Por: Daniel Silva Narváez. Especialista en Movimientos Sociales, Sistemas Políticos y Geopolítica del Capital

Resumen

   Dada la importancia que el sudeste asiático ha adquirido en los últimos años como espacio estratégico para la continuidad de la hegemonía estadounidense, el fenómeno de la piratería en la región, como forma de expresión del desarrollo desigual capitalista, ha sido aprovechado de forma táctica por el gobierno de los Estados Unidos de América como parte de su estrategia de contención local de los intereses de su principal competidor económico: la República Popular China.

Breve Introducción

 

En años recientes, el fenómeno de la piratería ha cobrado una relevancia mediática particular, tal y como lo han demostrado las numerosas imágenes que los noticieros han difundido a nivel global: Sujetos armados en pequeños navíos abordando grandes barcos y buques mercantes en todo el mundo. Una situación que resultaría difícil de comprender dentro del sistema mundo moderno si sólo nos quedásemos con las referencias que caben en una nota informativa; es necesaria una explicación geopolítica a diferentes escalas en un contexto de espacio mundial capitalista.[1]

Si bien es cierto que la piratería, entendiéndola de forma conceptual como “todo acto ilegal de violencia o de detención o todo acto de depredación cometidos con un propósito personal por la tripulación o los pasajeros de un buque privado o de una aeronave privada dirigidos contra un buque o una aeronave en la alta mar o contra personas o bienes a bordo de ellos”[2]  no es un fenómeno históricamente reciente, sí es evidente que ha habido un repunte del mismo en ciertas regiones del planeta, particularmente desde el año 2009 (de acuerdo con cifras del Centro de Reportes sobre Piratería de la Oficina Marítima Internacional, IMB por sus siglas en inglés).

El Mar Caribe, el Golfo de Guinea, las costas de Somalia y el Sudeste Asiático son las regiones en donde se han reportado con mayor incidencia los actos calificados como piratería. Pese a la relevancia que representan en el contexto internacional (dadas las implicaciones sociales y económicas que les acompañan), no todas han recibido la misma atención mediática, ni han provocado acciones puntuales para combatirlas. Tal es el caso del Sudeste Asiático.

FUENTE: Elaboración del autor mediante Google Earth.

Desde el año 2011, mientras que en regiones como Somalia han disminuido los actos de piratería, en el Sudeste Asiático se ha registrado un notable incremento en los mismos; específicamente en la región del Estrecho de Malaca (entre Malasia, Indonesia y Singapur) y el Mar de China Meridional (Vietnam y Filipinas). Desde entonces, la frecuencia de los ataques en la zona se ha mantenido constante.

FUENTE: Piracy Reporting Centre. International Maritime Bureau (IMB)

 

Pese a esto, pocas acciones se han emprendido al respecto por parte de organismos internacionales o los países en los cuales se desarrolla este fenómeno, teniendo en cuenta la importancia económica que el Sudeste Asiático representa a nivel mundial:

  • Por la región, anualmente navegan alrededor de 100,000 embarcaciones, se transportan cargamentos con un valor aproximado de 40 mil millones de dólares (1/3 del comercio mundial) y circulan alrededor de 18 millones de pasajeros[3].
  • 2/3 del flujo mundial de gas natural licuado.
  • 2/3 del suministro energético de Corea del Sur.
  • 60% de los suministros de Taiwán y Japón.
  • 80% del petróleo chino.
  • Se estima que alrededor del 50% del tráfico mundial de buques cisterna con cargamento de petróleo fluye a través de los mares de la región. Y para el año 2035, se espera que el 90% de las exportaciones de combustibles fósiles desde el Medio Oriente hacia la región de Asia Oriental transiten precisamente por esas aguas.[4]
  • Tráfico de armas, drogas (principalmente heroína, anfetamina y éxtasis) y trata de personas (con fines de explotación sexual y laboral).[5]
  • Reservas por 18 mil millones de toneladas de petróleo crudo.[6]
  • Dentro de los 20 principales puertos a nivel internacional, 13 se encuentran en el Sudeste Asiático (8 de ellos en China).[7]

 

Casi de forma paralela a los incrementos en los incidentes de piratería en la región, desde comienzos del siglo XXI el gobierno de los Estados Unidos de América ha mostrado un renovado interés en la región, que se ha materializado con mayor claridad a partir del año 2011 (Política Pivote del gobierno de Barack Obama) con un reforzamiento en múltiples frentes: alianzas diplomáticas con algunos países de la zona, desestabilización política en otros, aumento de efectivos militares en forma directa y en conjunto con fuerzas armadas locales e inversión de capitales. Resulta evidente el esfuerzo para reivindicar la hegemonía mundial estadounidense frente a la cada vez mayor presencia (diplomática, militar y financiera) de la República Popular China, que pudiera  amenazar su posición como sujeto hegemónico dentro del sistema mundo capitalista.

En este contexto, cabría entonces hacerse la siguiente pregunta: ¿Cuál es el papel que juega el fenómeno de la piratería en la reproducción de la hegemonía estadounidense en el Sudeste Asiático?

Como respuesta, se plantea la siguiente hipótesis: El Sudeste Asiático se ha vuelto un espacio de particular importancia para los Estados Unidos de América en tanto sujeto hegemónico, debido a la cada vez mayor presencia de China en la región, la importancia de sus flujos comerciales a escala mundial y la existencia de importantes reservas energéticas en sus mares. Así, la piratería (resultado del desarrollo desigual producido por la diferenciación interna de espacios en el capitalismo) es aprovechada como táctica por la élite estadounidense (dentro de su estrategia de contención hacia China) para mantener inestabilidad en la zona del Estrecho de Malaca, impidiéndole al gobierno de la República Popular China tener el control sobre su principal ruta de abastecimiento energético; y para justificar el aumento de la presencia militar de los Estados Unidos en la zona del Mar de China Meridional (bajo el pretexto de proteger la libertad de navegación amenazada por la delincuencia organizada y el terrorismo), frente a las pretensiones explícitas del gobierno chino por asumir plena soberanía  sobre una de las mayores reservas petroleras a nivel mundial. De esta manera, el espacio comprendido entre el Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional  se convierte en un espacio de reserva, tanto para la continuidad de los Estados Unidos como sujeto hegemónico en el Sudeste Asiático (y en consecuencia, a nivel mundial), como para el pleno ejercicio de la soberanía china y la construcción de su propia hegemonía.

De conformidad con lo anterior, los objetivos que se plantean en el presente artículo son los siguientes:

1).- Describir el modus operandi de la piratería en las aguas del Sudeste Asiático e identificar a los grupos que la ejercen y/o pudieran estar relacionados con ella en el área del Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional.

2).- Mencionar las causas (desde diferentes escalas en un contexto de fragmentación y rediferenciación del espacio por el capital)  que expliquen el porqué de la presencia de la piratería en las aguas del Sudeste Asiático.

3).- Argumentar por qué el fenómeno de la piratería puede considerarse como una táctica dentro de la estrategia de contención estadounidense hacia China.

4).- Explicar y delimitar (desde el concepto de la hegemonía) por qué el espacio  comprendido entre el Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional constituye un espacio de reserva, tanto para los Estados Unidos como para China.

La Piratería en Cifras

LOCALIZACIÓN DE LOS ACTOS DE PIRATERÍA REGISTRADOS DESDE EL 1º DE ENERO HASTA EL 31 DE DICIEMBRE DE 2016.

FUENTE: Piracy Reporting Centre. International Maritime Bureau (IMB).

 

Durante el año 2016, de los 191 actos considerados como piratería marítima que se registraron  a nivel mundial (de acuerdo con cifras del IMB), 84 de ellos (el 44% del total) se efectuaron en las aguas del Sudeste Asiático: 49 en Indonesia, 10 en Filipinas, 9 en Vietnam, 7 en Malasia, 7 en la República Popular China y 2 en Singapur.

A diferencia de lo que ocurre en otras regiones donde también se presenta la piratería, en el  Sudeste Asiático la gran mayoría de los ataques se producen cuando las embarcaciones transitan a muy baja velocidad (debido a su volumen y poca profundidad de las aguas, especialmente en el Estrecho de Malaca) y cuando se encuentran ancladas en los puertos, o cerca de ellos. De los 84 incidentes registrados en 2016, 73 ocurrieron bajo esta modalidad; nuevamente con Indonesia encabezando la lista (45 incidentes principalmente en los puertos de Taboneo, Samarinda, Yakarta, Dumai y Batam), seguido de Vietnam (con 9 hechos, la mayoría en el puerto de Vung Tau) y Filipinas (con 6 incidentes, la mitad de ellos en el puerto de Davao). Generalmente son cometidos por grupos reducidos (reclutados entre pescadores y marineros, que por sus habilidades y nociones sobre el mar son la tripulación idónea para ejecutar con éxito los ataques), que van armados con cuchillos, machetes y armas de fuego de diversos calibres, que suelen aprovechar la noche para cometer los ataques.[8]  Sin embargo, los abordajes también se producen en alta mar, empleando botes de alta velocidad equipados con varios motores, en muchos casos de madera para no ser detectados por los radares. De cualquier modo, la mayoría de los ataques se enfocan al robo de equipamiento de los buques, pertenencias de la tripulación a bordo y de una parte (o la totalidad incluso) del cargamento de la embarcación en cuestión; aunque también se han registrado operaciones con objetivos más complejos: el apoderamiento de toda la mercancía almacenada y del barco mismo, para cambiar su imagen exterior (incluyendo el nombre) y posteriormente venderlo con ayuda de las redes de contrabando y la complicidad de oficiales gubernamentales (quienes proporcionan documentación falsa y facilitan la distribución de las mercancías en el mercado negro). Así mismo, en años recientes se ha sumado el secuestro de las tripulaciones con la finalidad de pedir un rescate a cambio de su liberación.[9]

Los principales objetivos de ataque son los cargueros y los buques petroleros.[10] Al ser embarcaciones de avance lento y circular con frecuencia por aguas regionales, son blanco recurrente de los piratas. Los cargueros (que representan 1/3 de los ataques de todo el Sudeste Asiático) son comúnmente abordados para tomar su mercancía y posteriormente vender la embarcación transformada con documentos falsos. En lo que respecta a los buques petroleros, el objetivo principal es el valioso producto que transportan: “Los criminales atan y encierran a la tripulación y activan la descarga del contenido del tanque a otro buque que tienen en su poder. Este tipo de acción se conoce como sifonaje y puede durar entre 6 y 10 horas.”[11]

La forma en la que se llevan a cabo estas acciones hace suponer la participación de individuos y grupos con cierto grado de entrenamiento, conocimiento y equipamiento que van más allá de la simple rapiña y el robo oportunista señalados en otros casos. Implican la presencia de organizaciones bien estructuradas que, directa o indirectamente, están relacionados con la piratería en la región (o se benefician con ella), económica y políticamente: Movimientos separatistas locales, el tráfico de armas y drogas, la trata de personas, lavado de dinero, compra y venta de mercancías en el mercado negro. La relevancia del flujo comercial del Sudeste Asiático conecta a diversos grupos que, aunque no sea posible señalarlos directamente como operadores primarios de la piratería en esta zona (salvo algunas excepciones perfectamente bien identificadas), el giro de sus actividades permite suponer que existe relación con quienes la practican:

1.- Wa Rojos: Formada por antiguos componentes de la guerrilla comunista de Birmania, ahora opera en el conocido “Triángulo de Oro” en la frontera con Tailandia. Se especializa en la producción y tráfico de drogas sintéticas.

2.- Jao Pho: Conocidos también como “padrinos locales” de Tailandia, son empresarios con habilidad para intermediar entre el poder político y una red de pequeños comerciantes. Especialistas en el tráfico de influencias.

3.- Mafia Camboyana: Especializada en el tráfico de personas para prostitución (adulta e infantil). Vinculada al turismo sexual.

4.Tríadas: De origen chino, han tejido su red de operaciones en ciudades como Hong Kong, Macao, Tokio, Karachi, Yakarta, Bangkok y Osaka. Controlan el contrabando de tabaco, armas, artículos de lujo, componentes automotrices, falsificación de documentos, clonación de tarjetas de crédito, infiltración en compañías locales de transporte. Tráfico de personas desde China, Tailandia, Vietnam e Indonesia hacia los Estados Unidos, Australia y Europa. Tráfico de heroína (principalmente desde los puertos de Pakistán y el “Triángulo de Oro”: Myanmar, Tailandia y Laos).

5.Heijin: El heijin u “Oro negro”, es una sociedad mafiosa de Taiwán que conecta los intereses de la política, los empresarios y el crimen organizado.

6.- Cuadrillas Vietnamitas (Tong): Con enlaces en Australia, Estados Unidos y Canadá, operan el tráfico de personas y la migración ilegal con destino a Europa, Australia, los Emiratos Árabes, Sudáfrica, Estados Unidos, Japón y Rusia.

7.Yakuza: De origen japonés, este colectivo, con ramificaciones en Taiwán, Filipinas, Hong Kong y los Estados Unidos, se dedica al contrabando de armamento y al tráfico de anfetaminas.

8.Abu Sayyaf: Movimiento separatista de inspiración yihadista que se encuentra en la región sur de Filipinas, con fuerte influencia en Malasia e Indonesia. Reivindica la creación de un Estado Islámico para la población musulmana en Filipinas. Como parte de su estrategia para financiar sus operaciones, recurren al robo de mercancías y al secuestro de la tripulación de las embarcaciones que transitan por las aguas al occidente de Filipinas y noreste de Indonesia.

Grupos y organizaciones que dirigen los flujos comerciales, legales e ilegales, que revisten de especial importancia la zona del Sudeste Asiático y las aguas entre el Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional. Jugando un papel fundamental en la construcción de su condición estratégica en el presente y de reserva para la hegemonía chino-estadounidense (en el futuro próximo).

Más allá de estas cifras, que por sí mismas no permiten comprender la magnitud de la situación, es necesario profundizar en las condiciones que las generan; pues de esta manera es posible explicar su origen, su papel en el espacio del capital mundial y su conexión con el juego de la hegemonía entre el sujeto hegemónico contemporáneo (E.U.A.) y su más cercano competidor (la República Popular China).

Piratería: Capitalismo y Diferenciación de Espacios

Para entender un fenómeno como la piratería, es necesario ahondar en las diferentes capas en las cuales se producen las condiciones que le favorecen, desde un punto de vista geopolítico crítico. Que no se limite a las relaciones de poder entre los Estados y contemple la dinámica de reproducción del capital.

El sistema mundo moderno es un sistema de lógica capitalista: Busca garantizar la reproducción y acumulación continua del capital, sobre las bases del libre mercado, la propiedad privada y la individualidad.[12] Para conseguir este objetivo, dentro del proceso expansivo que ha observado el capital desde el siglo XVI, paralelamente ha ido produciendo espacios locales y regionales que le han permitido construir un solo espacio global en el siglo XX. Sin embargo, para continuar garantizando su propia reproducción, el capital necesita diferenciar constantemente sus propios espacios; de tal manera que se acomoden a sus necesidades, tanto a escala local, regional y mundial[13], produciendo la totalidad. Con nuevas significaciones del colonialismo que también han acompañado al capital en su proceso expansivo.

El Sudeste Asiático, en particular países como Malasia, Indonesia, Filipinas, Camboya o Vietnam, han tenido ese distintivo del colonialismo en su construcción espacial: política, cultural y económicamente. De manera simultánea en el proceso de producción de los espacios por el capital[14], se han introducido diversos valores euro-americanos de carácter universalista con la intención de modificar los valores locales para que se justifiquen y faciliten las acciones de reproducción del capital: la propiedad privada de los medios de producción, el Estado-Nación como marco regulador de las relaciones sociales y garante legal de la propiedad privada, apología del consumismo como única forma de realización del sujeto, la democracia representativa como único sistema político viable, el estilo de vida occidental como un ideal a realizar, la inmanencia del libre mercado, la transhistoricidad del desarrollo humano, la fetichización de la tecnología, el racismo y el sexismo. Se busca la adaptación de un nuevo lenguaje, la geocultura; misma que ha favorecido ciertas condiciones y reprimido otras (que van cambiando conforme las necesidades del capital lo hacen) para abrir (y mantener) mercados emergentes, explotar sus recursos a partir del despojo de los mismos y direccionar los flujos que se construyen a partir de esta dinámica[15]. Sin prácticamente ninguna retribución a las localidades.

El impacto de esta relación ha sido más que evidente en la región: Estados-Nación débiles conforme a los estándares globalizados de la democracia neoliberal (pero funcionales a nivel local para las condiciones espaciales que demanda la reproducción capitalista) con una creciente pauperización del bienestar de la población (El porcentaje de habitantes que se encuentra bajo la línea de pobreza en Indonesia es del 20%, cerca de 50 millones de personas; en Filipinas es del 19%, alrededor de 21 millones de habitantes; y en Vietnam es del 40%, aproximadamente 37 millones de personas)[16], que puede palparse en las precarias  condiciones laborales que imperan en los países del Sudeste Asiático, con elevados niveles de desempleo en comparación a su número de habitantes: Indonesia con 7%, cerca de 18 millones de habitantes; Malasia con 5%, alrededor de un millón trescientas mil  personas; Filipinas con 8%, aproximadamente 9 millones de habitantes; y Vietnam con 11%, cerca de 10 millones de personas[17]. Estos niveles de desempleo estructural  pueden explicarse, en parte, a los procesos de despojo a los que han sido sometidos sus habitantes en grandes regiones de la zona: los suelos de Indonesia, Malasia, Vietnam y Filipinas son particularmente abundantes en bosques madereros, minas de carbón, plata y oro, que han sido adquiridos por empresas privadas para su explotación, y que una vez agotados, se destinan a suelos de cultivo (en el caso específico de los bosques madereros); expulsando a sus ocupantes originales, que tienen la opción de venderse como fuerza de trabajo en las minas y campos o migrar a los centros urbanos y comunidades costeras en busca de otras fuentes de ingresos (optando muchas veces por las actividades ilegales, que sí bien implican correr mayores riesgos, generan más beneficios en el corto plazo). Un proceso de acumulación de capital por despojo.[18]

Un proceso que es violento en sí mismo. Violencia que genera pobreza. Pobreza que genera otros tipos de violencia: Resistencia frente a los procesos de despojo o la  integración a cadenas productivas cuya base de ganancia es la violencia misma (la prostitución, migración ilegal, tráfico de drogas, explotación laboral o como en las aguas y costas del Sudeste de Asia, el ejercicio de la piratería participando en los grupos de ataque).[19] Todas como intentos por subsistir.

El desarrollo desigual producido por la diferenciación del espacio como una fuente de materias primas, mercados emergentes y mano de obra barata acompañada de instituciones políticas débiles, ha desarrollado formas de violencia y exclusión como la pobreza, siendo la piratería una de sus expresiones más directas.

Sin embargo, pese al impacto multi-escalar que ha provocado la práctica de la piratería, pocas acciones efectivas se han emprendido para combatirla por parte de los países en donde este fenómeno tiene mayor presencia. No ha sido un tema prioritario, más allá del discurso oficial:[20] La debilidad institucional de los Estados ha dificultado el establecimiento de políticas especializadas para combatir la piratería a nivel local; la falta de regulación de las actividades marítimas ha favorecido la complicidad de las autoridades gubernamentales con los grupos ligados a la piratería, al consentir el acceso de las embarcaciones a las costas y la entrada de los bienes sustraídos al mercado por medio de permisos y documentación falsa; y aunado a lo anterior, la falta de cooperación mutua entre los diversos países, pretextando vacíos legales en la normatividad internacional o atribuyendo un carácter doméstico del fenómeno de la piratería que debe ser asumido por cada país en sus aguas territoriales.[21]

La principal organización multilateral creada en el Sudeste Asiático con el fin de perseguir y erradicar las diversas manifestaciones de la piratería, el Acuerdo de Cooperación Regional para Combatir la Piratería (ReCAAP, por sus siglas en inglés) que opera desde el 2006, es un claro referente en esta situación. Integrada por Bangladesh, Brunei, Camboya, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Laos, Malasia, Myanmar, Filipinas, Singapur, Tailandia, Vietnam y los Estados Unidos de América, ha tenido resultados ambiguos en el alcance de sus objetivos, pese a contar con un centro de información y un conglomerado de patrullaje naval propio (Malsindo): No sólo los ataques piratas han permanecido constantes, sino que incluso se han incrementado en ciertos puntos y no todos los países miembros muestran una total disposición a cooperar (principalmente Malasia e Indonesia). Además, resulta notoria la exclusión de uno de los países más afectados por la piratería, dado el volumen de mercancías que transporta por las aguas del Sudeste Asiático: la República Popular China; que reclama para sí la soberanía total sobre las aguas del Mar de China Meridional y que de manera unilateral, bajo el argumento del combate a la piratería en sus “aguas territoriales”, mantiene sus propios patrullajes navales y militares en la zona. Acciones que han sido rechazadas por el ReCAAP.

Con el argumento de la lucha contra la piratería (y como miembro del Acuerdo de Cooperación Regional para Combatir la Piratería), el gobierno de los Estados Unidos también mantiene presencia naval militar en las inmediaciones del Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional (tanto de manera conjunta con otros países de la zona, como de forma unilateral); misma que ha venido incrementándose desde el año 2011[22]. De manera simultánea, ha emprendido ejercicios militares bilaterales con la mayoría de los países miembros como parte de la táctica de entrenamiento cuyo objetivo oficial es hacer frente a la delincuencia organizada y el terrorismo.

Más allá de las formas legales y los discursos oficiales, se observan tácticas dentro de una estrategia de rearticulación por parte del gobierno estadounidense para mantener su papel como sujeto hegemónico de un espacio  capitalista global, cuya rediferenciación continua impide que la piratería, como consecuencia de la misma, desaparezca mediante acciones políticas y militares. Si bien los Estados Unidos de América no estimulan de manera directa el ejercicio de la piratería, tampoco tienen interés en erradicarla, pues le ayuda a controlar “indirectamente” la seguridad energética de China y su posible control  sobre los flujos que transitan por las aguas del Sudeste Asiático, evitando su consolidación como un potencial sujeto hegemónico del sistema mundo moderno capitalista (a través del espacio se domina)[23].

Piratería: Hegemonía y Espacio de Reserva

¿Cómo puede identificarse a un sistema como hegemónico? Cuando es capaz de generalizar una visión del mundo; es decir, la hegemonía no sólo se circunscribe a los poderes económico-militares, sino que también (y principalmente) se sustenta a través de la construcción de un discurso de legitimación para su particular concepción del mundo[24]. Que en el caso del sistema mundo moderno es la acumulación de capital.

El propio sistema hegemónico va produciendo sus propias modalidades de continuidad, que van sucediéndose a medida que van surgiendo otras que garantizan mejor esa capacidad de permanencia. Son los sujetos hegemónicos: un poder constituido por élites (aparatos gubernamentales, entes corporativos y fuerzas militares) que es capaz de reformular y mantener las reglas del juego en el sistema hegemónico, pero sin sustituirlo[25]; contando con el consenso y reconocimiento de los demás actores. Los Estados Unidos de América han asumido ese papel desde mediados del siglo XX, al finalizar la Segunda Guerra Mundial; comenzando así la fase neoliberal del Sistema Capitalista nacido en el siglo XVI.

Como sujeto hegemónico, ha incidido y se ha aprovechado de las consecuencias del desarrollo desigual producido en la diferenciación de los espacios por el capital, buscando obtener las mejores condiciones posibles para su propia reproducción y continuidad dentro del todo global, acompañando su concepción del mundo (discurso de verdad) con acciones políticas, económicas y militares dentro de una estrategia de dominación de espectro completo (panóptico global)[26], volviéndose también estratégico el control de los espacios comunes (alta mar, el espacio exterior, el subsuelo); asegurando fuentes de aprovisionamiento (hidrocarburos, minerales y metales) disuadiendo a sus competidores y evitando el surgimiento de cualquier forma de disidencia que pudiera amenazar su posición como sujeto hegemónico. Articulando tácticas que le permitan desarrollar su estrategia global.

Desde comienzos del siglo XXI, el gobierno estadounidense ha mostrado un renovado interés por rearticular su posicionamiento en el Sudeste Asiático; sus efectivos militares, sus capitales de inversión, alianzas diplomáticas e intervenciones en política interior locales han aumentado notoriamente desde el año 2011[27]. La cada vez mayor presencia económica, diplomática, tecnológica y militar de la República Popular China sobre uno de los espacios de mayor flujo comercial a escala global y con importantes reservas de hidrocarburos a nivel mundial, es vista como una potencial  amenaza para la estrategia de la dominación de espectro completo por parte de los Estados Unidos; en otras palabras, su propio mantenimiento como sujeto hegemónico. De esta manera, se ha servido de toda una serie de tácticas, directa e indirectamente, dentro de una estrategia regional de contención hacia China (sin enfrentamiento abierto o aniquilación del contrario); no sólo en su condición de potencia emergente, sino también como parte sustancial de una alianza, la Organización para la Cooperación de Shangai, de la cual también forma parte otro actor que es visto por el gobierno norteamericano como una amenaza en el complejo euro-asiático: Rusia.

Una de las tácticas de las cuales se han servido los Estados Unidos es la presencia de la piratería en las aguas del Sudeste Asiático. Si bien no se tienen elementos suficientes para asegurar que detrás de la piratería en esa región exista un vínculo directo con el gobierno norteamericano, sí ha sido evidente que no ha tenido un interés real en contribuir a su desaparición: al mantener inestabilidad en los mares de la región, el fenómeno de la piratería ha impedido que el gobierno chino tenga un control sobre su flujo de aprovisionamiento energético (cerca del 80% de su petróleo se transporta por el Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional); condición indispensable para la consolidación de un sujeto hegemónico.

Dándole al gobierno estadounidense la legitimación de su presencia e intervención militar en los mares del Sudeste Asiático, como parte de su discurso oficial por la defensa de la libertad de navegación frente a la “amenaza” que representan el terrorismo y la delincuencia organizada (en una redefinición del enemigo potencial)[28]; que en términos prácticos tiene otras aplicaciones: la disuasión, mantenimiento de posiciones, represión y amenaza constante. Esto le ha permitido posicionarse frente a las explícitas pretensiones del gobierno chino por asumir soberanía absoluta sobre las aguas del Mar de China Meridional, en donde se encuentra una importante reserva de petróleo y gas natural a nivel mundial. La República Popular China (junto con países colindantes como Taiwán, Filipinas, Vietnam y Malasia) ha ocupado islas e islotes sobre estas aguas (Islas Spratly y Paracelso), e incluso las ha construido de manera artificial, en una forma de extensión de soberanía. No sólo teniendo en cuenta los flujos energéticos o las reservas petroleras, sino la gran importancia que representa la red de flujos comerciales (legales e ilegales) que transitan entre el Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional: redes de prostitución, tráfico de armas y drogas, migración ilegal, explotación laboral, transporte de materias primas y minerales.

Dado que los espacios del capital se producen en torno a flujos[29], la zona comprendida entre el Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional constituye un espacio propio dentro de la totalidad espacial de la reproducción capitalista. Y un espacio de reserva en el plano hegemónico global.

Se ha vuelto un espacio de reserva tanto para el mantenimiento y continuidad de la hegemonía estadounidense en el Sudeste Asiático, y por extensión, a nivel global (dentro de su estrategia de dominación de espectro completo) dada la magnitud de sus flujos, recursos  y  la posición que le otorga para actuar contra  las disidencias y resistencias regionales; como también para la consolidación de la soberanía regional de la República Popular China, paso indispensable para su construcción como un sujeto hegemónico en un futuro próximo: en vista de que, dominando ese espacio, controlaría también los flujos que ahí se desarrollan, accedería a fuentes cercanas de aprovisionamiento de hidrocarburos en gran cantidad; teniendo un predominio sobre los mercados de la región. Ante tal situación, tanto el gobierno estadounidense como el chino han emprendido acciones como parte de esa estrategia de rearticulación y continuidad (en el caso norteamericano) como de cimentación (del caso chino) de sus propios procesos hegemónicos.

EL ESPACIO DE RESERVA DEL SUDESTE DE ASIA

FUENTE: Elaboración del autor mediante Google Earth

 

Ambos han tenido importantes desarrollos y despliegues tecnológicos[30], principalmente en el terreno militar; siendo aún superior la capacidad estadounidense, pero con importantes avances del gobierno chino. También han rearticulado sus discursos de verdad, con miras a legitimar sus posiciones en el Sudeste Asiático: los Estados Unidos con el discurso de proteger la libertad de navegación frente a la acción de grupos terroristas y del crimen organizado, que se aprovechan de la debilidad institucional de los Estados de la región (cuyo modelo estatal ha sido globalizado por el propio gobierno estadounidense y los principales organismos internacionales). La República Popular China trayendo de vuelta sus reivindicaciones sobre el Mar de China Meridional como una parte integral de sus mares soberanos, argumentando razones históricas (en ambos casos utilizando a los organismos internacionales, como la Organización Marítima Internacional de la ONU, e instancias regionales como la Organización para la Cooperación de Shangai o el ReCAAP, para presionar al contrario y promover sus posturas). Buscan entablar alianzas diplomáticas y financieras con actores estatales, corporativos, regionales y locales para crear condiciones favorables a sus pretensiones: de manera paralela a los ejercicios militares bilaterales del gobierno norteamericano con países de la región, han aumentado sus proyectos de inversión en lugares como Myanmar, Filipinas y Vietnam; mientras que países como Indonesia, Malasia y Tailandia han registrado fuertes inyecciones de capital chino.

Y se han servido también de fenómenos producidos por la propia dinámica espacial del capitalismo, como la piratería.

Breve Conclusión

La piratería, producto del desarrollo desigual en la diferenciación de los espacios por el capital, ha sido aprovechada tanto por los Estados Unidos de América como por la República Popular China en sus procesos de construcción y rearticulación hegemónicos en el Sudeste Asiático, aunque en diferente modo.

Los Estados Unidos, como una táctica indirecta en su estrategia de contención hacia China para mantener su posición como sujeto hegemónico a nivel global. China, aunque afectada económicamente por la incidencia de la piratería, también ha sacado provecho de la misma, toda vez que ha contribuido a sustentar su discurso de soberanía plena sobre las aguas del Mar de China Meridional, manteniendo presencia militar activa bajo el argumento de defender su integridad territorial y sus rutas comerciales. Buscando consolidar las bases de la construcción de su condición como sujeto hegemónico a futuro. En esta dinámica, los flujos, recursos y resistencias que actúan en este punto, lo convierten en un espacio de reserva para el afianzamiento del actual sujeto hegemónico del sistema capitalista, o para el surgimiento de un competidor serio que pueda disputar esa posición en un futuro. Sin embargo, independientemente del resultado, el capitalismo permanecerá inmutable como sistema hegemónico mundial, continuando con su proceso de acumulación y despojo.

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  • SANSÓ Rubert, Daniel. Criminalidad Organizada Transnacional en Asia-Pacífico: Repercusiones para la Seguridad Regional e Internacional. Universidad de Santiago de Compostela. España. 2011.
  • SMITH, Neil. Gentrificación urbana y desarrollo desigual, Icaria Editorial. España. 2015. 375 pp.
  • WALLERSTEIN, Immanuel. Análisis de Sistemas-Mundo. Una Introducción, Siglo XXI Editores. México. 75 pp.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] “…al no considerar más que al Estado, como es el caso de la geografía política general, no se dispone más que de un nivel analítico espacial, limitado por las fronteras. Ciertamente, existe también una jerarquía de niveles creados por el Estado para organizar, controlar y gestionar su territorio y la población, pero con el carácter cada vez más integrador y circundante del Estado dichos niveles aparecen más como relevos espaciales para difundir el poder estatal que como niveles articuladores del ejercicio de poderes inferiores. Dicho de otra manera, la escala es establecida por el Estado. Se trata de una geografía unidimensional que no es aceptable en la medida en que existen poderes múltiples que se manifiestan en las estrategias regionales o locales.”  RAFFESTIN, Claude. Por una Geografía del Poder, p. 16

[2] Artículo 101 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho de los Mares (1982). Disponible en: http://www.un.org/depts/los/convention_agreements/texts/unclos/convemar_es.pdf

[3] “La piratería se traslada a las aguas del sudeste asiático”, en El tiempo de hoy, 27 de Julio de 2016. Disponible en: http://www.tiempodehoy.com/ultimas noticias/la-pirateria-se-traslada-a-las-aguas-del-sudeste asiatico

[4] “Ni petróleo ni gas”: la razón de la disputa en el mar de la China Meridional es otra, en RT en Español, 26 de abril de 2016.  Disponible en: https://actualidad.rt.com/actualidad/205820-verdadero-motivo-disputa-mar-china-meridional

[5] SANSÓ Rubert, Daniel. Criminalidad Organizada Transnacional en Asia-Pacífico…, p. 170-174.

[6] ENGDAHL, F. William. “China, en la mira del Pentágono”, en Red Voltaire, 06 de septiembre de 2012. Disponible en: http://www.voltairenet.org/article175708.html

[7] PÉREZ Ventura, Juan. La importancia de Asía en el comercio marítimo mundial, 2012. Disponible en: http://elordenmundial.wordpress.com

[8] MORAL Martín, Pablo. La Piratería Marítima, un fenómeno de índole…., p. 7.

[9]    SANSÓ Rubert, Daniel. Op. Cit., p. 175.

[10] “El petróleo se ha convertido en una mercancía muy preciada, por lo que los petroleros y buques cisterna son navíos especialmente afectados”. IBARGOYEN Méndez, Julia. Piratas de los Mares del Sur…., p. 13.

[11] Ibíd., p. 18.

[12] “El mundo en el que vivimos, el sistema-mundo moderno, tuvo sus orígenes en el siglo xvi. Este sistema-mundo estaba entonces localizado en sólo una parte del globo, principalmente en partes de Europa y de América. Con el tiempo, se expandió hasta abarcar todo el mundo. Es y ha sido siempre una economía-mundo. Es y ha sido siempre una economía-mundo capitalista. (…) Nos encontramos en un sistema capitalista sólo cuando el sistema da prioridad a la incesante acumulación de capital. Frente al uso de la definición, sólo el sistema-mundo moderno ha sido un sistema capitalista. La acumulación incesante es un concepto relativamente simple: significa que las personas y las compañías acumulan capital a fin de acumular más capital, un proceso continuo e incesante.” WALLERSTEIN, Immanuel. Análisis de Sistemas Mundo, p. 19.

[13] “El capital produce escalas espaciales diferenciadas –espacios absolutos- dentro de los cuales se concentra la tendencia a la igualación. Pero sólo puede hacerlo mediante una acusada diferenciación y continua rediferenciación del espacio relativo, tanto entre como dentro de las escalas. Las escalas por sí mismas nos son fijas sino que se desarrollan (con males del crecimiento incluidos) con el desarrollo del mismo capitalismo. Y no son impermeables; las escalas urbana y nacional son productos del capital mundial y son modeladas por él. Pero la necesidad de escalas separadas y de su diferenciación interna está fijada.” SMITH, Neil. Gentrificación urbana y desarrollo desigual, p. 175-176.

[14] “Podemos afirmar que el espacio es una relación social, pero inherente a las relaciones de propiedad (la propiedad del suelo, de la tierra en particular), y que por otro lado está ligado a las fuerzas productivas (que conforman esa tierra, ese suelo); vemos pues, que el espacio social manifiesta su polivalencia, su realidad a la vez formal y material. Producto que se utiliza, que se consume, es  también medio de producción: redes de cambio, flujos de materias primas y de energías que configuran el espacio y son determinadas por él. En consecuencia, ese medio de producción, producido como tal, no puede ser separado de las fuerzas productivas, incluyendo la técnica y el conocimiento, ni separado de la división social del trabajo, que lo modela, ni de la naturaleza, ni del Estado y las superestructuras de la sociedad.” LEFEBVRE, Henri. La producción del espacio, p. 141.

[15] “El universalismo es un tema prominentemente asociado con el sistema-mundo moderno. Es, en muchos sentidos, uno de sus logros. El universalismo significa, en términos generales, la prioridad de reglas generales aplicadas en forma igual a todas las personas, y por lo tanto, el rechazo a las preferencias particulares en la mayoría de las esferas. Las únicas reglas consideradas permisibles dentro del marco del universalismo son las que pueden demostrar su aplicación directa al funcionamiento adecuado del sistema-mundo definido en forma restringida”. WALLERSTEIN, Immanuel. Óp. Cit., p. 29.

[16] Almanaque Mundial 2015, p. 309, 354, 417 y 600.

[17] Ibíd.

[18] “Estos incluyen la mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión forzosa de las poblaciones campesinas; la conversión de diversas formas de derechos de propiedad – c o m ú n , c o l e c t i v a , e s t a t a l ,e t c.–  en derechos de propiedad exclusivos; la supresión del derecho a los bienes comunes; la transformación de la fuerza de trabajo en mercancía y la supresión de formas de producción y consumo alternativas; los procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de activos, incluyendo los recursos naturales; la monetización de los intercambios y la recaudación de impuestos, particularmente de la tierra; el tráfico de esclavos ; y la usura, la deuda pública y, f i n a l m e n t e, el sistema de crédito. El estado, con su monopolio de la violencia y sus definiciones de legalidad, juega un rol crucial al respaldar y promover estos procesos”. HARVEY, David. El Nuevo Imperialismo: Acumulación por desposesión, p. 113.

[19] “La violencia fundamental en la época de la modernidad capitalista –aquella en la que se apoyan todas las otras, heredadas, reactivadas o inventadas- es la que resuelve día a día la contradicción que hay entre la coherencia “natural” del mundo de la vida: la lógica del valor de uso, y la coherencia capitalista del mismo: la lógica de la “valorización del valor”. La violencia somete o subordina sistemáticamente la primera de estas dos coherencias o “lógicas” a la segunda. Es la violencia represiva elemental que no permite que lo que en los objetos hay de creación, por un lado, y de promesa de disfrute por el otro,  se realice efectivamente, sino es como soporte o pretexto de la valorización del valor. Es la violencia que encuentra al comportamiento humano escindido, desdoblado en dos actitudes divergentes, contradictorias entre sí: la una atraída por la “forma natural” del mundo y la otra subyugada por su forma mercantil-capitalista.” ECHEVERRÍA, Bolívar. Violencia y Modernidad, p. 17.

[20] “A los diferentes gobiernos parece que, en realidad, esta circunstancia tampoco les desagrada; en tanto supone un alivio al reducir las tasas provinciales de desempleo y una poderosa fuente de ingresos en divisas. Por ello, no es descabellado plantearse que este tipo de actividades goce del respaldo tácito de las autoridades”. SANSÓ Rubert, Daniel. Óp. Cit., p. 174.

[21] “Del mismo modo que Malasia, Indonesia muestra gran interés en acabar con la piratería, pero lo considera como un problema doméstico que se puede resolver reforzando las organizaciones encargadas de aplicar la ley y la marina. Además espera que las compañías comerciales compartan la carga de prevención de la piratería. El gobierno es reacio a cooperar a una mayor escala internacional, por lo que tampoco participa en la ReCAAP; estima que entrar a formar parte de dicho acuerdo supondría una pérdida de soberanía en el control de sus aguas territoriales”. IBARGOYEN Méndez, Julia. Óp. Cit., p. 21.

[22] “Después de casi dos décadas de descuidar sus intereses en Asia Oriental, en 2011, la administración Obama anunció que Estados Unidos realizaría “un giro estratégico” en su política exterior a fin de enfocar su atención política y militar a la región Asia-Pacífico, particularmente al sureste asiático, es decir, a China. El término “giro estratégico” es una página del libro de texto clásico del padre de la geopolítica británica, Sir Halford Mackinder, que habló varias veces de Rusia y posteriormente de China como “potencias pivote” cuya posición geográfica y geopolítica implicaba retos extraordinarios para los anglosajones, y después de 1945, para la hegemonía estadounidense. Durante los meses finales de 2011, la administración Obama definió claramente una nueva doctrina pública de amenaza militar para los Estados Unidos tras sus fracasos militares en Iraq y Afganistán. Durante un viaje presidencial a Lejano Oriente, mientras se encontraba en Australia, el presidente de Estados Unidos reveló lo que se define como la Doctrina Obama.” ENGDAHL, F. William. “China, en la mira del Pentágono”, en Red Voltaire, 06 de septiembre de 2012. (http://www.voltairenet.org/article175708.html).

[23] “Un espacio determinado –y de ahí compartimentado- necesariamente acepta algunas cosas y rechaza otras (relegándolas a la nostalgia o sencillamente prohibiéndolas). Tal espacio afirma, niega y deniega.” LEFEBVRE, Henri. Óp. Cit., p. 154.

[24] “La hegemonía, en estos términos, no puede ser circunscrita al poder económico o militar, aunque éstos formen parte de los argumentos de construcción de los discursos de verdad. El poderío militar y la organización económica, para ser eficaces, deben convencer de su infalibilidad y de su inmanencia, pero deben estar también integrados a una visión de mundo capaz de brindar una explicación coherente en todos los campos, incluso en el de la vida cotidiana. En la capacidad para universalizar la propia concepción del mundo, que obnubile la perspectiva de un mundo pensado sobre otras bases (haciéndolo aparecer en el mejor de los casos como deseable, pero imposible), está el soporte de la dominación. La dominación no sólo se impone a través de los sistemas productivos, de los movimientos de la moneda o de las invasiones militares. La dominación se reproduce en lo cotidiano y en la creación de sentidos comunes que perciben y reproducen las relaciones sociales como relaciones de poder.”. CECEÑA, Ana Esther. Estrategias de construcción de una hegemonía sin límites, p. 2.

[25] “Lo que nos permite denominarlos hegemónicos es que por un periodo determinado fueron capaces de establecer las reglas del juego en el sistema interestatal, en dominar la economía-mundo (en producción, comercio y finanzas), en obtener sus objetivos políticos con un uso mínimo de la fuerza militar (de la cual contaban en abundancia), y en formular el lenguaje cultural mediante el cual se discutía el mundo.” WALLERSTEIN, Immanuel. Óp. Cit., p. 42.

[26] “En el caso del Departamento de Defensa de Estados Unidos (DoD), el énfasis está puesto en el trazado de una estrategia general de desarticulación, no sólo de los enemigos reales sino de los potenciales, englobada en la concepción preventiva que supone que la más mínima disidencia es signo de peligro y guerra futura. Lo mismo se debe tener capacidad de responder a una guerra convencional que enfrentar a un enemigo difuso (Cohen, 1998), atendiendo simultáneamente todas las áreas geográficas del planeta. Se trata sin duda de la estrategia con pretensiones más abarcantes que se haya desarrollado hasta ahora. Físicamente abarca tres dimensiones: la subterránea, donde se buscarán recursos y madrigueras del enemigo para que no sean posibles ni túneles subterráneos como en Afganistán, ni supuestos bunkers como en Irak; la superficial (subdividida en terrestre y marina), capaz de conocer, controlar, prever o evitar cualquier tipo de movimiento, agrupamiento o relacionamiento autónomo de los entes sociales; y la espacial que, en el caso del DoD se preocupa por la agilidad de las comunicaciones y el uso de la atmósfera, como lugar de colocación de satélites y medio de circulación de aviones y misiles, pero también de informaciones. La pretensión es encontrar el modo de que el enemigo no tenga ningún resquicio.” CECEÑA, Ana Esther. Óp. Cit., p. 8.

[27] “In the next 10 years, we need to be smart and systematic about where we invest time and energy, so that we put ourselves in the best position to sustain our leadership, secure our interests, and advance our values. One of the most important tasks of American statecraft over the next decade will therefore be to lock in a substantially increased investment — diplomatic, economic, strategic, and otherwise — in the Asia-Pacific region”. CLINTON, Hillary. America´s Pacific Century, p. 1.

[28] “El propósito declarado bajo el esquema de guerra preventiva consiste en vencer a los enemigos actuales al tiempo que se evita (se disuade) la formación de nuevos.” CECEÑA, Ana Esther. Óp. Cit., p. 13.

[29] “El espacio se produce y reproduce en contacto con las fuerzas productivas (y las relaciones de producción)”. LEFEBVRE, Henri. Óp. Cit., p. 133.

[30] “La tecnología, a la usanza capitalista, es sin duda la manera privilegiada (aunque evidentemente no la única) de establecer espacios privados de control y ventajas que generen condiciones para la construcción y el ejercicio del poder”. CECEÑA, Ana Esther. Óp. Cit., p. 11.