Abdiel Hernández Mendoza

1945 inaugura una era de dominación encubierta por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Atrás quedó la disputa entre Alemania y Estados Unidos por heredar el vacío de poder de Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte como gran imperio del siglo XIX. Tras la Conferencia de San Francisco se vislumbró el resultado de aquello que se negoció en su momento entre Winston Churchill, Woodrow Wilson y Joseph Stalin en las Conferencias de Yalta (febrero de 1945) y de Postdam (julio y agosto de 1945), como primeros acercamientos para dividir el mundo en dos esferas de dominación: la estadounidense y la soviética (Gimbel, 1975: 276).

 

Para imponer lo que a la postre en Relaciones Internacionales se denominó como el nuevo orden mundial, fue necesario que los ganadores de la Segunda Guerra mundial (o gran guerra europea, guerra patria…) instrumentaran en el seno de la ONU el Consejo de Seguridad con el máxime llamado Derecho de veto, que les garantizó desde el principio desechar cualquier resolución que fuese en contra de sus intereses (Valdés y Cascante, 2007 :44).

Ante el desarrollo de ello, la ONU encubrió el desarrollo de un Complejo, impulsado desde entonces por Estados Unidos, con el objetivo inminente de ganar la guerra o de idear un mundo en permanente guerra pero bajo otra escala. Es paradójico porque el objetivo de la Organización gira en torno al mantenimiento de la paz bajo sus suborganismos encargados de temas laborales, de la infancia, alimentación, desarrollo, etcétera. Todo ellos encargados de garantizar las condiciones necesarias para que un país pobre dejara de serlo, hecho que no sucedió.

El mundo después de 1945 experimentó un estado de perenne guerra, pero el alcance ya no fue en términos hemisféricos, la Guerra Fría dividió al mundo en dos, mientras el renacimiento de China se materializó con la Revolución Cultural encabezada por Mao Ze Dong. El movimiento de los países no alineados resultó benéfico para el momento debido a que de manera oculta se guiaba en el horizonte del desarrollo económico (Wallerstein, 1991: 88).

Los fracasos de la ONU se palparon uno a uno, desde la Guerra en Vietnam, la fragmentación de las Coreas, hasta las invasiones unilaterales en Oriente Próximo por parte de Estados Unidos, con intermedios de guerra en América Latina (Vgr. Argentina-Reino Unido), Checoslovaquia y Afganistán, solo por mencionar algunas.

Es el siglo XXI y en plena efervescencia mundial el contexto señala una tendencia de guerra permanente. La máxima de Karl Von Clausewitz (2016 :374)  « La guerra no es más que la continuación del intercambio político con una combinación de otros medios», tiene vigencia en el sentido inverso, tal como Michel Foucault (2001: 29) lo advirtió «La política es la continuidad de la guerra por otros medios», sólo que esta no tiene el alcance mundial. La repartición del mundo ahora se hace en términos de escala. Los posicionamientos son estratégicos sobre el espacio que se tiene que dominar y 74 años después la ONU responde con el refuerzo de lo que en el año 2000 se presentó como los Objetivos del Milenio, para que en 2015 se transformaran en Objetivos del Desarrollo Sostenible (ONU, 2019).

17 puntos que desde entonces se plantean como la herramienta que permitirá entre otras cosas erradicar la pobreza, salvaguardar al Planeta, garantizar la paz y prosperidad. Si bien estos objetivos también conocidos como Mundiales tienen intenciones éticas, mantienen el encubrimiento del mito desarrollista que da vida al sistema capitalista. El respeto a las diferencias y la erradicación de las condiciones de explotación están fuera de la agenda.

74 años después la ONU observa su fracaso social pero se regocija con la gloria de sus patrocinadores. Observa cómo los estudiantes chilenos toman el cielo por asalto, en Ecuador los indígenas reivindican su pasado milenario de garantía de las condiciones de reproducción de la vida en la Amazonía, los bolivianos enfrentan el neocolonialismo eclesiástico, los catalanes se mantienen con la fuerza suficiente para gritar su derecho a la autodeterminación, mientras África y Haití siguen en el pleno olvido de los reflectores más no de las misiones de paz, encabezadas por la ONU, que mantienen la pobreza.

 

REFERENCIAS:

Foucault, M. (2001), Defender la sociedad, México, Fondo de Cultura Económica.

Gimbel, J. (1975) The American Reparations Stop in Germany: An Essay On the Political Uses of History, Estados Unidos, Wiley.

ONU, (2015) Recuperado desde: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/

Valdés-Ugalde,  J.L., Cascante, J. (2007) El multilateralismo, la reforma de la ONU y los desafíos del siglo XXI, México, CISAN, UNAM.

Von Clausewitz, K. (2016), De la guerra, México, Greenbooks editores.

Wallerstein, I. Compensar las ciencias sociales: límites de los paradigmas decimonónicos, México, Siglo XXI editores.

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