzarían, según la encuesta de la revista POLITICO[2], una mayoría estable de 448 asientos de un total de 750 (encuesta del 3 de abril 2019). Incluso sin los Verdes, que en total saldrán más debilitados de las elecciones que la vez pasada en 2014, se podrá lograr una mayoría de 375 asientos sin mayores complicaciones.
  • Segundo, resulta errónea aquella imagen si se toma en cuenta la postura del Parlamento en el proceso europeo de legislación. Apretado por el Consejo y por la Comisión Europea, el PE no posee el derecho de iniciativa para legislar, por lo tanto siempre tiene que coordinar y acordarse con el Consejo, siendo los jefes de Estado y de Gobierno quienes tienen la última palabra. Además, el PE no tiene derecho de participación en algunos temas políticos como es el caso en la política exterior y de seguridad o en la política de competencia; nada más hay que consultarlo. No es sorprendente, por ende, que la Tribunal Constitucional de la República Federal alemana llegó a la conclusión en el año 2014 que el PE no representa un parlamento perfectamente válido.[3]

 

Giro hacía la derecha en los Estados de nación

De todos modos sí acierta la previsión que las elecciones en mayo generarán un gran aumento de los votos para la derecha radical. Si se suma los asientos de las diferentes fracciones de la derecha radical en el PE, podrían crecer a tener hasta 160 diputados. Al mismo tiempo existen los esfuerzos de unir la derecha fragmentada en el PE.[4] Así anunciaron recientemente los primeros candidatos del partido austriaco de la derecha radical FPÖ junto con su colega de la derecha radical alemana AfD, Harald Vilimsky y Jörg Meuthen, de querer formar una fracción conjunta de los “euro-escpéticos”. La nueva fundada “patriotic alliance” busca juntar los partidos de la derecha radical y populista todavía agrupados en las fracciones Europe of Nations and Freedom Group (VF, FPÖ, Lega, Rassemble National), Europe of Freedom and Direct Democracy (AfD, UKIP, 5Star) y European Conservatives and Reformists. Aunque este empeño ya haya existido antes de la última elección europea, pero aquella vez sí resulta más probable una fusión entre ENF y EFDD. Esto se debe, en grandes partes, a que la derecha europea se ha acercado bastante en los últimos años y tanto la AfD en Alemania como el Movimiento de las 5 Estrellas en Italia han perdido su miedo ante alianzas de la derecha radical como es el caso de la Rassemble National de Marine Le Pen. Sobre todo el Ministro Interior italiano y jefe de la Lega, Matheo Salvini, empuja esa unión y espera poder convencer tanto el Fidez húngaro como el PiS poláco de que entren a la “patriotic alliance”. Mientra el PiS sigue siendo parte del ECR, el Fidez aún conserva su membresía en las fracciones conservadores del EPP, pero donde está enfrentándose a una posible exclusión. Un cambio de ambos partidos hacia una nueva fracción de una derecha populista sería un gran éxito para Salvini. Así podría esperar a un trabajo en conjunto con ambos partidos gobernantes en el Consejo.[5]

Y aquí se presenta más que obvio el verdadero peligro para el proyecto europeo. El resultado esperado en las elecciones hay que comprenderlo, primero que nada, como una expresión del ánimo político de cada Estado miembro. Y es ahí donde de manera creciente partidos de la derecha radical se encuentran en el gobierno. Es ahí donde, mediante el Consejo y las Comisiones Europeas, pueden ejercer mucho más influencia sobre la política europea que en el Parlamento. Un ejemplo: los miembros de las comisiones son nominados por los gobiernos de cada Estado, que hace suponer que el gobierno polaco PiS, la colación austriaca ÖVP-FPÖ, el gobierno italiano compuesto por la Lega y 5-Estrellas junto con el gobierno húngaro bajo Victor Orban procuran coordinarse, llegar a un acuerdo entre todos, y realizar sus propuestas. Podrían recibir apoyo por parte de un gobierno español vuelto a la derecha y compuesto por el PP conservador, los Ciudadanos neoliberales y el Vox de la derecha radical, que, en conjunto y según las encuetas, pueden llegar a una mayoría estable en las nuevas elecciones finales de abril 2019.[6]

Hay que suponer, entonces, que la nueva Comisión Europea tendrá por lo menos dos comisarios del bando de la derecha radical.

Nueva Comisión bajo mando alemán

Debido a las negociaciones intransparentes en el Consejo, resulta poco probable predecir la composición exacta de la nueva comisión. Sin embargo, el nuevo Presidente de la Comisión podrá llamarse Manfred Weber (CSU, el partido hermano del CDU al cual pertenece la canciller alemana Angela Merkel). La canciller alemana Angela Merkel ratificó su apoyo para Manfred Weber.[7] Al lado del jefe del ESM, Klaus Regling, y del Secretario General de la Comisión, Martin Selmayr, con Manfred Weber se ocuparía otro puesto clave europeo. El dominio alemán en la UE también se refleja de manera personal en las instituciones europeas. Durante la crisis, la Comisión creció a ser uno de los órganos europeos más poderosos, que ya no es solamente la guardiana de los tratados o que posee solamente el derecho de iniciativa. Más bien, hoy en día la Comisión es el centro principal de mando y de conducción, a través de la cual se coordina la política de los países miembros y determina parcialmente su contenido. Ningún gobierno es capaz de perseguir una política económica o del mercado laboral de manera autónoma y en contra de la voluntad de la Comisión, sin que éste tenga que temer una presión europea y sanciones financieras.[8] Aunque el Consejo siga siendo el centro europeo del poder, pero durante la crisis muchos mecanismos de governance han sido implementados como p.e. el Semestre Europeo, a través de los cuales la Comisión es capaz de influir en la articulación política nacional.[9]

Después de la crisis es antes de la crisis

El rumbo estratégico y de contenido de la nueva Comisión probablemente se concentrará en otros puntos como lo hace la Comisión actual bajo Jean-Claude Juncker. Eso se debe, por un lado, a la concepción por un mercado más liberal del conservador Manfred Weber, como al debilitamiento coyuntural global avecinándose. Aunque también la Comisión Juncker haya quedado lejos de cumplir con su propósito de fortalecer la dimensión social de la UE (Social Triple A[10]), por lo menos sí ha tematizado las consecuencias sociales de la crisis y, con el Pilar Europeo de los Derechos Sociales, ha dado un paso simbólico importante en la dirección de una Unión social.[11] Tal curso no se puede esperar de una futura Comisión Weber, como indican entrevistas actuales.[12] Es crítico y reservado ante las propuestas por una reforma que profundiza la unión económica y monetaria e insiste en cumplir las reglas de endeudamiento de Maastricht.

Esta actitud podría traer problemas más graves. Aunque la UE haya sobrevivido la crisis, su solución autoritaria en casi todos sus países miembros ha provocado grandes rupturas sociales y ha contribuido a una pérdida de confianza en la democracia y en sus mandatarios políticos. Particularmente en el Europa del Este y del Sur la UE aún no tiene mucho crédito, cuando al mismo tiempo, la derecha radical ha ganado mucho piso en los últimos años. Tan sólo visto desde una perspectiva política, la UE no sobreviviría una nueva crisis.

Aparte, incluso desde una perspectiva económica se puede dudar de la solidez de la UE y, sobre todo, la de la unión monetaria en tiempos de crisis. Primero, porque el Banco Central Europeo como el Lender of last Ressorts ya disparó toda su pólvora monetaria durante la pasada crisis. Así, el interés básico europeo – contrario a los EEUU – sigue en un 0,00% en 2019. En el caso de una nueva crisis, el marco de acción de la BCE en el campo monetario sería bastante delimitado. Desahogos económicos mediante la disminución del interés básico no son posible. Al mismo tiempo reformas necesarias no han sido ejecutadas, aguadas o han fracasado ante el veto de los países nórdicos donantes como Alemania o la Liga anseática. Planes ambiciosos por unas reformas, como aquel para una unión fiscal y de transferencia por parte del Presidente de Estado Emmanuel Macron, se perdieron en el nada de la burocracia europea. Un gobierno europeo de economía con vastas competencias y un presupuesto suficiente hoy en día parece igual de lejano como antes de la crisis. La unión bancaria es vista, desde 2010, como el proyecto más factible, pero sigue siendo – debido a diferentes resistencias – incompleta. Tan sólo el pacto por la estabilidad y el crecimiento ha sido ampliado y fortalecido en su obligatoriedad. Asegurar la estabilidad de la moneda conjunta fue el motivo central de la administración europea durante la crisis entre 2009 hasta 2015. Todos los demás sectores económicos-políticos han sido descuidados. En este sentido, la UE está mal preparada para una nueva irrupción económica.

[1]https://www.pes.eu/en/news-events/news/detail/Frans-Timmermans-ItsTime-for-A-New-Social-Contract-for-Europe/

[2] https://www.politico.eu/2019-european-elections/

[3]  https://www.bundesverfassungsgericht.de/SharedDocs/Pressemitteilungen/DE/2014/bvg14-014.html

[4] https://www.euractiv.com/section/eu-elections-2019/news/afd-chief-doubts-patriotic-alliance-could-be-formed-in-next-european-parliament/

[5] https://www.theguardian.com/world/2019/apr/04/salvini-aims-to-forge-far-right-alliance-ahead-of-european-elections

[6] https://pollofpolls.eu/ES

[7]  http://www.spiegel.de/politik/ausland/manfred-weber-evp-spitzenkandidat-von-angela-merkels-gnaden-a-1237389.html

[8]  https://awblog.at/frankreich-neue-europaeische-arbeitsmarktpolitik/

[9]  https://www.rosalux.de/en/publication/id/39804/ten-years-of-crisis/

[10]  https://www.politico.eu/article/jean-claude-junckers-social-agenda-europe-commission-president/

[11]  https://www.boeckler.de/pdf/p_wsi_pb_17e_2017.pdf

[12]  https://www.handelsblatt.com/politik/international/interview-manfred-weber-kritisiert-das-erscheinungsbild-der-bundesregierung-in-europa/23637748.html?ticket=ST-503888-GYgMP6rtrYaxjqMF907p-ap1