A Benito Juárez se le ha denunciado en múltiples ocasiones como traidor a la patria por la elaboración del polémico Tratado McLane-Ocampo (1859) que habría posibilitado el paso a perpetuidad de la nación estadounidense por el Istmo de Tehuantepec. Esta denuncia, no obstante, es una acusación descontextualizada, tendenciosa por parte del grupo ideológico conservador y sobre todo infundada (el Tratado McLane Ocampo nunca se ratificó). Entremos en detalles.

La guerra de tres años

La convulsión social que vivía México en la segunda mitad del siglo XIX tras la intervención estadounidense (1846), dejó clara la falta de cohesión política entre los grupos dominantes en el país: liberales y conservadores.

Luego del desconocimiento de la Constitución de 1857 por Ignacio Comonfort, que llevara por vez primera a la presidencia de la República a Benito Juárez en 1858, el país comenzó una guerra interna, una división infranqueable que las potencias hegemónicas internacionales (Estados Unidos, Francia, Inglaterra y España) vieron con insaciable conveniencia.

El tratado McLane-Ocampo

Juárez inmerso en una persecución por parte de los conservadores y teniendo que sumar alianzas y recursos económicos en un gobierno itinerante, vio en la relación con Estados Unidos la posibilidad de contener la oleada bélica conservadora que tenía a su favor al imperio francés. Tras una búsqueda del reconocimiento y aprobación del gobierno Juarista, los liberales lograron llegar a un acuerdo con el gobierno estadounidense que se traduciría inmediatamente en el polémico Tratado McLane-Ocampo (nombrado así por el enviado especial estadounidense Robert Mc Lane y el Secretario de Relaciones Exteriores de México Melchor Ocampo).

Dicho Tratado tenía como componente esencial el derecho de tránsito a perpetuidad de Estados Unidos a través del Istmo de Tehuantepec. Es necesario, para entender la zozobra que generaba este documento, dar vuelta de página y entender que la nación se encontraba vulnerable y resentida  luego de dos Tratados  lesivos para el territorio mexicano como lo fueron el Tratado de Guadalupe (1848) y el Tratado de la Mesilla o “Gadsen purchase” (1853), por ello, pensar en la idea de una nueva negociación con la nación estadounidense después de la desigualdad de poderes traducida en la pérdida de nuestro territorio aceleró el pulso de la sospecha y la incertidumbre.

El Tratado es polémico hasta hoy en día por la supuesta disponibilidad de la entrega de la soberanía mexicana a la nación estadounidense: argumento erróneo y tendencioso. Como bien ha apuntado el historiador Pedro Salmerón, el Tratado Mc Lane Ocampo cedía el libre tránsito a Estados Unidos sin ningún “palmo de territorio a otra soberanía”. El célebre tratado que nunca tuvo vigencia por la nula ratificación del senado estadounidense, decía en su artículo 1ro:

“Como amplificación del artículo 8 del tratado de 30 de diciembre de 1853, la República Mexicana cede a los Estados Unidos en perpetuidad, y a sus ciudadanos y propiedades, el derecho de vía por el Istmo de Tehuantepec, desde un océano hasta otro por cualquiera clase de camino que exista hoy o existirá en lo adelante, gozando de ello ambas Repúblicas y sus ciudadanos”[1]

El derecho de vía por el Istmo de Tehuantepec es preciso recordar, había sido desde el siglo XVI, un paso anhelado por la Corona española y de ahí en consiguiente por más potencias hegemónicas como vía estratégica para el comercio con Asia. No sería la primera vez que una nación posara sus ambiciones sobre la “región dorada de México”.

Una jugada política bien calculada

La circunstancia particular de Juárez y su gobierno liberal respecto a la firma del Tratado Mc Lane Ocampo debiera mirarse, como varios historiadoras e historiadores han observado: más como un acto de habilidad diplomática a cargo del canciller Melchor Ocampo y sobre todo de astucia por parte de Juárez, en el sentido de la estrategia necesaria para librar el expansionismo colonialista tripartito promovido por España, Francia e Inglaterra y encauzado por la clase conservadora mexicana.

Además de un cálculo de ajedrez político como pocos gobernantes, pues Juárez sabía que la Guerra de Secesión en EU era inminente, que el Senado estadounidense estaba dividido y no aprobaría jamás dicho tratado internacional, y en cambio, le sirvió para obligar al gobierno norteamericano a hacer valer una de sus cláusulas, para hundir los barcos de Miramón intentando tomar San Juan de Ulúa, donde se encontraba atrincherado, resistiendo contra los conservadores.

Siguiendo a Pedro Salmerón, este Tratado sobre el Istmo de Tehuantepec conformado por once artículos más dos convencionales, podría haber sido en su momento al igual que todos los tratados internacionales, denunciado por cualesquiera de las partes firmantes. Por otro lado, ni las leyes nacionales, ni el derecho internacional lo contempla como “traición a la patria”. Por tanto, con el Tratado Mc Lane Ocampo, al decir del historiador mexicano, marca el fin de la astucia política liberal y comienza el tiempo de la soberanía nacional. [2]

La visión compartida con Marx

Tres años después de la firma de este polémico documento, un joven filósofo, Karl Marx, se pronunciaba, en su etapa de periodista y corresponsal del New York Tribune, contra las intenciones invasoras de Inglaterra, España y Francia hacia México:

“La intervención contemplada en México por Inglaterra, Francia y España es, en mi opinión, una de las empresas más monstruosas que se haya registrado en los anales de la historia internacional. […] Pero, a pesar de todo, es cierto que el plan francés estaba lejos de madurar, y que tanto Francia como España se esforzaron mucho en contra de una expedición conjunta a México bajo el liderazgo inglés”[3]

Benito Juárez y Carlos Marx tuvieron visiones compartidas, ninguno aprobó la idea de que tres hegemonías invadieran a nuestra convulsionada nación. El Tratado Mc Lane Ocampo entre el gobierno de Juárez y James Buchanan, es cierto, puede verse como un momento de encrucijada en la historia de México. La encrucijada había llegado para el estadista oaxaqueño y su pléyade de liberales: un camino nos llevaba como país a la desesperación absoluta, el otro, sin duda, hacia la extinción. Uno de los más grandes filósofos que ha tenido nuestro tiempo coincidía con la decisión liberal de la época: Marx al igual que Juárez, había llevado al país, quizás, hacia la desesperación, pero nunca al camino de los conservadores de la época, el de la extinción.

[1] http://www.lamiradacompartida.es/img/claves-historicas/mexico-y-espana/textos/TPO/textos/1859_tratado_maclane.pdf

[2] https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/que-cedia-el-tratado-mclane-ocampo-firmado-con-estados-unidos

[3] http://www.laizquierdadiario.com/Marx-y-la-intervencion-francesa-en-Mexico

Publicado en la Revista Consideraciones con autorización del autor