(Investigación: Isaac Campos Costero y Gustavo López de la O Traducción: Midiala Rosales Rosa)

Esta información fue tomada de Proceso.com.mx

Archivos Abiertos es una nueva sección, de periodicidad mensual, que ofrece Proceso a sus lectores a partir de este número. En colaboración con National Security Archive (NSA), organización no gubernamental estadunidense que promueve el acceso a archivos gubernamentales a nivel mundial, y con textos de la experimentada analista Kate Doyle -responsable del Proyecto México, de NSA-, Archivos Abiertos presenta reportajes elaborados a partir de documentos oficiales desclasificados, obtenidos en México y Estados Unidos Los documentos en que se basa la sección pueden ser consultados por los lectores en Internet en la dirección: wwwnsarchiveorg/mexico. 

Aunque el propósito de la sección es presentar materiales con valor histórico independiente de la coyuntura noticiosa, esta primera entrega muestra que cuando el gobierno mexicano ha dicho No a Washington en foros internacionales como ha sucedido, hasta ahora, en relación con el conflicto de Irak-, esto no significa necesariamente que fuera de los reflectores se le haya negado el apoyo al vecino del norte Diferencias públicas, acuerdos privados Así sucedió en momentos candentes de la relación entre Estados Unidos y la Cuba de Fidel Castro, como se muestra a continuación.

Las históricas relaciones entre México y la Cuba de Fidel Castro son, en buena medida, una leyenda que ambas naciones han promovido incansablemente desde 1959. En los años que siguieron al triunfo de la revolución cubana, a pesar de la intensa presión de Washington, México probó ser un inquebrantable aliado de Cuba. En 1960, el presidente Adolfo López Mateos demostró su apoyo al nuevo gobierno de la isla al invitar a México, para una visita de Estado, al presidente cubano Osvaldo Dorticós. En 1961, el gobierno mexicano encabezó las protestas en Naciones Unidas contra la invasión de Bahía de Cochinos, México se opuso repetidamente a que la Organización de Estados Americanos (OEA) impusiera sanciones económicas a Cuba; y, en 1964, se convirtió en el único miembro de la OEA que rechazó la iniciativa, encabezada por Estados Unidos, de romper relaciones diplomáticas con La Habana.

 Durante las décadas que siguieron, Cuba supo que podía contar con el apoyo de los amigos mexicanos en el hostil hemisferio Después de todo, la afinidad de México con La Habana estaba directamente conectada con su propia herencia revolucionaria.
Al menos ésa es la leyenda.
Pero unos archivos recién desclasificados por Estados Unidos, que se encuentran en el Archivo Nacional en Washington y en la biblioteca Lyndon B Johnson, en Austin, Texas, nos cuentan que la historia real sobre las relaciones mexicano-cubanas es más compleja de lo que la versión oficial nos ha hecho creer.
Cierto, esta alianza histórica ya fue desafiada por el dramático deterioro de las relaciones mexicano-cubanas bajo el gobierno del presidente Vicente Fox Primero, fue el torpe intento de Fox, en abril de 2002, de orquestar la salida de Castro de la Cumbre Económica de Monterrey antes de que llegara el presidente Bush; luego, México se unió a la mayoría en Naciones Unidas al censurar a Cuba por su espantoso historial en materia de derechos humanos.
Estas acciones produjeron muy pronto reclamaciones en el sentido de que Fox estaba destruyendo la orgullosa tradición de amistad con Cuba, fundada en el desafío a la presión estadunidense durante el período más candente de la Guerra Fría
Durante la Guerra Fría, la política exterior mexicana pareció tomar un camino independiente, particularmente en América Latina.
A pesar del evidente desagrado de las autoridades mexicanas por el comunismo y la poca tolerancia con su disidencia interna, México se negó a seguir la línea ideológica de Estados Unidos para el hemisferio México no sólo preservó sus relaciones diplomáticas con la Cuba de Castro, sino que se ofreció como un refugio seguro para los exiliados políticos de toda la región y encabezó el Grupo Contadora que intentaba reducir la intervención estadunidense en Centroamérica en la década de los ochenta frente a la abrumadora y pública desaprobación de Estados Unidos.
En el caso de Cuba, los documentos desclasificados ofrecen nuevas evidencias de que la tolerancia de Estados Unidos hacia la intransigencia de México estuvo basada en un pacto secreto que hicieron los jefes de Estado mexicanos con sus contrapartes de Washington.
La falacia mexicana
Los documentos ilustran las formas en que México ejecutó una peligrosa danza diplomática: Mantener una postura pública de apoyo al régimen de Castro mientras, secretamente, concedía mucho más a la presión de Estados Unidos de lo que han creído los analistas.
La Revolución Cubana -y la virulenta reacción de Washington hacia ésta- constituyó un reto directo para la doctrina Estrada de México El gobierno de López Mateos no dudó en unirse al resto de América Latina al censurar el papel de Cuba en la crisis de los misiles de 1962 Pero enfrentó un dilema diplomático más complicado en 1964, cuando la presión de Estados Unidos forzó un voto en la OEA para romper relaciones con el régimen de Castro por la agresión contra el gobierno de Venezuela.
La decisión de México de no romper con Cuba ha sido citada frecuentemente como un ejemplo de su independencia en política exterior En realidad, hay evidencia de que el deseo de México de preservar su autonomía sobre la cuestión de Cuba coincidió con la necesidad de Estados Unidos de mantener alguna influencia sobre Castro y de espiar al país.
Cuatro meses después de la reunión de la OEA, en julio de 1964, el presidente Lyndon B Johnson estaba preparando el recibimiento a Gustavo Díaz Ordaz, en su primera visita a Estados Unidos como presidente electo de México En una conversación telefónica grabada entre Johnson, que hablaba desde su rancho en la región central de Texas, y el poderoso senador Richard Russell, demócrata de Georgia y jefe del Comité de las Fuerzas Armadas, Johnson pidió consejo sobre la reacción del senador a la decisión de México de mantener los lazos con Cuba.
“¿Qué piensa que debo decirle a Díaz Ordaz, acerca de que México es el único país que no condenó a Cuba?”, preguntó el presidente. Russell respondió airadamente: “Yo le diría solamente que usted juzga eso como muy desafortunado, y que es un gran problema para los principios de la buena vecindad; que él, así como sus otros predecesores y todos, sabía que usted quiere que Estados Unidos sea un extraordinario y buen amigo para México, pero que la actitud de la opinión pública en Estados Unidos es tal que usted no puede desafiar a todos poniéndose a favor de él Bueno, yo no sé si deba usted ser tan rígido Sí, yo creo que debería El estado de la opinión pública en este país -que no entiende la actitud de México- se la pone muy difícil a usted Y que, francamente, usted no ha podido entender tampoco su actitud”.
Minutos más tarde, Johnson tomó una llamada de su secretario de Estado, Dean Rusk Como hablaban de asuntos mundiales, la conversación giró hacia México
Rusk: Ordaz va a venir, ¿cuándo, a mediodía?
Johnson: Sí Cerca de las 12 en punto
Rusk: Exacto Bueno, espero que usted tenga un buen encuentro con él
Johnson: ¿Qué debo decirle sobre lo de Cuba?
Mientras que el senador Russell respondió con la convencional sabiduría sobre lo que percibió como una traición de México a su especial relación con Estados Unidos, Rusk fue optimista: no recomendó al presidente que se quejara sobre la decisión de México: “Yo no tocaría eso mucho El antecedente es que durante nuestra reunión de ministros de Relaciones Exteriores en julio último, un buen número de nosotros -Brasil y otros- hablamos acerca de la conveniencia práctica de tener, al menos, una embajada latinoamericana ahí, si fuera posible () Y, por tanto, el hemisferio está bastante relajado por el hecho de que los mexicanos permanezcan ahí por un tiempo Yo le enfatizaría a él la importancia de que dé algunos pasos necesarios para no permitir que los cubanos utilicen a México como un canal para el dinero o los agentes o para los viajes de los estudiantes que van a Cuba a entrenarse y cosas como esas Entonces, dígale que esperamos que él revisará toda la situación cubana y sus propias relaciones con el hemisferio y con América Latina Pero yo no lo presionaría excesivamente para romper relaciones”
Johnson respondió: “Está bien, eso está bien”.
La posición de Rusk fue confirmada en un cable secreto enviado a Washington, tres años después, por el segundo de la embajada estadunidense en México, Henry Dearborn En mayo de 1967, una pequeña fuerza guerrillera liderada por oficiales del Ejército cubano fue capturada en el estado venezolano de Miranda Venezuela respondió al ultraje llamando a la condena del hemisferio contra las acciones de Cuba Reaccionando a una solicitud del gobierno de Venezuela para estimular a México para que rompiera relaciones con Cuba, Dearborn envió un cable al Departamento de Estado:
Fui informado, desde mi reciente arribo al puesto, que GM (gobierno mexicano) tiene entendimientos informales a altos niveles con gobierno de Estados Unidos para mantener relaciones con Cuba y para que un país de la OEA mantenga un pie en esa puerta, lo cual pudiera resultar de gran ayuda No tenemos documentación sobre esto aquí, pero si es verdad, no deberíamos darle la impresión a GV (gobierno de Venezuela) que deseamos presionar a GM (gobierno de México) ni siquiera secretamente.
En otras palabras, Estados Unidos se negaría a presionar a México, ni abiertamente ni en forma encubierta, para que cortara sus lazos con Cuba, dada la oportunidad de manipulación que ofrecía a Estados Unidos la presencia diplomática de México ahí.
Espiando para Estados Unidos
En los documentos desclasificados se hace evidente que Estados Unidos recopilaba regularmente información de inteligencia sobre el desarrollo económico, político y social en Cuba usando como fuente directa al embajador de México en La Habana
El embajador Fernando Pámanes Escobedo fueuna de esas fuentes El 2 de junio de 1967, un funcionario de la embajada de Estados Unidos en México, Francis S Sherry III, se sentó a conversar con Pámanes cuando éste se encontraba en México, llamado para consultas por la Secretaría de Relaciones Exteriores De acuerdo con el documento secreto de la embajada estadunidense sobre dicha conversación -el cual fue revisado y aprobado por el jefe de la CIA en la Ciudad de México, Winston Scott-, Pámanes informó a Sherry sobre un amplio rango de temas muy sensibles Incluían los efectos de la penuria económica de Cuba sobre sus ciudadanos y el resultante descontento popular, los asuntos militares, las deterioradas relaciones entre Cuba y la Unión Soviética, e información sobre los cubanos que buscaban asilo en la embajada mexicana
He aquí un informe de Sherry sobre la descripción de Pámanes Escobedo de un reciente despliegue del Ejército cubano:
Pámanes estima que más de 30 mil soldados fueron asignados para las tareas de defensa a lo largo de la costa sur, poniendo a los guardias y milicianos en estado de alerta Este tipo de movilización parcial le permitió a Castro aumentar el control sobre el pueblo, a pesar de que los cubanos parecían genuinamente preocupados por la posible represalia de Venezuela, con el apoyo de Estados Unidos Sin mencionar su nombre, Pámanes dijo que un funcionario cubano le había dicho, hablando en privado, que los cubanos estaban previniendo que los venezolanos pudieran bombardear instalaciones o intentar invadir, con comandos limitados, por la costa cubana.
El embajador Pámanes también informó que había visto un sospechoso barco de carga soviético:
Durante uno de sus viajes al puerto de Mariel, en abril de 1967 -escribió la embajada de Estados Unidos-, Pámanes observó, a cierta distancia, que descargaban un barco soviético de nombre no identificado, que llevaba cajas grandes y pequeñas, las cuales probablemente contenían pequeños misiles de mediano alcance Cuatro o seis misiles fueron cargados en un camión de alrededor de 30 toneladas de capacidad cada uno Pámanes descubrió que ocho de esos camiones hicieron un largo recorrido fuertemente escoltados Éste es el único desembarco de misiles observado por el embajador Pámanes desde que llegó a Cuba
El documento enviado el 10 de junio al Departamento de Estado por el segundo en importancia de la misión estadunidense, Henry Dearborn, en un aerograma, llegó con una nota del propio Dearborn en la cual se leía: A la reunión del Sr Sherry con el embajador Pámanes y el documento anexo debe dársele la máxima protección de seguridad
Una prueba de la importancia del documento es que se envió una copia a la Casa Blanca varios días después, con una cubierta firmada por Walt Rostow, el consejero de Seguridad Nacional de Johnson, donde se leía: “Esta información de primera mano sobre la situación en Cuba (palabras tachadas) tiene aspectos interesantes WWRostow”
Sólo tres meses después, la embajada de Estados Unidos tuvo su primera conversación con el nuevo embajador mexicano en Cuba, Miguel Covián Pérez, para discutir, entre otros asuntos, un conflicto con La Habana sobre la repatriación de ciudadanos estadunidenses A pesar de que Covián advirtió en la reunión que “es importante aclarar desde un principio que él es embajador del gobierno de México y no un representante no oficial de Estados Unidos”, estuvo de acuerdo en comunicar lo que pasaba en Cuba a la embajada estadunidense, no sólo mediante informes al secretario de Relaciones Exteriores, Antonio Carrillo Flores, sino también a través de “contactos informales y no oficiales” con el entonces diputado federal Alfonso Martínez Domínguez.
Independencia a medias
En público, México repetidamente enfatizó la defensa de su soberanía para manejar la política exterior fuera de la influencia de su gigante vecino del norte Pero en reuniones privadas con sus contrapartes, los presidentes mexicanos se esforzaron por asegurar a Estados Unidos su apoyo para que consiguiera sus objetivos en Cuba y en otras partes del mundo
En un documento enviado al presidente Johnson, justo antes de su encuentro con Adolfo López Mateos, el 18 de febrero de 1964, el secretario Rusk apuntaba: “A veces su política exterior es muy independiente, por ejemplo, en el caso de Cuba, y en sus relaciones comerciales y culturales con China Pero cuando los asuntos fundamentales están en juego, nosotros siempre hemos comprobado que se muestra comprensivo y deseoso de ser útil”, al controlar los viajes de los “agentes de Castro” desde y hacia México, por ejemplo (subrayado del original).
Más tarde, ese mismo año, el sucesor de López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, refrendó esa confianza “Estados Unidos puede estar absolutamente seguro de que cuando la suerte esté echada, México estará inequívocamente a su lado”, le dijo Díaz a Johnson cuando discutieron la posición de México hacia Cuba
El presidente mexicano agregó que un México siempre complaciente, que nunca disienta con la política de Estados Unidos, a pesar de la opinión de sus ciudadanos, sería inútil a los estadunidenses
“Sería muy ventajoso que, cuando los asuntos en juego no sean tan importantes, México continúe demostrando su independencia política y su divergencia en los asuntos relativamente menores”
El consejero de Seguridad Nacional, que firmó el documento de esta conversación, advirtió a la Casa Blanca que su distribución debía ser limitada: “Si esto se hiciera público, podría realmente hacerle daño a Díaz Ordaz”
Los nuevos documentos muestran que las relaciones mexicano-cubanas no implican necesariamente que la política de México hacia Cuba sea y haya sido siempre una mentira, sino más bien que los líderes mexicanos se manejaron hábilmente y negociaron su independencia frente a la intensa presión de Washington.
Pero los archivos desclasificados sí ofrecen un cuadro claro del doble juego que México jugó durante décadas en sus relaciones con Cuba Por una parte, promovió una imagen de sí mismo como un líder valiente e independiente, incluso dispuesto a ponerse de parte de la sitiada isla, a pesar de lo impopular que se hizo México ante los ojos de su poderoso aliado Y por otra, el gobierno mexicano filtraba información de inteligencia y se ganaba la confianza de los funcionarios estadunidenses, cuando se trataba de asuntos que creía importantes, en un esfuerzo por congraciarse y ganarse el favor de Estados Unidos en las delicadas negociaciones bilaterales.
Vista bajo esta luz, la reciente decisión de México de unirse a la condena a Cuba por sus antecedentes en derechos humanos, sí representa algo nuevo Fue la primera vez que México ignoró su propia propaganda para darle forma a una política de una sola cara, diseñada no por la duplicidad pública, sino por la diplomacia que mantenía secretamente en el pasado.