Octavio Mandujano

 

A partir de la llegada del neoliberalismo como un sistema imperante en los Estados-nación se ha vivido un proceso desregulatorio en donde se ha velado por un interés privado, beneficiando a los mercados internacionales. Este proceso se ha reflejado también a escala local siendo perceptible igualmente en las ciudades, cuya función ha sido la atracción del capital privado internacional en donde igualmente se busca formalizar acuerdos entre urbes a lo largo y ancho del planeta. En esta coyuntura es que se han conformado las ciudades globales, sin embargo, no es una situación nueva para las relaciones entre las ciudades.

Bastaría con recordar que los primeros “Estados fueron Estados-ciudad, el comercio internacional nació entre ciudades y los hermanamientos entre municipios de distintos países datan de hace más de un siglo” (Zapata y Ziccardi, 2011: 21). Sin embargo, el contexto internacional actual bajo el modelo de ciudad neoliberal dista mucho de ser una forma de cooperación internacional entre ciudades a la usanza antigua. Por el contrario, la urbanización neoliberal se inserta en bajo un contexto geoeconómico sumamente incierto caracterizado por la especulación del capital inmobiliario y financiero y con estrategias globales tendientes a localizar clusters urbanos para generar competitividad entre las diversas localidades y ciudades emergentes (Theodore, Peck y Brenner, 2009) bajo la premisa de atraer inversiones y empleos.

Dicha situación ha influido en las políticas urbanas y en las relaciones internacionales de las ciudades en donde se van generando alianzas territoriales con el fin de fortalecer las economías locales, pero bajo un modelo experimental de privatización y austeridad fiscal, todo ello bajo la ayuda del marketing territorial y de incentivos fiscales que aprovechan tanto los gobiernos locales (como medio de atracción de capitales), como las empresas privadas (para seguir acumulando capital). Las ciudades entonces se van orientando al mercado y al consumo de las élites, generando el control de las poblaciones excluidas y profundizando la desigualdad social entre éstas.

Por su parte, los gobiernos en su afán de acelerar y acrecentar la inversión de capitales privados introducen medidas extremas como incentivos fiscales, exclusión social (provocada por la gentrificación) al permitir la modificación del uso de suelo, privatización de servicios públicos e infraestructura urbana, reducción de ayudas sociales, entre otras. Así, las ciudades se han convertido en terrenos de prueba del neoliberalismo para después reproducir dichas prácticas a nivel nacional, infiltrándose en las instituciones y promoviendo prácticas beneficiosas para los capitales privados tanto nacionales como internacionales.

La internacionalización de las ciudades también se ha fortalecido en el último decenio producto del auge del internet y principalmente de las redes sociales (Facebook y Twitter especialmente) generando una ciudadanía internacionalizada que va construyendo respuestas colectivas a acontecimientos internacionales, de tal forma que hemos visto grandes concentraciones y protestas populares en distintas ciudades del mundo producto de convocatorias en estas plataformas que van desde la primavera árabe en ciudades como El Cairo y Trípoli hasta los gilets jaunes (chalecos amarillos) en París, todos tendientes a generar cambios que trascienden lo local y que van encaminados hacia lo nacional.

Del mismo modo, la cooperación internacional entre los Estados se ha reflejado en las ciudades, produciendo desde hermanamientos hasta bloques de cooperación como es el caso de Mercociudades (Mercosur) y el Consejo Europeo de Municipalidades y Regiones -CEMR- (Unión Europea) por poner algunos ejemplos. Sin embargo, no ha sido todo en esta red de ciudades globales que por supuesto sigue enmarcada bajo el modelo de ciudad neoliberal.

Cada día es más frecuente observar que las grandes ciudades no sólo son un polo de atracción de capitales foráneos, sino también de migrantes (tanto nacionales como extranjeros), enriqueciendo con ello la cultura y modificando el espacio urbano y la convivencia entre los habitantes locales.

Del mismo modo, el turismo internacional ha crecido considerablemente, ya que según la Organización Mundial del Turismo (OMT) en 1950 el número de viajeros internacionales se calculaba en 25 millones y se espera que para el próximo año supere los 600 millones (Zapata y Ziccardi, 2011), impactando directamente en las economías locales, por tal razón los gobiernos locales invierten cada vez más dinero en el marketing territorial para hacer de las ciudades rentables al turismo internacional. Sin embargo, hay que destacar que ello ha resultado perjudicial en algunas ciudades como Barcelona o Venecia mismas que han tenido un turismo masivo generando diversos problemas para los habitantes de dichas ciudades, tales como la contaminación y el daño al patrimonio urbano.

El caso de Barcelona es paradigmático ya que, de ser una ciudad con 1,6 millones de habitantes, recibe anualmente cerca de 8 millones de visitantes obligando al gobierno priorizar al turismo antes que, a los problemas locales, pero nada comparado con la ciudad china de Hong Kong que es la urbe con mayor turismo del mundo recibiendo anualmente 26 millones de personas y estimando que para el 2025 la cifra supere los 44 millones de visitantes anuales. En el caso de América Latina son Cancún, Ciudad de México y Punta Cana (en México y República Dominicana respectivamente) las ciudades más visitadas de la región, todo ello ha beneficiado al capital inmobiliario haciendo inhabitable a la ciudad por sus altos costos de alquiler dirigidos al turismo internacional que se beneficia de este fenómeno turístico, a través de aplicaciones como Airbnb que se estima reciba 500 millones de reservas para el año 2020 (RT, 2018).

Ante este panorama los gobiernos locales deben generar un control a los intereses privados que con el modelo de generar ciudades globales están afectando la vida cotidiana de los habitantes de las ciudades, trayendo consigo consecuencias negativas como la segregación socioespacial al aumentar el costo de vida. Si bien el impacto económico pareciera traer mayores beneficios para la población, esta derrama económica no está siendo aprovechada por todos los habitantes y al final sigue siendo un síntoma de lo perjudicial que es reproducir el modelo de ciudad neoliberal. Las políticas urbanas deben enfocarse entonces a mejorar la vida de todos quienes habitan las urbes y no sólo invertir para atraer capitales foráneos.

 

Fuentes consultadas:

 

  • Zapata y Ziccardi (2011) “La Ciudad: actor protagónico en un mundo global” en Sin Autor, Ciudad de México Ciudad Global Acciones locales, compromiso internacional, GDF, México, Pp. 269.
  • RT (2018). “El turismo masivo arrebata la identidad a famosas ciudades” [Russia Today], 3 de septiembre de 2018. Consultado: 25 de febrero de 2019. Disponible en: https://actualidad.rt.com/rtplay/287406-turismo-masivo-famosas-famosas
  • Theodore, Nik & Peck, Jamie & Brenner, Neil. (2009). Urbanismo neoliberal: la ciudad y el imperio de los mercados. Temas Sociales: Ediciones SUR. Vol. 66.
Facebook
Twitter
YouTube
Instagram